“Ella no “tocaba” Bach: hacía que saliera el sol sobre el mundo”~ Martha Argerich, una biografía de Olivier Bellamy.
Traducción: Silvia Kot.
Martha Argerich es una de las pianistas más reconocidas internacionalmente. Nacida en Buenos Aires, desde muy chiquita mostró grandes dotes para el piano, instrumento con el que ha mantenido una relación digamos "tensa, y en esta obra de Olivier Bellamy conocemos su trayectoria profesional y personal.
Precisamente ha sido este segundo aspecto el que más me ha sorprendido ya que me ha llamado la atención el caos de su vida personal. Quizá porque mi mente une el hecho de ser una pianista de renombre con disciplina, carácter metódico y ordenado, y me he encontrado con todo lo contrario. ¡Sorprendente!
Pero tampoco penséis que el libro os va a contar todo. El propio autor reconoce que desentrañar el carácter completo de Martha Argerich es imposible dado el gran número de secretos que ella misma guarda. Lo que sí está claro es que no ha dejado indiferente a nadie que la haya conocido, siempre ha dejado huella.
“Los críticos estaban preparados para el temperamento y vitalidad de esta bomba argentina, pero no esperaban descubrir tal perfección estilística, impensable en una artista tan joven y en cualquier clase de repertorio”, señala el autor. Y más adelante añade: “Ella no “tocaba” Bach: hacía que saliera el sol sobre el mundo. Pero a ella misma ese sol que lo iluminaba todo la enceguecía y le quemaba los dedos”.
El libro es, además del descubrimiento de Martha Argerich, un viaje por la música. No estaría de más que la editorial incluyese en futuras ediciones un código QR con la lista de reproducción de todas las obras mencionadas porque leerlo y escuchar las piezas tocadas por la propia Argerich mejora la experiencia lectora. Comprendo que si eres músico profesional las conoces todas pero creo que es un libro que despierta la curiosidad de más público, dado el gran número de fans que Martha Argerich tiene en todo el mundo.
Leído gracias a la iniciativa #masacrítica de Babelio y a la editorial Blatt & Ríos.
Descubrí a Martha Argerich a la vez que a los “Preludios” de Chopin. En aquel entonces, en mis lejana adolescencia estaba estudiando el bellísimo preludio nº 4 en mi menor. Esta breve obrita, aunque muy expresiva, es relativamente fácil para un estudiante. Tras estudiarlo, conseguí el disco de la versión de Argerich y me deslumbró. Por desgracia, me vi incapaz de tocar los más vertiginosos y difíciles, tras escuchar la deslumbrante versión de la pianista argentina. He sentido gran atracción por el arte de esta pianista judío-argentina. Me resultaban muy atractivas las portadas de sus discos con su inconfundible melena oscura que ha ido clareando con los años. Tenían algo mágico, era como la interpretación de una bruja del teclado (bruja buena y bella). Cuando vi esta biografía, me llamó la atención y me propuse leerla. No me ha decepcionado. Cuenta de modo convencionalmente cronológico su peripecia vital y artística, pero la narración es atractiva, salpimentada de anécdotas sabrosas. Destaco alguna: me ha resultado muy curioso conocer que nuestra pianista le debe al general Perón sus estudios en Viena con Friedrich Gulda. La narración del encuentro con el controvertido mandatario no tiene desperdicio. Mi aprecio por esta pianista excepcional no debería verse afectado por alguno de los capítulos de este libro, especialmente el número 10 titulado “Madre”, no sé si irónicamente. Parece que nuestra pianista solo ejerció como madre en el sentido biológico, desentendiéndose totalmente de su hija desde el principio, dejándola en las manos de su madre (abuela de la niña), luego del padre y finalmente del Estado. Es sorprendente cómo nos cuenta la frivolidad con que vive su vida personal. Transcribo el relato de su frustrado matrimonio: "El día anterior a su separación, ganados por la emoción, hicieron el amor por primera vez. Como amigos. Algunas semanas más tarde, Martha se enteró de que estaba embarazada. Juanita, que esperaba que su regreso se tradujera en una reanudación de su carrera, estaba anonadada. Después de tres años de inactividad, su hija se enfrentaría a problemas de pañales y biberones. ¿Y quién era el padre? ¡Un chino de los Estados Unidos, un refugiado político, pobre y desconocido! Cansada de los reproches de su madre y formalmente contraria a la idea de abortar, Martha voló a California, y los dos amigos se casaron el 7 de septiembre de 1963 en San Francisco. Los padres de Chen habían preparado una ceremonia celebrada por un monje budista. Seguramente, el exotismo del ritual le hizo olvidar a Martha su feroz oposición a toda idea de pareja. Además, el respeto a la vida bien valía una misa... Los recién casados se instalaron en Nueva York, pero su unión no resistió más de tres semanas de convivencia. La ruptura fue producto de una tontería. Al irse a acostar, Martha, que tenía la costumbre de caminar descalza por la casa, había contaminado el lecho conyugal con migas de pan. Su marido no había dicho nada en cuanto a la ropa tirada por todas partes, los largos cabellos en el lavabo, la tapa perdida del dentífrico, las colillas aplastadas en las tazas de café, pero estalló por unas pocas migas. Furiosa, Martha hizo sus maletas en el acto.” Aunque parece que la biografía es a favor, no se priva de contar aspectos poco edificantes de la vida personal de la biografiada. También tienen cierto interés los comentarios sobre las preferencias musicales de Argerich. Sorprende su opinión sobre Brahms (para mí, uno de los tres o cuatro más grandes compositores de la historia de la música): “Brahms es una de sus grandes discrepancias (entre Martha y Nelson Freire). Nelson Freire lo idolatra, entre otras cosas, porque está convencido de que las Dos rapsodias le salvaron la vida a los dieciséis años en Brasil, en momentos en que ya no quería tocar ni una nota de música. Martha es francamente menos entusiasta. Su música no le provoca nada. Quizá lo considera demasiado ampuloso, con sus largos desarrollos, cuando Schumann dice todo con mucho menos”. Este comentario explica las pocas veces que toca la Argerich (en concierto o en disco) al coloso hamburgués. La conclusión que he sacado sobre la Argerich tras la lectura del libro es que estamos ante una pianista un poco “hippy”, muy celosa de su libertad, con un comportamiento anárquico e imprevisible y que nunca ha dejado de ser una niña. Ahí radica su encanto. Es de todo menos académica y formal. Su alma gemela era el también bastante excéntrico Friedrich Gulda. Echo en falta que hubiera enriquecido el texto con material gráfico de la biografiada y las personas que se citan en el texto. Gracias a que hoy en día tenemos al alcance de un click en streaming prácticamente toda la música del mundo y no hay que desempolvar vinilos antiguos o CDs, he escuchado mientras leía algunas de las obras citadas en el texto. Es un ejercicio recomendable.
Imposible no hipnotizarse con Martha, pero le quiero hacer una mención especial a cómo está escrito el personaje de Juanita. Brillante. Este libro me hizo reír en voz alta en el subte y me dio ganas de estar un poco más loca. Espero con ansias la traducción al inglés para poder recomendárselo a mis amigos angloparlantes.