Esta es otra de las recomendaciones de mis compañeros en el curso sobre Latinoamérica de Coursera. La autora es bien conocida pero yo me estreno con esta novela.
La obra se plantea como una fusión de géneros: el reportaje periodístico y la historia literaria. Según declara la propia Laura Restrepo en uno de los apéndices de esta edición, esta es una de sus formas preferidas de trabajar, por la libertad que le otorga. Se inserta así en una poblada tradición en la que residen Truman Capote, Mailer o Montalbán, entre muchos otros. La técnica se presta a la exploración de temas de denuncia social a los que se les puede añadir así una dimensión más directamente humana, produciendo mayor impacto.
En este caso se trata de la prostitución y del papel de las empresas estadounidenses en la explotación de los recursos naturales de Colombia, en concreto, el petróleo. La ciudad de Tora, trasunto de Barrancabermeja, cuenta con un gran campo de petróleo a cargo de la firma americana Tropical Oil Company, anterior a la nacionalización de la explotación petrolífera en el país. Los trabajadores, independientes y alejados de sus familias, bajan hacia la Catunga los días de pago, el barrio de las prostitutas. Así se conocen el Payanés y Sayonara, una muchacha de origen indio que medra en su oficio gracias a la fascinación que producen su belleza y su personalidad, un poco rebelde y distante. Como bien dicen las compañeras de Sayonara, esta historia es el romance entre el petrolero y la prostituta, una especie de telenovela en la que los amantes se acercan y se alejan a raíz de diversas circunstancias, entre ellas, el mejor amigo de ambos, Sacramento.
Pero la historia de amor viene a ser una especie de excusa para presentar el variado entramado de personajes que pueblan Tora, desde el grupo solidario de prostitutas -un tanto idealizado, en mi opinión-, hasta el gringo compasivo, el pintor albino, o el médico empecinado en prevenir y tratar enfermedades venéreas. Se habla también de la "huelga del arroz" que sin mayor éxito logró paralizar la planta y desbocar los destinos de algunos de los personajes.
El estilo es hermoso, el diálogo unas veces lapidario y otras humorístico, la acción en cierto modo un poco lenta y escasa. El libro tiene ese carácter indefinible, inasible, que comparten las obras de muchas autoras latinoamericanas, como Angeles Mastreta, Laura Esquivel, Marcela Serrano o la propia Isabel Allende. La solidaridad y hermandad entre mujeres ante la adversidad, la magia y la belleza de lo cotidiano, la perenne intuición de la fatalidad, pueden ser algunos de los elementos que podemos tratar de definir, de aprehender, en esta literatura femenina de Hispanoamérica.