4,5 ⭐
Una grata sorpresa. Tras un 2023 muy flojo en lo que a las lecturas del género se refiere, 2024 no podía haber comenzado mejor.
Dice la sinopsis:
Leonore Asker es jefa de equipo en el Departamento de Crímenes Violentos. Cuando la hija de una familia adinerada de Suecia desaparece, sus superiores, de forma inesperada, la apartan del caso y la relegan a dirigir la Unidad de Casos Perdidos, un departamento olvidado. En su nuevo puesto Leo se verá envuelta en la investigación, en apariencia trivial, que su antecesor en el cargo estaba llevando a cabo: alguien está alterando las escenas de una gran maqueta ferroviaria. Sin embargo, después de que aparezca en la maqueta una figura idéntica a la de la chica desaparecida, Asker comprende que se enfrentan a un asesino y solo hay una persona que puede ayudarla: Martin Hill, profesor de arquitectura y experto en exploración urbana.
Mis impresiones:
Primera novela de lo que va a ser una serie protagonizada por la inspectora Leo Asker y el Departamento de Casos Perdidos. Es autoconclusiva con nada hipotecado para la siguiente entrega. El cliffhanger final deja una puerta abierta en la historia personal de Asker, sin ser tampoco determinante a la hora de querer seguir o no con la serie.
Nos encontramos ante un thriller como debe de ser, de los que ya no abundan, que me tuvo enganchada de principio a fin. Ha llegado al mercado español precedido de un hype merecido. Creo que parte del éxito que cosecha se debe a que se ha desmarcado de la tónica general, ya cansina, que impera en la actualidad. No lo fía todo al ritmo vertiginoso, el exceso de giros, las escenas truculentas, los traumas de los policías y las relaciones pastelosas entre ellos. En su lugar nos ofrece una novela con una trama robusta, bien hilada, un ritmo que va de menos a más y unos protagonistas que reaccionan ante las adversidades de la vida de manera ajustada.
Se estructura mayoritariamente, en capítulos cortos titulados con los nombres de los personajes principales, Asker, Hill y Smilla. Entre estos se intercalan otros dedicados a desgranar la vida del asesino desde que es un niño, así como flashback del pasado de Asker y Hill. El narrador es equisciente, el ritmo, ágil de entrada, va a más a medida que el libro avanza. El último cuarto es un no poder parar de leer.
La trama está bien concebida y mejor desarrollada. Todo fluye, todo tiene su razón de ser y todo queda explicado. La intriga, como el ritmo, va a más. No es una novela tramposa. Está ahí todo ahí para el que lo sepa ver. Eso sí, el autor ha sido sumamente hábil a la hora de camuflar la identidad del asesino. Como suele ser habitual presenta más de un posible sospechoso, que hagan dudar, pero no se queda ahí. Ofrece al lector el señuelo de poder predecir fácilmente una parte (no tengo la más mínima duda de que lo averiguamos porque él así lo ha planificado), lo que conlleva focalizar la atención en ella y dejar pasar los pequeños indicios que le hubieran puesto nombre al monstruo.
Los personajes están bien trazados. Leo Asker, la inspectora protagonista, es una mujer con una infancia difícil de las que dejan huella, sin embargo, no por ello ha desarrollado adicciones ni síndromes rarunos ni se autolesiona ni nada por el estilo, cosa que se agradece. Sacó fuerzas de flaqueza, asumió su trauma y siguió adelante con su vida. Es más, algunas de las habilidades que adquirió en su complicada niñez, le vienen más que bien en su faceta profesional. Junto con ella Martin Hill, profesor de arquitectura experto en urbex, personaje que me ha gustado. La idea del Departamento de Casos Perdidos y almas errantes, no es novedosa, pero funciona bien. Sus integrantes no tienen desperdicio. En esta entrega los conocemos en parte, imagino que esto irá a más en las siguientes. Entre los antagonistas, el arribista sin escrúpulos, el policía zoquete de corte machista, etc, clichés del género, es cierto, pero el autor ha lidiado bien con ellos. Y por supuesto, el asesino, un monstruo, como se define a sí mismo, repelente donde los haya, añado yo, al que se le tiene ganas de principio a fin.
El final de los de infarto. En una novela, que se crece, es un remate que no desmerece. Cierra completamente la trama.
En conclusión. Un thriller como se debe, de los que ya sentía añoranza. Buena trama, buenos personajes y desarrollo impecable. Deseando la siguiente.
Recomendable.