Charlotte tenía todo bajo los exámenes de acceso, su rutina, su novio perfecto... hasta que una reforma en casa la obliga a mudarse con los Rivers, y más específicamente, a dormir en la habitación contigua a Nick. Sí, ese Nick. El chico molesto, sarcástico, con sonrisa de sobra y guitarras por todas partes.
Lo que empieza con discusiones constantes y pullas tontas se complica cuando Charlotte descubre que las cosas con Mark no son lo que parecían… y que, contra todo pronóstico, Nick podría no ser el enemigo, sino alguien que la ve de verdad.