En este libro, producto de una serie de entrevistas, Erica Millet, periodista y narradora yucateca, relata la historia de una mujer que lucha por recuperar a sus hijos. A la par del relato minucioso que distingue a la crónica, se intercalan fragmentos ensayísticos acerca de la violencia vicaria: su definición, su tipificación legal, los mecanismos de los que se valen sus victimarios. Leer este libro es adentrarse en un archivo de historias que nos resuenan, ya sea porque conocemos a alguien que ha experimentado dicha situación, o porque la hemos sentido cerca, en carne propia. Con las mejores herramientas de la prosa del periodismo narrativo, la escritora se acerca, escucha, se mantiene fiel a la realidad pero echa mano de la ficción para interesarnos, para dejarnos ver lo que no cuentan las notas amarillistas, para escuchar a sus actantes, como si estuviéramos leyendo un documental.
A través de una narración intima, la cronista nos habla de un caso de violencia vicaria y como el despojo de los hijos se usa para controlar a las mujeres. Me dio una impotencia enorme leerlo e imaginar que hay mujeres que pasan por la misma situación. Una lectura necesaria para educarnos y empezar a poner sobre la mesa la falta de recursos que hay para apoyar a madres que sufren violencia vicaria.
¡Muchas gracias a la editorial por compartirme esta copia a cambio de una reseña!
Qué difícil calificar un libro así. Algo tan entre la crónica y la novela, escrito con un tono ligero que en ningún momento pierde el respeto por el dolor del relato. Es un libro lleno de dudas que al mismo tiempo acompaña la angustia y alza la voz contra la violencia vicaria. Son menos de 150 páginas, y sin embargo, exige su tiempo, porque es una historia que pesa en el alma y a veces dan ganas de bajar el libro y gritar de rabia. Yo lloré más de una vez. Y de todas formas, qué importante seguir leyendo, escribiendo, publicando, hablando y luchando sobre este tipo de violencia.
Espero que Adele ya esté con sus hijos, que Mariel esté bien, que Lily siga cantando y que Adrián se quede a terminar toda la escuela en Mérida. A Mario, que lo aniquile el olvido.
Tuve la oportunidad de estar en una de las presentaciones de libro y a pesar de todo lo que escuché y de que sabía de qué trataba el libro, nada de eso me preparó para leerlo. Saber que esto también es producto de un trabajo periodístico hace que todo sea un poco más doloroso al mismo tiempo que te vuelve consciente: es un problema real y vigente. Me sorprendió muchísimo cuando me enteré de que el término "vi0lencia vicaria" es tan reciente a pesar de siempre haber existido. (Eso habla mucho más sobre cómo la violencia que se ejerce hacia las mujeres es desestimado e ignorado con tanta facilidad). El libro trata sobre cómo un padre sustrae a sus hijos del hogar y deja a la madre destrozada de muchas formas. Leer sobre un dolor así es desgarrador, un dolor que viene de las pequeñas cosas, de los detalles y de la vida cotidiana.
Dejo una de las frases que más me marcó de la lectura:
"[...] El calvario de Adele continúa; el viacrucis de sus hijos no ha terminado. Caigo en cuenta de la circularidad de la vida [...]".
El libro narra la historia de Adele, Diana y Paola, 3 mujeres que sufren violencia vicaria por parte de sus parejas sentimentales. Me parece un texto que te hace sentir muchas cosas pero para mí demuestra el hecho de que como mujeres, nunca podemos bajar la guardia, ni siquiera si se trata de nuestros propios hogares. Me hubiera gustado prolongar más la fecha de realización del libro, quizá al próximo año y ver cuál es desenlace legal de Adele, ¿sigue pagando manutención? Si legalmente ya obtuvo la custodia de sus hijos y otros asuntos que quedan al aire. Fuera de eso me parece muy bien narrado y muy bien aterrizado sobre una problemática que ha sucedido durante tanto tiempo pero por fin empieza a ser nombrada.