Una niña se tumba en el suelo, observa cómo la luz se derrama sobre ella a través de un cristal de colores y piensa: «soy un ramo de claveles». Una joven vuelve al pueblo donde nació en busca de algo y se encuentra con la misma niña, su tía Marie, que ahora tiene noventa años y vive en el limbo intemporal de la vejez. Entre estos dos momentos se tejen muchas vidas: las de todas esas mujeres que, por un motivo u otro, están destinadas a preguntarse una y otra vez quiénes son, adónde pertenecen o si alguien las espera. El centelleo, primera novela de Andrea Santiago, es un libro sobre lo que nos sitúa en los márgenes y sobre lo que nos expulsa de ellos, ya sea hacia la normatividad o hacia un lugar todavía más oscuro. Con ecos de Carmen Laforet, Ana María Matute o James Salter, también es una historia sobre cómo se construyen los lazos familiares y sobre si es posible escapar de lo que nos acompaña desde la infancia. Y sobre si merece la pena.
Andrea Santiago (Pamplona, 1993) cambia los muebles de su casa cada pocos meses, como su tía. Escribe desde hace muchos años, a veces en forma de canción. Más de una década dedicándose a la música y a caballo entre su Pamplona natal y Madrid, con su guitarra a cuestas. Sin embargo, fue en el año 2017 cuando irrumpió con una fuerza arrolladora dentro del panorama musical con su primer sencillo, llamado «Hasta el Agua». "El centelleo" es su primera novela.
Una novela sobre el cuerpo, los silencios, los hilos familiares que a veces unen y otras atan, los monstruos que nos acechan en soledad, la memoria que se hereda. Absolutamente maravillosa.
me dio justo lo que esperaba: una historia aparentemente sencilla que encierra temas profundos contada desde la sensibilidad y centrada en la vida familiar y personal de las mujeres de una familia. son ingredientes que siempre busco en los libros que leo.
Es una maravilla de libro. Me encanta como utiliza el lenguaje y las expresiones para definir situaciones de lo más cotidianas. En todo momento de la novela demuestra una sensibilidad brillante que te atrapa. Lectura recomendadísima.
Una novela maravillosa. La belleza de su escritura, el manejo de lo sutil y lo visceral a la vez, la forma en que interpreta a las personas, los gestos, las formas, los instintos... Todo está dibujado con una sensibilidad que penetra hasta el fondo, y sin divagar ni sobreexplicar. Un relato breve y cautivador, repleto de matices, sobre los lazos, las carencias, lo que se dice y, sobre todo, lo que no se dice.
Cuando empezaron los gritos y los estallidos de los objetos contra la pared y los «lo sabía», Marie se metió en la cama con Juanica, cerró los ojos, se abandonó a las telarañas de luz, al centelleo, y empezó a decir cosas en voz alta, soy un clavel, tengo seiscasisiete, soy un ramo de claveles, rojo, azul, amarillo, amarillo, rojo, azul… Estaba el señor Don Gato… Alégrate, María.
Leer este libro en este momento no sé si ha sido un acierto o un error porque no he parado de llorar en ningún momento, he sido víctima de este llanto feo y desagradable cargado de recuerdos, pero es que la forma de escribir de Andrea no es para menos.
Desde partes duras e incómodas, a otras llenas de cariño y bondad, esta historia está cargada de significados, de silencios, de secretos familiares y de historias que por no contarse terminaron en el olvido. La autora te da una bofetada brutal de realidad, te enfrenta a lo más vulnerable de personas a las que sólo crees conocer, a la gente que te ha definido, pero que no saben quien eres y que por lo tanto tú tampoco sabes quienes son. La dualidad entre irse o quedarse, la vida que tenías y la que has construido, la familia que te toca y la que eliges… este libro ha sido tan intenso y sobre todo yan bien narrado, que se ha ganado por completo un hueco entre los mejores libros que he leído este año.
«deseó que apareciera un perro que la persiguiera y la obligara a correr todavía más, que la mordiera para que pudiera gritar, porque tenía gritos dentro. imaginó que se estampaba contra una de las entradas de las huertas y que se quedaba inconsciente y se cortaba contra algún cristal: necesitaba que el dolor punzante que sentía desembocara en algún sitio de manera brutal y violenta, o apagarse.»
Escritura impecable. Engancha desde las primeras páginas, aunque el final se supera con creces. Lo he disfrutado enormemente. Por todas esas Maries y Claras.
Atrapado desde la página uno. No recuerdo cómo llegué a El Centelleo, pero este libro no tiene desperdicio ni relleno. Es una historia llena de otras, quizás algo culposas. En uno de los capítulos, me sorprendió la verdad de un personaje, no lo esperé.
3,5★ Me ha jugado en contra la semejanza con el libro que había leído anteriormente. Dicen que las comparaciones son odiosas. Aun así, qué necesarios son esos libros que te hacen querer ir corriendo a tus seres queridos de generaciones anteriores para sentarte a escucharles tranquilamente. Qué necesario, reparador y revelador es escuchar sus historias de vida, ver cómo influyen en la tuya propia y querer abrazarlas por haber llegado hasta aquí. Somos personas hechas de cachicos de otras que nos precedieron y que nos acompañan. Me parece precioso poder ver poner nombre y cara a esos cachicos y los recuerdos que los acompañan.
La sutilidad y la belleza en que Andrea narra esta historia a dos voces es rara. El hecho de que volver a la infancia no es siempre dulce, sino por el contrario, se encuentra una al volver un sitio que muchas veces ni conoce. Hay algo bajo la superficie y la belleza que late con fuerza y candor: los secretos, el asco, el dolor.
Quería que me gustara y lo tenía todo para gustarme (editorial pequeña, historia familiar de pasados y presentes, tensión...) pero no lo ha hecho.
Este libro transcurre entrelazando dos tiempos, un "ahora" cercano a nosotros, y un "entonces", ambos indefinidos en el tiempo pero identificables. El "entonces", la historia del origen de uno de los personajes del "ahora", me ha parecido muy bien escrito, con mucho interés, e incluso algún capítulo buenísimo (la bajada de la niña a la botica de su padre destila tensión sobrenatural), en cambio el ahora me ha parecido algo casi sacado de una auto-ficción, con personajes sin desarrollar y con un estilo tan distinto, y tan ..."amateur", que parecen dos autoras distintas.
A lo mejor una editora y una correctora de estilo con olfato le habrían propuesto desarrollar más la historia del "entonces" , con un muy buen acabado profesional, y prescindir o retrabajar la del "ahora", que se lee como un ejercicio de taller literario, pero igual esta novela, ya de por sí corta, se hubiera quedado en un relato largo.
Me ha decepcionado mucho, la verdad. Para compararla con Ana María Matute (ya quisiera Andrea Santiago...), el estilo es muy ramplón y los personajes están muy mal desarrollados. No lo recomendaría, pese a que la temática pueda resultar atractiva e hice el esfuerzo por que me gustara, no llega a ninguna parte, se queda en un quiero y no puedo.
“Lo olvidé, como hago con muchas cosas que en realidad son faros, solo porque, en cuanto hay un atisbo de oscuridad, la esperanza se me desintegra y yo cierro los ojos.”