Un solterón acomodado y enfermizo mantiene una relación sentimental con una mujer un poco más joven. No la quiere, pero se sirve de ella para que lo cuide. La necesita. Un día, a punto de cumplir los 50 años, recibe un diagnóstico médico que refuta los anteriores y le garantiza una larga vida. Su primer impulso es buscar otra novia con la que iniciar una nueva vida, pero las dudas y el miedo le hacen desconfiar de las buenas noticias sobre su salud. El carácter egoísta de este ser hipocondríaco le lleva a convertir a su pareja en una enfermera a la que despedir o abrazar de acuerdo a cómo se encuentre él físicamente. Edith Wharton vuelve a meterse en la piel de un machista miserable para analizar la dificultad de mantener una relación de pareja cuando no impera en ella el cariño y la generosidad.
Edith Wharton emerged as one of America’s most insightful novelists, deftly exposing the tensions between societal expectation and personal desire through her vivid portrayals of upper-class life. Drawing from her deep familiarity with New York’s privileged “aristocracy,” she offered readers a keenly observed and piercingly honest vision of Gilded Age society.
Her work reached a milestone when she became the first woman to receive the Pulitzer Prize for Fiction, awarded for The Age of Innocence. This novel highlights the constraining rituals of 1870s New York society and remains a defining portrait of elegance laced with regret.
Wharton’s literary achievements span a wide canvas. The House of Mirth presents a tragic, vividly drawn character study of Lily Bart, navigating social expectations and the perils of genteel poverty in 1890s New York. In Ethan Frome, she explores rural hardship and emotional repression, contrasting sharply with her urban social dramas.
Her novella collection Old New York revisits the moral terrain of upper-class society, spanning decades and combining character studies with social commentary. Through these stories, she inevitably points back to themes and settings familiar from The Age of Innocence. Continuing her exploration of class and desire, The Glimpses of the Moon addresses marriage and social mobility in early 20th-century America. And in Summer, Wharton challenges societal norms with its rural setting and themes of sexual awakening and social inequality.
Beyond fiction, Wharton contributed compelling nonfiction and travel writing. The Decoration of Houses reflects her eye for design and architecture; Fighting France: From Dunkerque to Belfort presents a compelling account of her wartime observations. As editor of The Book of the Homeless, she curated a moving, international collaboration in support of war refugees.
Wharton’s influence extended beyond writing. She designed her own country estate, The Mount, a testament to her architectural sensibility and aesthetic vision. The Mount now stands as an educational museum celebrating her legacy.
Throughout her career, Wharton maintained friendships and artistic exchanges with luminaries such as Henry James, Sinclair Lewis, Jean Cocteau, André Gide, and Theodore Roosevelt—reflecting her status as a respected and connected cultural figure. Her literary legacy also includes multiple Nobel Prize nominations, underscoring her international recognition. She was nominated for the Nobel Prize in Literature more than once.
In sum, Edith Wharton remains celebrated for her unflinching, elegant prose, her psychological acuity, and her capacity to illuminate the unspoken constraints of society—from the glittering ballrooms of New York to quieter, more remote settings. Her wide-ranging work—novels, novellas, short stories, poetry, travel writing, essays—offers cultural insight, enduring emotional depth, and a piercing critique of the customs she both inhabited and dissected.
Este es el primer libro que leo de Edith Wharton y segura estoy que no será el último, por principio tengo que decir que la pluma de Wharton es maravillosa.
Cuando me encuentro que alguien es capaz de contar tanto en tan pocas líneas no puedo evitar emocionarme, maravillarme y por supuesto sentir una gran admiración por la capacidad literaria que existe en algunos autores, en esa lista acabo de meter a Edith Wharton.
En unas muy pocas páginas ha logrado pintarnos un escenario totalmente fascinante, ha logrado plasmar la naturaleza humana de una manera prodigiosa.
Por un lado, tenemos a Paul Dorrence, un tipo hipocondriaco que es absolutamente misógino, egoísta, vil, en pocas palabras un hombre repugnante en muchos sentidos, un hombre que utiliza el amor de una mujer para sus propios fines y por otro lado tenemos a Eleanor una mujer nada agraciada que se enamora de Paul y que por él deja absolutamente todo incluso a sí misma, para ayudarlo y atenderlo.
Pero lo mejor de este libro viene al final, justicia poética lo llamarían algunos, cada quien obtiene lo que se merece dirían otros, yo lo llamo simplemente naturaleza humana.
Esta historia me ha encantado. Se refleja claramente la hipocresía y el egoísmo del protagonista. Si está sano actuará de una manera, si no lo está lo hará de otra forma, aunque sea egoísta para otra persona. La escritora refleja muy bien la hipocresía de la clase social a la que pertenece el protagonista. Me ha gustado mucho el giro final, solo puedo recomendarlo.
Relato dramático de 72 páginas en el que Wharton pone en evidencia al tipo impresentable de esta historia, con una escritura deliciosa y perfectamente elaborada, y un personaje femenino maravilloso que nos sorprenderá con un final fantástico. Se nota el dominio del lenguaje de la autora de "La edad de la inocencia", Premio Pulitzer en 1921. Pero lo que más me sorprende es la sencillez y fácil de entender que es su lectura, a pesar del desarrollo de su obra a principios del siglo XX. Lo que denota su elevada altura literaria. Os recomiendo este maravilloso relato, pues estoy seguro de que el final os sorprenderá tanto como a mí.
Edith Wharton vuelve a explorar la naturaleza humana, en esta ocasión a través de un personaje masculino, Paul Dorrance.
El diagnóstico de una enfermedad terminal le hará cuestionar su vida y revalorizar su relación con su amante, Eleonor. Si bien fue un capricho, su vínculo ahora es dificil de romper por la necesidad y la dependencia que le causa psicológicamente su nueva situación.
La autora explorará a través de estos personajes, entre otras cosas, el valor del tiempo. Y nos deparará una sorpresa final genial.
Una novela corta e intensa donde el Carpe Diem tiene un peso muy especial en la historia y cuya lectura recomiendo.
La autora Edith Wharton, nacida en Estados Unidos y cultivada en europa, logra ponerse en la piel de un misógino de principios del s.XX. Con maestranza literaria describe cómo un juicio médico hace tambalear al siempre resoluto y autoritario Paul Dorrance. En dicho veredicto oncológico, dejado de casualidad en su oficina en Wall Street, constata que su ciclo de vida se redujo a nada por un cáncer terminal.
Lejos de hacerlo cambiar y recomponer su vida, Paul desea vivir al máximo con su antigua amante. Se casa con ella, no por amor, sino por un fin egoísta: desea que le lloren en su tumba. Vive en Viena por dos años, visita El Cairo y conoce a una adolescente que le envía cartas mensuales. Solicita una segunda opinión médica en Austria, que logre contraponer la resolución médica de New York, y la respuesta fue increíble: estaba sano y libre de cáncer.
Ya con este documento en sus dominios, decide volver a retomar su sitial en los negocios. Su actual esposa desmejora de salud e intercambia papeles con el egoísta Dorrance. Ahora le tocaba cuidarla y prodigarle cariño. El diagnóstico (1930) es una novela corta de cambio de roles y boomerang de emociones, construido bajo una notable narrativa, adelantada no solo por el contexto sino por la pulcritud del relato.
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Un solterón acomodado y enfermizo mantiene una relación sentimental con una mujer un poco más joven. No la quiere, pero se sirve de ella para que lo cuide. La necesita. Un día, a punto de cumplir los 50 años, recibe un diagnóstico médico que refuta los anteriores y le garantiza una larga vida. Su primer impulso es buscar otra novia con la que iniciar una nueva vida, pero las dudas y el miedo le hacen desconfiar de las buenas noticias sobre su salud.
Wharton, ciertamente, es implacable con su personaje masculino, adornado con los peores y más despreciables defectos. Es implacable y también cruel pues le reserva en justo castigo.
No obstante, hay otro tema que no tiene menor relevancia y, acaso, la tenga mayor: la muerte. Edith Wharton tenía cerca de setenta años cuando escribió El diagnóstico, y cabe pensar que su posible no muy lejano fin, (murió siete años después), le hiciera plantearse algunas cuestiones sobre la vida y la muerte.
Expone la tardía apelación al “carpe diem”, a vivir con plenitud cada instante, a no desperdiciar ni un momento para encontrar el placer y la felicidad, apelación unida a un recuento de los errores cometidos y de las oportunidades desaprovechadas.
El diagnóstico es otra obra maestra de Edith Wharton.
El diagnóstico de Edith Wharton trata de un hombre soltero y rico llamado Dorrance que mantiene una relación sentimental con una mujer, quien tiempo antes estuvo casada con otro hombre. Los médicos han ido a visitar a Dorrance y éste toma una serie de decisiones basadas en el diagnóstico dado por los doctores, hasta que la muerte toca a su puerta de una forma imperturbable, haciendo que Dorrance se cuestione si fue o no manipulado.
Seguramente todos conocemos a alguna persona que es pura conveniencia, esos que no dan puntada sin hilo, que se aprovechan de las situaciones, sean cuales sean en propio beneficio y que no solo les basta con salirse con la suya, sino que además necesitan quedar bien; pues así es nuestro protagonista, Paul Dorrance
Una novela corta que refleja claramente todo lo que encierra el egoísmo, la hipocresía, la mentira y la conveniencia. Una faceta muy común de la naturaleza humana y que la autora plasma de manera sencilla pero contundente, para terminar con un giro final de lo mas acertado
Edith Wharton no defrauda nunca. Especialmente en estos relatos largos que se marcó cuando ya era una escritora reconocida. El dominio de los personajes, cómo dosifica y a la vez introduce muchísima información en muy pocas páginas, los giros de dejarte con la boca abierta... Es maravillosa.
“Siempre había imaginado que le daría igual alcanzar la vejez o no y resultaba que ahora se planteaba incluso la definición del término «anciano»” ~ El diagnóstico de Edith Wharton.
El diagnóstico es un breve relato dividido en tres partes en el que nos narra la historia de un hombre en la cuarentena que, enfrentado a un diagnóstico de una enfermedad mortal, decide contraer matrimonio. Si se encontrase en una situación normal hubiese elegido a una joven pero opta por casarse con su mejor amiga, quien lo ama, y así tener quien lo cuide en el resto de su vida.
Una vez casada, la pareja emprende un viaje por el mundo y es a su regreso cuando la situación empeora aunque quizá no de la manera que os podéis imaginar.
Una historia que se lee de un tirón y que, la verdad, dada la forma en la que escribe Warthon, merece la pena leer porque el estilo, la sobriedad y la sencillez de esta autora es una maravilla.