Extrañísima e inquietante colección de relatos gráficos que, en principio, no se encuentran relacionados entre sí, pero que comparten temas y obsesiones, logrando que el lector perciba una curiosa sensación de que se referencian los unos a los otros de formas sutiles, como si todas transcurrieran en un mismo universo donde budismo, sintoísmo y diversas sectas apocalípticas conviven y se entrelazan para conformar una espiritualidad malsana que ejerce un poder sobre los seres vivos impalpable, pero omnipresente. Insectos, parásitos, gusanos y todo tipo de plagas se arrastran y serpentean por entre las páginas del volumen, como mensajeros de desgracias, reencarnaciones de personas que pueden o no merecer tan terrible destino, o alimento de las almas condenadas al infierno. Los gatos, presencias ambiguas que acompañan al ser humano en su búsqueda de lo trascendente, son otras de las criaturas bien representadas en el tomo.
Al fin y a la postre, Hanawa me parece un mangaka a la altura de Junji Ito en la creación de atmósferas malsanas y personajes con motivaciones misteriosas o incomprensibles, pero inferior a este en el desarrollo de unas y otros. Su dibujo, detallado y escabroso, es sin duda su mayor atractivo, pero, una vez más, y siempre desde mi punto de vista, Ito sale favorecido en cualquier comparación entre los dos. Esto no quiere decir para nada que estas Maldiciones imborrables sean una obra menor: al contrario, si comparo a Hanawa con Ito es porque, en general, me ha impresionado, y me parece elogioso colocarlo en la misma liga de este gran maestro del terror nipón, aunque en un peldaño ligeramente inferior. Yo lo he disfrutado bastante, y estoy seguro de que cualquier aficionado a los manga de temática terrorífica lo hará también.