Había llegado a estos diarios con la sospecha de toparme con retazos prescindibles de la vida a todo plan de un tardoadolescente donostiarra algo disoluto, quizá cegado por el mito arrebatado de Arrebato, por esa leyenda que todos queremos atrapar. Y, sin embargo, en estas páginas no sobra ni un pum. Lo he disfrutado horrores porque lo que asoma aquí es un viaje de iniciación, a medio camino entre la euforia y la intemperie, veraz y desnudo: el cuaderno de un artista adolescente en el que empieza, casi sin darse cuenta, a prender la llama de la obsesión.
Este primer Iván es inseguro y clasista, aún muy apegado a sus hábitos burgueses —va a misa dominical a la catedral de Saint Patrick y conserva un tono a veces rancio y provocativo—, lejos por completo de la contracultura que en la ciudad hierve. Rechaza por igual a Cassavetes que a Mekas cuando evalúa sus películas en su peculiar sistema de puntuaciones, y se muestra obsesionado por encajar, por tener dinero, niñas y un lugar al que pertenecer. Es curioso y está desubicado, caminando a solas en constante diálogo con su propio yo, tratando de cartografiarse en un Nueva York que lo abruma y lo fascina a partes iguales.
Este diario es un umbral, una puerta que conecta con el futuro creador, no aún arrebatado, donde el primer habla del artista bosqueja las posibilidades del mundo. Espero que también sea una puerta a un diario de rodaje -más bien, post-rodaje- de Arrebato y una precuela del diario de 1968, el segundo viaje a NY. Pienso en Jack Smith o Marie Menken, las conexiones, los arrebatos posibles...just great!