El tono de la literatura mexicana ha sido, generalmente, adusto; en este panorama brillan excepciones como Julio Torri quien, en su infortunadamente no muy extensa producción, sabe mostrar la sonrisa, esa muy especial que nace del escepticismo. El primer libro de Torri, Ensayos y poemas apareció en 1917 y pasaron 23 años para que publicara el De fusilamientos (1940).
Torri es un intelectual adelantado a su tiempo, con una prosa increíblemente dinámica, con gran fondo y que se ha sostenido (y se seguirá sosteniendo) por mucho tiempo.
Una muestra:
"Caminaba por la calle silenciosa de arrabal, llena de frescos presentimientos de campo. En un ambiente extraterrestre de madrugada polar, la cúpula de azulejos de Nuestra Señora del Olvido brillaba a la luna con serenidad extraña y misteriosa. No sé en qué pensaba, ni siquiera si pensaba. Las inquietudes se habían adormecido piadosamente en mi corazón.
En los tiestos las flores parecían como alucinadas en el extrañísimo matiz de la Luna, y recibían las caricias del rocío, amante tímido y casto. ¡Madrugada sin revuelos de pájaros blancos, sin alucinaciones, sin música de órgano!
¿Por qué no me evadí entonces de la Realidad? ¡Hubiera sido tan fácil! ¡Ningún ojo sofisticado me acechaba! ¡Ninguna de las once mil leyes naturales se hubiera ofendido! ¡Mr. David Hume dormía profundamente desde hacía cien años!".
Muchos de sus textos se quedan para relectura, con seguridad.
El presente volumen de relatos, cuentos y narraciones breves no tiene desperdicio. Con una atmosfera propia donde se combinan el absurdo, lo asombroso y la cotidianidad, el libro De fusilamientos y otras narraciones merece ser leído y saboreado en calma, con atención. Piezas como "Noche mexicana" y "Le poete maudit" , entre otras más, son autenticas revelaciones.
Algo que acabo de leer. Quizá es sólo impresión mía, pero creo que Torri es de esos autores que la gente sólo conoce por los dos cuentos, quizá tres, que siempre aparecen en las antologías. No sé por qué, pero se me había borrado de la mente que tenía este libro, pero el otro día que lo vi en mi librero decidí leerlo, para que dejara de ser sólo un nombre que veo antologado. Es tan bueno como me lo imaginaba, aunque tengo que decir que me gustaron más sus ensayos y sus reflexiones aforísticas y metarreflexivas que sus minificciones. Lo que me sorprendió un poco son los artículos sobre literatura que viene al final porque tienen un carácter más íntimo que los demás textos, sobre todo los que versan sobre autores que él personalmente conoció y estimó como es el caso de Reyes y de Henríquez Ureña...
Es el precursor de Juan José Arreola, sin duda. Siento que su prosa le falta más depuración, como lo logra su heredero. En una antología del cuento mexicano tiene que estar. Acompañando por supuesto a Arreola, Revueltas, Pitol, Fuentes, Rossi, Agustín. Es necesario que se lo relea. Y bien. En Latinoamérica conocemos los grandes epígonos del cuento norteamericano, pero no conocemos nada de los que trabajan con la misma lengua.
Opinión impopular: ni era tan chido Torri. Acepto que sus prosas tienen un valor, diría de crónica, porque hace crítica de algunas actitudes nacionales, pero siento que le faltó chispa.
Hizo de la brevedad su estilo, pero sin ánimos de ironizar, se quedaba corto. No sé, ni su lenguaje me gusta, su sapiencia no me deslumbra, sus aforismos carecen de gracia.
Pero bueno, no está de más darle una leídita rápida nomás para conocer al que abrió las puertas en México para que los escritores contaran chistes, digo minificción (bromi).
Poco hay que decir a propósito de un libro que no es sino un compendio de pequeños escritos, aforismos, poemas, cuentos y anécdotas varias, puestos todos un poco sin ton ni son por obra de un editor poco acucioso, interesado solamente en meter entre los forros cuanta obra de un autor en particular cupiera. Sobresale, no obstante, la pluma de Torri, poco conocido quizá porque su obra es escasa, pero ciertamente merecedor de que, al menos, se le eche un vistazo profundo, dada la agudeza de sus apuntes y el carácter testimonial de sus escritos, bien anclados en los valores, las costumbres, las formas de ver e incluso los usos del habla culta en boga a mediados del siglo XX.