Reducido a instrumento de tortura para bachilleres, souvenir de gringo, o estampita religiosa de sojero exportador, el Martín Fierro se ajusta perfectamente a la definición de clásico que tiraba Borges: aquel libro del que todos hablan y nadie lee. El principio de su fin estuvo propiciado por Leopoldo Lugones hace cien años, cuando en unas célebres conferencias propuso a este gaucho como arquetipo del Ser Nacional, para alegría de los criollos patricios que veían su pedigree amenazado por esos tanos patasucia que no paraban de arribar al puerto de Buenos Aires. Por supuesto, la gente lee libros, no seres nacionales, poco a poco el Martín Fierro perdió el entusiasmo popular con que fue recibido en sus primeros años, y su radio de influencia se confinó al sadismo de ciertas profesoras y la exégesis crítica. Hoy en día sólo se invoca su nombre una vez al año para premiar a los popes de la radiotelevisión local. ¿Cómo hacer que un libro valioso vuelva a ser leído? La apuesta del presente volumen es simple: bardearlo. El poeta argentino Leonidas Lamborghini vindicó siempre a lo largo de su obra el poder subversivo de la risa, y encontró en la parodia su procedimiento estético-político por excelencia. La Parodia funciona como denuncia de su Modelo: en este caso, esa denuncia no guarda ninguna intención peyorativa. Por el contrario, estamos en presencia de una denuncia elogiosa, que se pretende un homenaje, y va en contra de toda lectura coagulada y utilitaria del pasado, de toda clausura de sentido. Del gaucho manso, idealizado, al guacho fugitivo, borracho pendenciero, racista. Asesino. Gran parte de la riqueza de la obra se encuentra en su ambigüedad moral, que aumenta el patetismo de un folleto que en un principio se pretendía político, una invectiva contra el Ministerio de Guerra, y por suerte superó su proyecto. Lo inestable deviene dinámico.
Una excelente relectura de un clásico. Fariña traduce, casi literalmente, las estrofas del Martín Fierro de Hernández al lenguaje “villero” y me hace pensar ¿por qué Martín Fierro es visto como un héroe nacional y los pibes como Tincho Fierro son delincuentes, la vergüenza la de sociedad, los negros de mierda? Me encantó este libro porque no es una simple traducción en clave cómica, sino que, entre risa y risa, se asoma la crítica social, al igual que El Martín Fierro en su época, El guacho Martín Fierro también tiene una lectura política que lo hace más interesante, más complejo. Hay que leerlo, súper recomendado.
Excelente trabajo de Oscar Fariña que, siendo paraguayo, ha hecho carne un Martín Fierro tumbero-villero a la perfección.
Con una jerga excelente, situada, lograda; sus ilustraciones acompañan el andar de la historia del Guacho.
Humorístico, representa la esencia del clásico Martín Fierro. Sus peleas, sus amores, sus contradicciones, su rebeldía, su efervescencia.
Leí fragmentos de este libro en la secundaria. Necesitaba volver a leerlo para ver si era tan bueno como recordaba. Efectivamente: compré dos libros, uno para mí y otro para ir prestándolo. Ya presté los dos.
Toda traducción supone una adaptación cultural. En este libro, Oscar Fariña propone una reescritura "tumbera" del clásico gauchesco. Acerca la historia de Fierro al lector de hoy, aunque para hacerlo traiciona la voz del personaje y, en ocasiones, el relato de Hernández.
qué bueno que exista!!!!! lo leo críticamente pensando que hubiese adaptado algunas cosas de manera distinta, pero en definitiva alguien tenía que hacerlo y se hizo. posibilidad de trabajarlo en media: TODA, no esperes más
Genial el concepto. Muy acertado todo como está escrito.. no se si lo recomendaría.. me gusto más el hecho de haber leído algo diferente que el contenido en sí..
Sí y no. Rescata la identidad marginal original de Fierro, pero sigue reproduciendo el imaginario popular del pibe villero. Está bien como ejercicio pero hasta ahí.