MILLÁS EN ESTADO DE GRACIA. UNA HISTORIA DE AMISTAD EN EL LÍMITE DE LO REAL
«Juan José Millás es dueño de un territorio fantástico de incuestionable personalidad». J. Ernesto Ayala-Dip, El País
«Mima y seduce hasta hallar ese hueco de silencio que se esconde tras las palabras». El Periódico
«Cerrar un círculo, otro círculo. De eso se trataba, ¿no?, de cerrar círculos».
Un escritor que curiosamente responde al nombre de Juan José Millás recibe el encargo del periódico en el que colabora para escribir el que, cree, puede ser su último reportaje. Por ello debe pensar con cuidado el tema que sirva de broche de oro a toda una carrera. La búsqueda del reportaje perfecto despierta en su interior el recuerdo de un episodio de su pasado, envuelto en la niebla entre la realidad y lo imaginado, que lo sitúa frente a una parte de su vida olvidada en el devenir de los años. ¿Qué ocurrió con el director de la sucursal del Banco Hispano Americano al que fue a visitar una mañana de su infancia junto a su madre? ¿Y con su amigo de la universidad, Alberto?
Juan José Millás aborda en esta historia, pertida y honda al tiempo, el misterio de la identidad, los límites de la ficción y el poder de la literatura para dar forma a lo real. Ese imbécil va a escribir una novela supone un salto mortal de Millás como narrador, que juega con el lector en estas páginas como un ilusionista, un mago de la palabra, un deslumbrante prestidigitador.
Las criticas «Juan José Millás es dueño de un territorio fantástico de incuestionable personalidad». J. Ernesto Ayala-Dip, El País
«Millás es capaz de convertir lo extraño y lo inesperado en literatura. Nos lleva entre lo real y lo imaginado». Tània Sarrias, Culturas 2 (RTVE)
«A partir de ahí sucede una historia llena meandros que no se sabe hacia dónde se dirige (como le pasa al propio personaje), pero que es Juan José Millás (el autor) en estado puro. Un compendio de sus obsesiones, [...] siempre con ese humor desencantado». Sergio C. Fanjul, Babelia
«Su diálogo, guasón y doloroso a la vez, hila los temas del el perdón, la vejez, el periodismo, la traición... El mal encajar en la vida, que es, en el fondo, el tema de todos los temas». Luis Alemany, El Mundo
«Para no hacerlo sentir incómodo, finjamos que Millás no es uno de nuestros mejores escritores». Sergi Pàmies, La Vanguardia
«Con este libro [Millás] va cerrando círculos, pero también abriendo puertas y reconociéndose a sí mismo y llenando con fantasía huecos de sus recuerdos». Gemma Malvido, La Opinión A Coruña
«Mima y seduce hasta hallar ese hueco de silencio que se esconde tras las palabras». Elena Hevia, El Periódico
Juan José Millás is a Spanish writer and winner of the 1990 Premio Nadal. He was born in Valencia and has spent most of his life in Madrid where he studied Philosophy and Literature at the Universidad Complutense.
His first novel was influenced by Julio Cortázar and consequently shows the influence of the then-prevalent literary experimentalism, as well as the uncertainty of a fledgling author. Although very original, his second book, Cerbero son las sombras (1975), obtained the Premio Sésamo and received a positive critical response.
Thanks to an enthusiastic member of the judges panel for the Premio Sésamo, Juan García Hortelano, he was able to publish Visión del ahogado (1977) and El jardín vacío (The empty garden) (1981) with the prestigious publisher Alfaguara. But his most popular novel was Papel mojado (1983), an assignment for a publisher of young adult literature that was a commercial success and continues to sell well. Simultaneously, he began to publish articles in the Spanish press with great success, so he left the employment of the Iberian press and now makes a living as a journalist and author.
In his numerous works, which are mostly psychological and introspective, any daily fact can become a fantastic event. He created his own personal literary genre, the articuento, in which an everyday story is transformed into a fantasy that allows the reader to see reality more critically. His weekly columns in El País have generated a great number of followers who appreciate the subtlety and originality of his point of view in dealing with current events, as well as his commitment to social justice and the quality of his writing. On the program La Ventana, on the channel Ser, he has a time slot (Fridays at 4:00) in which he encourages viewers to send short accounts about words from the dictionary. Currently, he is constructing a glossary, within which these accounts have a large role. His works have been translated into 23 languages, among them: English, French, German, Portuguese, Italian, Swedish, Danish, Norwegian, and Dutch. In his 2006 novel, titled Laura y Julio, we find his principal obsessions expressed: the problem of identity, symmetry, other inhabitable spaces within our space, love, fidelity, and jealousy.
Creo firmemente que toda persona que ame la literatura debería leer, al menos, un libro de Millás. Puede contar muy poco, pero el cómo lo cuenta guarda toda su magia. Qué narrador tan maravilloso.
Me ha gustado mucho. me ha encantado, se me ha hecho cortito. Dejando al margen que Millás es una de mis debilidades. Una gozada oírle los Domingos en la cadena SER con Javier del Pino en "A vivir que son dos días" Cuando divaga, es como si escribiera otro libro semanal.
Brutal, abrumador, grandioso, Millás en estado puro. ¿Dónde queda la realidad y dónde la ficción? ¿Vivimos colonizados por las voces de los otros? ¿De aquellos cuya mayor conquista es la de convertirnos en personas "normales"? Como Millás, abogo por la puerta de servicio, la puerta de atrás, la del extrañamiento, la del círculo que no acaba de cerrarse... O sí, cuando solo al final de mi lectura he leído la cita que abre el libro: "En el mundo hay dos clases de personas: estás tú y están los otros. Jamás os encontraréis", de "A dos metros bajo tierra", mi serie favorita. Sí, Millás ha cerrado el círculo.
Después de atiborrarme de libros en la Filbo, me mentí a mí mismo pensando que no iba a comprar más libros este año. Hace unos días me tropecé con un artículo sobre la nueva novela de Millás. En uno de los libros con Arsuaga, el escritor cuenta que le debe restar vida para escribir una, dos o tres novelas como máximo. Entonces pensé: la tengo que comprar, pues no sé cuánta vida me queda para leer novelas. Ya saben la frase: “Tantos libros, tan poco tiempo.
• Iba solo al cine porque esperaba un contacto. Llevo toda la vida esperándolo. El contacto de la organización ultrasecreta a la que sin duda pertenezco. Espero órdenes de ese contacto. • ¿Sería la literatura, esa práctica tan antigua como la humanidad, una variante religiosa cuyo uso garantizara la salvación en el sentido más cristiano del término? • ¿Me compensaría la escritura de haber dejado de creer en Dios? • Permanecimos unos minutos en un silencio que rompí yo, porque yo había venido al mundo a romper todos los silencios. • No sabría decir si se trataba de un halago o de un insulto, pero me gustó la frase y yo, frente a las frases que me gustan, pierdo el norte. • no había empezado con timidez, sino de golpe, como, pensaba yo, deben empezar las buenas novelas («Todas las familias felices se parecen, las desdichadas lo son cada una a su manera»). • Soy un hombre aturdido. Percibo la realidad con un ruido de fondo y lo peor es que no sé si el mensaje importante es el que procede de la realidad o el del ruido de fondo. • Habitualmente, cuando tengo un proyecto en marcha, releo de vez en cuando lo escrito como para coger el ritmo o la cadencia de la sintaxis, • Por un sueldo, en aquellos años, dábamos la vida. El sueldo, como idea, se ha devaluado muchísimo, pero hubo un tiempo en el que un sueldo lo era todo. • Empecé, pues, a darle vueltas al reportaje sobre la vejez, en la que llevaba algún tiempo instalado como en un país extranjero, un país al que no acababa de cogerle el punto. • Las distintas etapas de la existencia nos sorprenden descuidados, sin capacidad alguna de prepararnos para ellas. • (Me llamó la atención el sintagma «adultos mayores» para referirse a los viejos. ¿Duele menos ser un «adulto mayor» que un viejo?). • Procuro parecer un paciente normal, igual que procuro parecer un ciudadano normal, un escritor normal, un viejo normal. • escribo a mano, en un cuaderno, lo que viene a ser como regresar al país en el que nací a la escritura. Porque la escritura me parió. Primero me parió la lectura. Primero, mi madre, mejor dicho. • ¿Dónde había leído yo que había culturas en las que los viejos, lejos de producir rechazo, provocaban veneración? Bendita eutanasia. • El hombre acudió con la idea de que me interesaba su vida para hacer algo con ella. Todo el mundo quiere hacer algo con su vida: por lo general, monetizarla. • —Ya sabes lo que decía Robert Musil —me defendí—: que el argumento es la sombra de la novela como el dolor es la sombra de la enfermedad. Y no se puede vivir sin sombra. Ni sin dolor. • La conversación funcionaba a tirones, como un motor con problemas de combustión. • Lo curioso de las palabras, lo curioso del lenguaje es que nació como herramienta y se ha desarrollado como amo. • A mí me pasaba algo, me pasa algo todavía. Le pasa algo a mi yo. Le pasa que no es mío. El mío se halla detrás del yo postizo, del yo social, del que he ido construyendo para sobrevivir, para sobrevivirme. • Esto es lo peor que te pueden decir: que escribas sobre lo que quieras. A veces es un modo de librarse de ti sin mancharse las manos, porque no es fácil averiguar sobre qué te apetece escribir. • Voy saliendo adelante con mi yo artificial como un manco sale adelante con su brazo de titanio. • No hay tiempo para construirse otra prótesis, pero quizá quede tinta suficiente en el bolígrafo para intentar entender. Intentar entenderme. Para intentar escribir un reportaje grande, grande. • Fingía un pasado en la esperanza de llamar la atención de alguien, incluso de mí mismo. • El último porro me había provocado una especie de pálida, así llamábamos entonces a ciertos estados que oscilaban entre la lipotimia y la alucinación. • Entré y ocupé, con toda mi soledad, que era la soledad del cosmos, uno de los bancos traseros.
Realmente son unas 3,5*, pero me ha entretenido esta especie de conversación/diario/psicoanálisis que ha tejido Millás. Se merece esa “subida” a las 4* por buen comportamiento.
Algunas reflexiones dan oara pensar un rato, otras tienen su punto. Como es mi primer Millás en solitario (neandertales y sapiens ya pasaron por mis ojitos), no sabría decir si este libro es “muy Millás” o no. Retomaremos la reseña cuando sea necesario :)
Me tropecé con el libro este domingo en el mercado de San Antoni, y este domingo no me había dado cuerda así que decidí comprarlo con el suelto que llevaba en el bolsillo. La fórmula de Millás no falla, supongo que es una receta perfeccionada tras décadas de escritura. Es como si para escribir sus libros se sentara delante del ordenador y desconchara un tapón de cuero que tiene en la cabeza, dejando que las ideas broten y se derramen encima del teclado. Un libro honesto que te describe con benevolencia las dudas existenciales que nos rozan a todos, una historia que, sobre todo, consuela.
“A mí me pasaba algo, me pasa algo todavía. Le pasa algo a mi yo. Le pasa que no es mío. El mío se halla detrás del yo postizo, del yo social, del que he ido construyendo para sobrevivir, para sobrevivirme. Mi yo postizo devino prótesis permanente y no funciona mal, pero como una prótesis, insisto. Quiero decir que produce llagas como las que producen las piernas artificiales en el muslo hasta que el muñón hace callo. Mi muñón no hace callo. Voy saliendo adelante con mi yo artificial como un manco sale adelante con su brazo de titanio. Hay roces entre el mundo y yo. No acabamos de encajar el mundo y yo, no coincidimos. Pero le doy la razón al mundo y procuro que mi prótesis funcione. Yo intento adaptarme. Yo me ejercito en el manejo de la prótesis para hacerla pasar por un miembro natural ante mí y ante el mundo. Pero lo cierto es que no os pertenezco, lo digo con vergüenza y pena. No logré ser uno de vosotros”.
Y sin forzarlo habla de la idea del yo postizo, de las máscara que nos ponemos todos para hacer la rutina un poco más amena. El panóptico de Focault, la observación constante, la imposibilidad de ser libre, de actuar de forma honesta. El miedo a que observen nuestro yo real, de observar el yo real de los demás. En fin, recomendable, como siempre.
Me he despertado con la alegría de terminar los últimos capítulos, con el primer —y último— café de la mañana. Leer a Juan José Millás es lanzarse sin paracaídas a la neurosis, a los pensamientos intrusivos, a la duda permanente, a la pregunta insistente. Es atravesar el tráfico incontenible e insostenible de ideas. Es la magia de la literatura.
Es tan creepy como adorable.
Es enfrentarse al lado más oscuro mientras se me escapa una carcajada. Es encarnar lo que negamos y reprimimos. Es dar rienda suelta a la intrusa que me habita. Es abordar la identidad desde lo relacional, desde el desdoblamiento, es ajustarse a lo deseable o esperable.
Es reconocer las anécdotas que cuenta en la radio, es creer que conoces a Juanjo. Y yo diría que es muy “yoísta”, y seguro que también “glorista”.
Millás es un narrador extraordinario. Su texto es exquisito, independientemente del argumento. En esta historia, de nuevo hace que todo funcione y fluya de manera natural. Consigue llegar al lector y provocarle sensaciones.
Es la primera vez que leo a Juan José Millás, es curiosa esa sensación de comenzar a leer un autor iniciando por su último libro. "Ese imbécil va a escribir una novela" de Juan José Millás, es un libro muy ameno de menos de 200 páginas según el formato y mezcla la realidad, los recuerdos del propio autor y una buena dosis de elementos imaginarios que acentúan la voz y dan esa sensación de intimidad.
Confieso que me gustan mucho los libros de menos de 300 páginas, siento que muchas veces son más directos y tienen esa duración perfecta para leerse rápido.
Esta novela está protagonizada por el propio Millás en el género de la Auto Ficción. El narrador intenta escribir su “último gran reportaje” para cerrar con broche de oro su carrera periodística, en ese proceso intenta escribir de muchas formas sobre su vida, al principio lo hace de una forma muy biológica entonces intenta abordar el reportaje desde una perspectiva más personal e íntima.
Cada capítulo nos cuenta la historia del narrador desde su memoria, hay muchas reflexiones en las diferentes etapas que van desde su infancia, vida universitaria hasta su vejez.
Creo que más allá de su vida es un paisaje perfecto sobre la vida de un escritor y los diferentes elementos que se mezclan para poder crear sus obras desde la imaginación. Está lleno de dualidades entre el yo pasado y el yo presente, y las “heridas mal cosidas” que le acompañan por su vida.
Con muchos elementos simbólicos como los círculos que nunca se cierran. El estilo de escritura es ameno, sencillo y directo. Se siente cercano, irónico y existencial, Millás nos abre su corazón, de una forma humilde y un poco cruda.
Mi calificación es 4/5 estrellas, espero leer más sobre el autor en un futuro.
En esta novela Millás juega con el papel del doble, intruso o mejor llamado alter ego que a veces invade la perspectiva y el actuar de uno mismo. Aquí el autor juega con la figura de un amigo o hermano imaginario que incluso corrige los borradores de sus libros desde la distancia de otro ordenador posiblemente ficticio también. El alter ego hace que el ser humano se reencuentre con zonas que ha dejado en la oscuridad, siempre en los límites de la realidad y lo ilusorio. Me encanta Millás.
Primer libro que leo de Juan José Millás y debo confesar que, para lo poco que ambiciona esta novela, me ha gustado. Es verdad que venía predispuesto, porque me gustan las intervenciones de este autor en la Cadena Ser y sus artículos en El País.
El autor tiene un sentido del humor muy fino, casi británico, tomándose muy poco en serio a sí mismo, a pesar de ser un escritor tan reconocido y premiado.
Con respecto al libro, con mucha ligereza, trata temas muy interesantes como la vejez, la traición, el alter ego o la religión. Se nota que Millás es un gran contador de historias y que, sin despeinarse, llena cualquier folio, entreteniendo al lector.
Sin embargo, parece que al final al autor le entra un afán por explicar cosas complejas en una novela que no lo es.
Una mirada transgresora y llena de sutileza que transforma la realidad, la reinterpreta y la ficcionaliza. Este autor es dueño de un territorio fantástico de incuestionable personalidad; mima y seduce hasta hallar ese hueco de silencio que se esconde tras las palabras; y derriba el mundo y descubre su trastienda, se divierte con la demolición, aunque describa el triste escaparate de los días. Millás tiene la capacidad de ver donde otros no alcanzamos ni siquiera vislumbrar nada, es uno de los escritores con más verdad por centímetro cuadrado de página y se aprovecha de la actualidad para contarnos la vida, para expresar su perplejidad, que es la nuestra, ante el discurrir del mundo. Navegar por él permite viajar a nuestra imaginación.
Este libro me llegó como regalo de cumple, y qué suerte que así fuera. Aunque sencillo en apariencia, contiene un par de giros muy buenos con un trasfondo que te hace plantearte cómo ha estado jugando con nosotros desde el principio el autor. En general un libro que se podría describir como entretenido y satisfactorio.
Me conmovió mucho el fragmento que habla sobre la vejez. Lamento mucho no haber leído antes sus demás obras, siento que, de haber sabido acerca de sus autorreferencias, hubiera entendido mejor su sentido del humor, que de por sí es buenísimo.
"Antes de empezar un edificio - añadía Alberto -, has de representarlo en el plano. Una novela no, una novela se comienza de cualquier forma, a veces por el techo, igual que un sistema filosófico".
"Y así, las distintas etapas de la existencia nos sorprenden descuidados, sin alguna de prepararnos para ellas. Hay, entre naufragio y naufragio, intervalos de paz, mesetas de tranquilidad en las que nos hacemos la ilusión de haber arribado al punto de destino, pero enseguida llega un divorcio, llega la muerte de los padres, llega una crisis económica, una hiperplasia de próstata, unas cataratas, un dolor de muelas, una gastritis crónica, yo qué sé, siempre llega un hundimiento nuevo sin manual de instrucciones con el que hacerle frente".
"En eso se parecen la adolescencia y la vejes, en la extrañeza de uno mismo y, por lo tanto, en la de lo que te rodea".
"¿Por qué invitamos a los niños a entrar en la lógica de mundos en los que se puede cruzar el otro lado del espejo para arrancarlos, apenas han dado un paso de esa percepción extraordinaria de la realidad?".
"El perdón como un acto de amor supremo, un acto de amor final, un acto de amor único porque en el perdón se reconoce en toda su extensión y profundidad al otro. Y porque el perdón de lo imperdonable rompe la lógica menesterosa en la que se desenvuelve la existencia de los seres humanos".
Millás nunca te deja indiferente. En cada línea cuestiona y se cuestiona cada cosa que damos por cierta o por creída. Siempre encuentras en sus textos verdades como puños que son reveladas de forma directa, sin artificios. Es un libro corto pero muy jugoso donde, entre otros temas, aborda la vejez en varias vertientes: como escritor, como persona que vive esa etapa de la vida en la que te abandona la sociedad, o en esa donde te abordan todos los miedos posibles. Y todo contado con un tono de humor negro y agrio.
Ficción biográfica de nuestro escritor kafkiano preferido, que en este caso compone un fresco de incontenida egolatría, caricaturizándose a sí mismo con escasa profundidad y nulo efecto humorístico. Una novela, a mi juicio, fallida.
De nuevo Millás, conecta aspectos de todas sus historias, como las visitas a la psicoanalista, para ofrecernos en este caso una historia de "su" época de la vida adulta que le inspira para su último encargo en la vejez. Historia entretenida, fácil de leer y como siempre muy buena.
Aprovecho para felisitar a mi compae el Manolito sabroson que es un jefe de los libros y esas cosas de payos cuando nos veamos nos echemos unos litros 😘😘👌👌
Juan José Millás es un gran narrador. Es imposible saber hacia dónde van a ir sus historias. Me gustó mucho esas pequeñas dosis de filosofía, ensayo, humor negro, ficción, realidad...
Me resulta difícil catalogar el libro de Millás, no es novela, quizás más un ensayo, aunque tan irreal que no lo tengo claro. En cualquier caso, lo apuras hasta el final.