Siete años pasaron desde la publicación del último libro de Martín Rejtman, Literatura y otros cuentos. En estos Tres cuentos el autor mejora lo que ya resultaba inmejorable: su máquina de narrar pasa de la carrera de 800 metros al ultramaratón, del salto en largo al triple mortal. Y en esa ampliación del campo de batalla no pierde nada de su precisión, que es a la vez quirúrgica y próspera. Un poco a la manera de Los Simpson, otro poco como un dios que pone a prueba la Teoría de la Probabilidad, estos relatos empiezan en un sitio y terminan en otro muy distinto, mientras en el medio pasan cosas innumerables, cosas ladinas que hacen de cuenta que no pasa nada, cosas que se hacen las distraídas y nos distraen, mientras Rejtman avanza y avanza. Nadie es capaz de poner en juego semejantes niveles de gracia y rigurosidad, y eso hace que estos «Tres cuentos» justifiquen sobradamente una espera de siete años o cualquier otra.
Martín Rejtman es un escritor, guionista y director de cine argentino, nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1961.
Estudió cine en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires y en 1981 se traslada a los Estados Unidos y estudia Dirección en la Universidad de Nueva York.
Ha trabajado en cine, como asistente de dirección en Argentina y en Italia como asistente de montaje en los estudios de Cinecittà. Como escritor, publicó varios libros y fue guionista de sus largometrajes.
A Rejtman le gusta dar detalles sobre la comida que comen los personajes y repetir estructuras (como la de una pieza musical que podría ser de un autor pero que no es); le gustan los personajes que aparecen por casualidad en lugares en los que no deberían aparecer y los personajes que fuman porro.
A los protagonistas de Rejtman la trama los lleva como alienados, presos de una fuerza que es mas grande que ellos, en un juego constante entre agencia y estructura (? en el que el entorno y sus propios impulsos terminan decidiendo sobre aspectos importantes de sus vidas. Ellos medio que miran y asienten con apatía a lo que se les va presentando. Los principios y cierres de los relatos siempre son difusos, como si hubiera empezado y terminado de narrar ahí pero lo podría haber hecho en cualquier otro punto de sus existencias, y me gusta mucho, pero -no se si por eso mismo- a los finales les falta un poco de punchi, siempre uno se queda mirando a la nada, perdido y sin saber como seguir. Me encanta su estilo de escritura, le sobra el ingenio sin que los diálogos se empasten o queden forzados, es un gran descriptor con pocos recursos, súper minimalista. Al chabón del segundo cuento lo hubiera seguido en una novela de 400 páginas, quiero más.
No quería que se acabara el libro. La prosa de Martín Rejtman es tan refrescante, genuina e inteligente; me encanta la obsesión por los detalles más ínfimos que él encuentra en todas las situaciones. Mi cuento favorito fue «Eliana Goldstein», pero a todos los personajes los seguiría de largo en todas las aventuras que se le ocurrieran a Rejtman.