El libro "Te deseo el amor" de Papa Francisco es una mirada al corazón de quien mucha gente llamó "El papa de los pobres y marginados". Uno puede observar en su escritura lo que decían sus críticos, que en varias ocasiones él se contradecía. Sin embargo, la concentración del libro está en el amor que hemos recibido de Jesucristo, reflejarlo en nuestras vocaciones. Si la vocación es el matrimonio y la familia, hay que mostrar el amor de Cristo en el hogar, porque ese es el ministerio que te fue dado. También habla de la importancia de servir a los pobres y más necesitados. La importancia de ser ese amigo a toda persona, porque es nuestro prójimo, aunque sea un enemigo nuestro. El amor que presenta Papa Francisco va incluso al amor por el Planeta Tierra y cuidar el regalo de la naturaleza que Dios nos dio. Este libro cubre todas las áreas en las que tenemos que mostrar amor y misericordia, que papa Francisco reconoce que no es fácil, pero que debemos asumir porque es un mandato de nuestro señor Jesucristo.
¿Qué no me gustó del libro o qué encontré extraño? Lo que encontré extraño es que Papa Francisco cita frases de muchos libros no cristianos, inclusive de autores abiertamente ateos o agnósticos. También me resulta extraño la visión globalista que plantea en el capítulo dedicado al amor por la naturaleza y cuando habla de la unión de las religiones. Es la primera vez que leo un libro cristiano que tiene esas dicotomías. Sin embargo, me gustó el libro.
jueves 12 de marzo de 2026
Citas que me gustaron:
“…hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna. Hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del monaguillo de la que hablaba Jesús en la parábola del buen samaritano: miramos al hermano medio muerto al borde del camino, tal vez pensando , y seguimos nuestro camino. No es asunto nuestro. Y con eso nos tranquilizamos, nos sentimos bien. La cultura el bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que conduce a la indiferencia hacia los demás; es más: conduce a la globalización de la indiferencia. …hemos caído en la globalización de la indiferencia. Nos hemos acostumbrado a la suplantación del otro, ¡no nos concierne, no es asunto nuestro!”
“Niño: Querido Papa Francisco, ¿cómo podemos los jóvenes vivir y difundir la paz en este mundo tan lleno de odio?
Papa Francisco: Has dicho dos palabras que son la clave para entenderlo todo: paz y odio. La paz construye puentes, el odio construye muros. En la vida hay que elegir: o construyes puentes o construyes muros. Los muros dividen y, cuando hay división, crece el odio. Los puentes unen y, cuando hay un puente, el odio desaparece, porque puedo escuchar al otro, hablar con el otro. Me gusta pensar y decir que cada día tenemos la capacidad y la posibilidad de construir un puente humano. Cuando das la mano a un amigo, a una persona, construyes un puente humano. Por el contrario, cuando golpeas a la otra persona, o la insultas, construyes un muro.”
“Si permitimos que un mal sentimiento penetre en nuestras entrañas damos espacio al ese resentimiento que acecha en el corazón.
Lo contrario del resentimiento es el perdón, un perdón basado en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad de la otra persona e intenta excusarla, como dijo Jesús .”
“Por una parte, pues, está Dios, que se comunica siempre gratuitamente y, por otra, el hombre al que se le pide que sintonice, que escuche. El Señor llama explícitamente al hombre a una alianza de amor, para que llegue a ser plenamente lo que es: imagen y semejanza de Dios en su capacidad de escuchar, de acoger, de dar espacio al otro. Escuchar, al fin y al cabo, es una dimensión del amor y la verdadera sede de la escucha es el corazón.”
“El profeta Ezequiel dijo:< Te quitaré el corazón de piedra y te daré un corazón de carne>. Un corazón que ama, un corazón que sufre, un corazón que se alegra con los demás, un corazón lleno de ternura por los que, cargando con las heridas de la vida, se sienten en la periferias de la sociedad.
El amor es la mayor fuerza transformadora de la realidad, porque derriba los muros del egoísmo y tiende puentes sobre las zanjas que nos separan a unos de otros. Y este es el amor que nace de un corazón cambiado, de un corazón de piedra que se transforma en un corazón de carne, en un corazón humano. Y esto se hace por la gracia, la gracia de Jesucristo que todos hemos recibido.”
“Trabaja por la paz entre los hombres y no escuches las voces de los que propagan el odio y la división. No escuches esas voces.
[…]
En las diferencias, ten paciencia: un día descubrirás que todos son depositarios de un fragmento de verdad.
Ama a las personas. Ámalas una a una. Respeta el camino de cada uno, sea sencillo o tortuoso, porque cada uno tiene su propia historia que contar.
Cada niño que nace es la promesa de una vida que, una vez más, demuestra ser más fuerte que la muerte.
Cada amor que surge es una fuerza de transformación que anhela felicidad.”