Sobrevivir a la muerte nos coloca de lleno en un estado de perplejidad, de duelo, de conmoción y de dolorosa transformación. La vida continúa. La vida que logra recuperarse a partir de un saber sobre la muerte. Un saber que ya no es prestado. Hacer el duelo y fecundar nuevos deseos es una sola cosa. Porque la muerte también moviliza. Porque el duelo tiene un carácter discontinuo. Porque incluso el dolor más grande sigue siendo decible. La materia del duelo —libro bellamente andrógino— aborda estos aspectos y sigue la estela que Alicia Ortega Caicedo dejó en su primera obra, Estancias.
Docente titular en la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, en el Área de Letras y Estudios Culturales. Magíster en Letras por la Universidad Andina Simón Bolívar y Ph. D. en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. La tradición narrativa ecuatoriana, la novela contemporánea escrita por mujeres en América Latina, la ciudad y sus representaciones literarias, la historia de la crítica literaria latinoamericana, la pregunta por la herencia, el legado, la memoria, son algunos de sus intereses académicos. Es parte del Comité Editorial de Kipus: revista Andina de Letras y Estudios Culturales (UASB) y de la revista en línea Sycorax (http://proyectosycorax.com). Es autora del libro Fuga hacia dentro. La novela ecuatoriana en el siglo XX (2017) y Estancias. Escritos de una posnerd en confinamiento.
Llevo un rato interesada en lo que se dice del duelo y por eso me interesó este libro. Creo que tiene unas partes muy brillantes y hermosas, pero hay una sección entera que me sobró y de la que no estoy segura que funcione. No logré conectar completamente y la verdad es que tampoco fue una lectura que abonara a mi colección de _cosas_ sobre el tema.
Una escritura tan íntima. Un diálogo interno que atraviesa y comparte la experiencia del duelo. Una experiencia individual y compartida por todos. Nos une la perdida. Es lo que nos hace humanos.