Sobre el autor. Matías Moscardi nació en Mar del Plata, en 1983. Sus libros son: Los círculos del agua (2006), Pluvia (2007), Historia clínica (2008), Una, dos comadrejas (2010), Los sapos (2011) y El ansia (2012). Organiza anualmente el Festival de poesía, de acá, en la ciudad de Mar del Plata. Es editor del sello Luz Mala, en donde publicó traducciones de William Carlos Williams y T. S. Eliot.
Virtuosos ejercicios de poesía objetivista. Bajo la forma de diario difuso los versos libres recorren “la orilla del mar”. Encuentran basura, piedras, vegetales y animales de mar. También humanos, también buques. La ciudad nace del mar, el mar nace de la bruma. La bruma es un Big Bang místico que no deja de explotar. Los objetos proliferan fantásticos. El mundo no es de objetos, sino de relaciones entre objetos. Los hallazgos no rompen la sintaxis, la modulan. La bruma respira, el caminante respira bruma. Hay sosiego. El mundo está bien tal como está. Nota sobre el objetivismo argentino. La ascesis es central en el objetivismo. Se impone. Como todo programa, promueve reactivo lo que evita activo. El simbolismo está excomulgado del objetivismo, lista negra para la vía metafórica. Una cosa es esa cosa, es inaceptable su degradación como reflejo de otra cosa. Por eso el objetivismo es áspero. La textura refractaria es inevitable. Sin embargo, el rebote ocurre con la fuerza de una ley matemática. La cosa se satura de otras cosas. Lo provoca por querer evitarlo. Simbolismo en negativo, saturación involuntaria de evocaciones. La bruma es el lenguaje. La caminata por la costa es la poesía. Los plásticos, las piedras, los moluscos, son poemas. También la destreza de un skater que se desliza por una baranda. El ascetismo muta en exuberancia. El objetivismo es dionisíaco.