2,5⭐
La expresión que mejor define mis sensaciones con esta novela es que me ha gustado "a pesar de". Me ha tenido enganchada, pero tampoco ha sido lo que esperaba.
Acabado el primer capítulo iba para cuatro estrellas. Hacia el 60% para tres y media, que no está nada mal, a pesar de que no me creí la decisión inicial de Aitor, a pesar del coche con el que se mueven en una noche de galerna, a pesar de Eva y a pesar del propio Aitor. Tras el interrogatorio al principal sospechoso, del que luego hablaré, se me cayó otra media. La puntilla la pusieron las dos escenas sobreactuadas del palacio de Miramar. En ese momento ya no me llegaba al aprobado.
Al final he primado el enganche. Le dejo tres estrellas oficiales en el ranking por aquello de ser primera novela y "a pesar de".
¿Qué me ha gustado de este libro?
El título. La acción tiene lugar en la ciudad de San Sebastián en el transcurso de una sola noche. Una noche de galerna. Tiene su razón de ser que los hechos ocurran durante ese periodo de tiempo. La galerna es un elemento crucial en esta trama.
El primer capítulo. Empieza a lo grande y como la galerna, también es crucial en la cronología y desarrollo de los hechos. Muy inteligente ese capítulo por parte del autor.
El ritmo. Trepidante de principio a fin. Los acontecimientos se suceden de forma muy rápida. Engancha (o al menos a mí me enganchó), y no nos da tregua. Es muy visual. Maneja bien la acción, los tiempos y mantiene la curiosidad del lector.
Jaime Otamendi. Un personaje con el que resulta fácil empatizar. Equilibrado, carismático, buen investigador y querido por sus amigos. De los tres protagonistas es el único que me ha gustado.
El giro con el que comienza el desenlace. Peru Cámara hilvana de forma precisa los hechos que nos van a conducir a él. A partir de ahí, conocidos ya el quién y el porqué, la novela se convierte en una carrera contrarreloj para detener al culpable. La intriga ya descubierta se compensa con una acción, si cabe, aún más trepidante.
El final. Peliculero en el buen sentido. Tiene más de una cosa pillada por los pelos, pero mantiene el ritmo y no es incoherente. Me ha gustado mucho la exposición final que Otamendi les hace al comisario Ramírez y al alcalde. Tiene ese punto de por fin ganan los buenos, que de cuando en cuando se agradece.
¿Y qué me ha fallado?
La decisión que toma Aitor al comienzo del libro y que es el desencadenante de toda la investigación. No me la he creído. Como forense en practicas se enfrenta a una situación que desea y le abruma a partes iguales. En un primer momento se muestra profesional, centrado y concienzudo. De repente, sin solución de continuidad y sin que haya una justificación lógica para sus acciones, se transforma en otro Aitor impulsivo e irresponsable. Compromete las pruebas, su carrera y se echa al monte.
Insisto, en ese momento, Aitor desconoce los entresijos que se cuecen en otros lares y no tiene motivo ninguno para actuar como lo hace. Otamendi sí, pero él no. Informar a sus superiores, seguir los cauces y esperar al día siguiente eran las únicas opciones lógicas. ¿El problema? Que la acción tenía que transcurrir en esa noche. ¿Mi problema? Que no me lo he creído.
El propio Aitor. No me ha quedado clara la definición de este personaje. Sus cambios de personalidad en el transcurso de segundos me han chirriado. Tan pronto es profesional como lo tira todo por la borda en un impulso. Tan pronto se muestra inteligente y centrado como tiene un estallido emocional adolescente. Y no, no me ha parecido un personaje polifacético. No van por ahí los tiros.
Con Eva, más de lo mismo. El personaje que menos he comprendido. Si cuestionables me han resultado las decisiones de Aitor, lo de Eva ya es de nota.
Los protagonistas se desplazan por la ciudad con un coche viejo y semidestartalado. Noche de galerna, aviso naranja. Vientos lo suficientemente fuertes como para tirar la noria. Ellos, en cambio, sin problema alguno.
La escena del interrogatorio al principal sospechoso no hay por donde cogerla. Ni la actitud del chico (acusado de asesinato y más fresco que una lechuga), ni el toma y daca verbal con Eva me han resultado creíbles.
Algunas escenas y diálogos están sobreactuados, rayan el histrionismo o caen de lleno en él. La palma se la llevan las dos del palacio de Miramar. La discusión entre Eva y Aitor, que se acaban de conocer pocas horas antes, no se sostiene. La pataleta adolescente de Aitor con Otamendi nos la podían haber ahorrado.
En conclusión. Un thriller de ritmo trepidante, que me tuvo enganchada a pesar de los muchos peros que le pongo. Seguiré sin dudar la trayectoria del autor. Me queda claro que aquí hay buenos mimbres.
¿La recomiendo? No me atrevo ni a una cosa ni a la contraria. Estoy segura de que otros lectores la van a valorar mucho mejor que yo. Que cada cual decida.