Es una obra muy bonita y que te toca el corazón, no importa en qué momento de tu vida lo leas. Mi único “pet peeve” es la transcripción del título, que no debería llevar alargamiento, pero bueno. Por esa tontería no me voy a poner intensa.
Un libro muy enternecedor, lleno de enseñanzas para la vida, para el crecimiento interior y el desarrollo de la inteligencia emocional. La autora nos entrega una obra epistolar, que no es mas que una carta que un padre escribe a su hija Haru, y que leeremos todos menos Haru al parecer. Aun así, algo que parece simple e intimo, se nos entrega con tanto cariño y cuidado que uno no puede hacer mas que abrazar estas palabras con afecto y agradecimiento. Me han encantado las anécdotas que son contadas y las enseñanzas que se desprenden de cada una de ellas. Creo que se puede leer a todas las edades y descubrir en estas palabras diferentes mensajes dependiendo la etapa y circunstancias que estemos atravesando. Entiendo que esta obra debería leerse luego de Haru, pero yo la he leído primero y ahora por supuesto me siento obligada por la curiosidad y las ganas de seguir disfrutando de esta prosa, de leer esa obra anterior de la escritora argentino-española.
"Lo que queda claro, hija, es que mientras el ave sueña que vuela, no vuela. Tenemos que dejar que ocurra aquello para lo que estamos hechos. Y no somos nosotros quienes lo sabemos. Se tiene que aceptar. Si intentamos averiguarlo nos dividimos, y los fragmentos nos impiden estar en paz. Nos aferramos a lo que creemos que nos da seguridad sin admitir que la seguridad no existe. Vuela, Haru. Vuela. No pienses en volar".