3,5. Tras algunos años viendo como su vida era consumida por su trabajo, Yujin decide huir de Seúl y acaba refugiada en Soyangri, un pequeño y pintoresco pueblo del que acaba enamorada. Después de adquirir una propiedad adecuada, Yujin decide crear un refugio donde las personas puedan hospedarse, escapar del estrés de la ciudad y disfrutar de la belleza y la tranquilidad del campo y la naturaleza. El centro de este recinto será una cafetería literaria donde las personas podrán encontrar historias con las que identificarse y compartir recomendaciones con otros. Mientras ayuda a sanar las heridas de las diferentes personas que acudirán a “La cocina de los libros”, las de Yujin comenzarán a curarse también.
Los diferentes inquilinos que pasan por “La cocina de los libros” vienen escapando de alguna circunstancia de su vida que los hace desgraciados, algunos tienen un pasado complejo que quieren olvidar, otros han perdido a un ser querido y necesitan pasar el duelo, o simplemente se sienten solos y perdidos, pero sea cual sea el motivo que lleva a estas personas a acudir a este alejado y bonito lugar, todos consiguen encontrar ese refugio que necesitan, esas respuestas que están buscando. Creo que una de las principales virtudes de esta obra, es que sea una historia coral, ya que la autora consigue crear un abanico muy amplio de personajes que transitan por el dolor, el miedo o la incertidumbre y se hace fácil empatizar con ellos. Es cierto que al estar cada capítulo centrado en uno, no te llegan por igual y, en mi caso, algunos me han emocionado más, pero todos me han interesado.
El gran punto fuerte de la novela es, no cabe la menor duda, la ambientación. A lo largo de todo un año, no solo asistiremos a como se relacionan los personajes y logran sanan en este mágico lugar, sino que podremos vivir a través de ellos el paso de las cuatro estaciones. Una de las cosas que más me gusta de la literatura asiática es ese gusto a la hora de poner al frente de sus historias la propia belleza de los lugares que describen. Siempre me ha parecido una delicia como estos escenarios pasan a ser tan importantes o más que los propios personajes. Una nevada en invierno, como las hojas caen en otoño o florecen en primavera, o la luz del verano, gozan de peso en el paso de la vida reflejado a lo largo de las estaciones. Es una de las cosas que más disfruto de la literatura asiática, tienen un don para transportar al lector a estos sitios. Me ha resultado muy sencillo imaginarme esa bonita Soyangri a través de los las estaciones.
La autora muestra a través de sus diferentes personajes y las vivencias de la vida adulta, esa vorágine que nos atrapa y nos lleva por donde quiere y como, en mayor o menor medida, todos nos sentimos atrapados en ella, con pocas posibilidades de salir. La vida es la que es, y pese a que hay que tratar de luchar contra ello, a veces, poco margen tenemos. Los personajes son my diferentes en cuanto a vida, profesión o clase social, pero de alguna manera todos se encuentran inmersos en una vida que va demasiado rápida. Es imposible no sentirse reflejado en ese sentimiento.
No es una obra compleja, y el hecho de que los personajes aparezcan, mejoren y se vayan, intensifica esa sensación de sencillez, cosa que no es en absoluto mala, aunque en algún momento se pueda echar en falta algo más de profundidad. Es de esas historias que reconfortan, que provocan alegría y que te hacen querer valorar más lo bonito de la vida, esas pequeñas cosas a las que no prestamos la atención necesaria por encontrarnos sumergidos en el ajetreo del día a día, pero que realmente son las más importantes. Pese a la sencillez de la obra, ha habido varios momentos que me han resultado tan bonitos, tristes o evocadores, que han conseguido emocionarme.
Aunque he disfrutado de “La cocina de los libros de Soyangri” debo admitir que estoy empezando a cansarme un poco de consumir tanto cozy asiático, por lo que puede que vaya siendo hora de tomar un respiro del género, porque me gusta mucho y no quiero aborrecerlo. Creo que la obra de Kim Jee-hye mantiene todos los elementos típicos en esta clase de historias, pero he sentido que tiene algunos otros no tan manidos que le aportan algo diferente, como puede ser la propia ambientación. No es una historia que te vaya a cambiar la vida, pero es una experiencia muy agradable leerla.