El libro está muy bien para no solo saber sobre los distintos niveles que tiene la desinformación sino para conocer en profundidad que impacto tiene y como se gestiona en general en la era de internet en la que nos encontramos.
Lo único es que en un momento cae en una cosa que critica. Engloba a las feministas como si fuese un único grupo que piensa igual a la hora de rechazar la "sustitución" del sexo biológico por el género psicosocial. Para empezar, esta sentencia presupone que las feministas solo podemos ser mujeres cisgenero, es decir, excluye a las mujeres trans del movimiento (como se ha hecho anteriormente con las mujeres negras y con las lesbianas). Segundo, niega la posibilidad de que hayan diferencias dentro del movimiento (que hayan mujeres cis que "acepten" ese supuesto "reemplazo", vamos, que incluyan a mujeres trans en el movimiento). Esto no casa bien con la idea de que, al final, sean las ideas extremistas las que metan a todas las feministas en un saco monolítico.