No he terminado de conectar con este libro. Creo que es más cosa mía que por la novela en sí, pero lo cierto es que, a pesar de tocar un periodo histórico que me apasiona, se me ha hecho pesadísima.
La trama se articula en torno a Cornelia la menor, hija de Escipión el Africano y de sus hijos, los dos hermanos Gracos.
Desde el punto de vista histórico es rigurosa y está bien documentada. La autora hace gala de su profesión y sabe de lo que habla. La ambientación igualmente buena.
El problema, al menos en mi caso, ha sido el formato que ha elegido para narrar la historia. Es un formato epistolar a través de las cartas que Antígona, antigua esclava de Cornelia tras la muerte de esta, le envía a un compatriota suyo con la finalidad de que este escriba la historia. Así, en principio, no es mala idea. El formato epistolar me suele gustar, pero en este caso se me ha quedado corto y me ha resultado frío y lento. Falto de chispa y dinamismo sería el resumen en mi caso, aunque, insisto, es probable que el problema sea yo y no el libro.
Con los personajes me ha ocurrido otro tanto. La autora los traza a través de los recuerdos de Antígona y de los diálogos. No me ha parecido suficiente. Es cierto que son figuras históricas sobradamente conocidas, pero al igual que con el desarrollo de la trama me han parecido lejanos y fríos.
En conclusión. Una novela bien escrita y rigurosa en lo histórico, pero de ritmo lento y con un formato con el que no he podido conectar. Que cada cual decida.