"¿Qué hacer con una vida cuando esta es excesiva, cuando le sobran muerte y tristeza, aunque también (y en dosis parecidas) vida y alegría?.
A mediados de 2023, apenas recuperado de una cirugía a corazón abierto, Héctor Abad Faciolince aceptó la invitación a una feria del libro en Ucrania. El viaje libresco, sin embargo, se convirtió en algo má explorar los horrores de la invasión rusa en la región del Donetsk, cerca del frente de batalla, junto con otras cuatro personas. El último día, para despedirse, el grupo e viajeros se dispuso a cenar en una pizzería de Kramatorsk. Allí padecieron un hecho que los transformaría para un misil ruso con seiscientos kilos de explosivos cayó sobre el centro mismo del lugar, dejando en el acto trece personas muertas y más de sesenta heridos. Una de las víctimas fatales fue la joven escritora ucraniana Victoria Amélina, guía y compañera de ese viaje testimonial que terminó en tragedia.
En esta narración intensa, donde se contrastan vertiginosamente la vida, la vejez y la muerte, el autor hace una crónica de lo sucedido y vuelve con una franqueza conmovedora a los temas que han generado lo mejor de su los efectos devastadores de la violencia y la guerra; la indignación por la muerte de los inocentes; la culpa y el estupor de quien no ha caído, y su inapelable impulso de contar lo presenciado y reflexionar sobre la extraña y azarosa experiencia de sobrevivir una vez más.
Héctor Joaquín Abad Faciolince was born on 1 October 1958 in Medellín, Colombia Colombian novelist, essayist, journalist, and editor. Abad is considered one of the most talented "post-boom" writers in Latin American literature. Abad is best known for his bestselling novels Angosta, and more recently, El Olvido que Seremos.
No sabía que Héctor Abad Faciolince había sobrevivido a la caída de un misil ruso en Ucrania. No lo sabía hasta que salió este libro. Y no lo puedo creer porque pienso en cómo pude haber estado tan desconectada de la actualidad, siendo que he leído dos novelas del autor (El olvido que seremos y Salvo mi corazón, todo está bien). Entonces, creo que en gran parte Faciolince escribe este libro para gente como yo, que de no ser por él, quizás no se hubiese enterado de la magnitud del daño causado a Ucrania por esta guerra. Ya me ha quedado claro. Este fue apenas uno de los ataques a blancos civiles perpetrados por Rusia (y no precisamente el país, quizás simplemente por Putin, según analiza el autor), con trece muertos y varios heridos. Abad no fue uno de ellos (ni muerto ni herido), pero vio la muerte en su misma mesa. La escritora Viktòria Amèlina, que aceptó acompañar al grupo de Abad Faciolince a un poblado cercano al frente de guerra, falleció a los dos días por las heridas. Él iba a una feria del libro en Kiev, pero un amigo suyo le convenció de ir hacia allá. Él, aunque consciente del peligro, se dejó llevar. Ella, que ahora se dedicaba a registrar y escribir sobre la tragedia y los crímenes de guerra, hacía un último recorrido por su país antes de irse a Occidente, buscando creer en el amor. Lo siguiente es un estallido de dolor y culpa, las preguntas del sobreviviente y una reflexión sobre el mal concreto (no el mal en abstracto como un terremoto o una epidemia), el mal que tiene nombre y apellido. Como Hitler.
Quizás la comparación con grandes libros testimoniales/novelas (como los de Grossman o Primo Levi) que el propio autor cita, no le favorezcan mucho narrativamente hablando a Abad Faciolince, pero él tampoco quiere compararse, conoce sus limitaciones. Quizás éstas sean cierta redundancia y excesivas elipsis que hacen que se pierda la unidad narrativa. Es posible que (y él mismo lo dice) que no supiera cómo desarrollar este libro, que estuviera incómodo al escribirlo y eso se nota. Yo tampoco quise leerlo antes porque me parecía demasiado fuerte lo que contenía. Pasaron muchos meses, una visita a mi país por parte del autor y más meses hasta que me decidiera leerlo. Porque mi primera decisión fue: "no, no voy a leer esto". Era demasiado cercano en todos los aspectos posibles (un escritor colombiano, hispanoamericano, 2023), pero quizás era el enterarme de que una bomba podía caer en una pizzería a la que fueron un grupo de escritores/periodistas colombianos después de una feria del libro en Kiev. Se supone que en la guerra no se atacan blancos civiles. No en Occidente en el siglo XXI. No. Esta creencia vulnerada quizás fue lo que me espantó. Era un "no aprendimos nada". Finalmente lo he leído, y aunque no tenga la mejor calidad literaria (muchas partes la tienen y tiene mucha armonía, pero quizás fallan ciertas partes), es un testimonio histórico demasiado importante. Esto no es ficción.
este es un libro hermoso y doloroso y doloroso y hermoso porque trata sobre todo aquello que nos duele en este mundo y nos causa desolación: la guerra, la muerte, la insensatez y la miseria y trata también sobre todo lo que la vida nos ofrece y es hermoso: la amistad, la compañía de los amigos, el amor de la familia, los que luchan por la democracia, los que luchan por la libertad
pero lo que más duele de este libro y lo que más enternece y lo embellece son, al final, las palabras esas que el autor sabe usar tan bien y las cuales lo ayudan a contar y a sanar, a perdonar y a perdonarse, a denunciar y a enamorarse de un lugar frágil, a despedirse y a honrar
es increíble cómo tiene la habilidad y la agudeza y la sensibilidad y el tono exacto para contarnos, de a poquito, este viaje, esta desgracia, este milagro, y presentarnos a los personajes de esta experiencia tan traumática
yo le agradezco que nos haya, que me haya hecho sentir el odio y el desazón y la impotencia y la furia y la solidaridad y la empatía y un montón de cosas más
diría quizá que lo único que le hace falta a este libro (o a este hombre) es Dios, pero ya que lo menciona en varias ocasiones e incluso en su epílogo se cuestiona su existencia, pienso que lo lleva bien adentro aunque no lo reconozca, porque sólo quién tiene esta divinidad dentro, guarda emociones conectadas con los humanos tan intensas y sublimes como lo hace él
“Ahora y en la hora” es un texto profundamente conmovedor, en el que su autor, Héctor Abad Faciolince, plasma fragmentos de su intimidad en medio de una situación devastadora como la guerra en Ucrania. A través de una escritura honesta y sensible, expone una experiencia que no solo interpela, sino que nos conmueve ante la presencia constante de la muerte.
Este relato resuena especialmente en quienes hemos intentado adentrarnos en el ejercicio de la escritura desde un lugar íntimo, de vulnerabilidad. El autor se presenta como testigo de la vida de la escritora ucraniana Victoria Amélina, quien muere frente a sus ojos, y nos enfrenta al compromiso ético y humano que surge ante la muerte del otro. Hay en sus palabras una urgencia por denunciar la injusticia, por revisar nuestros propios miedos, por reconocer los límites que no debemos cruzar nunca.
Desde que tuve este texto en mis manos, no pude dejar de leer. Su fuerza radica en cómo la literatura se convierte en un acto de resistencia, memoria y testimonio.
Quise leer este libro porque leí la columna que de este hecho escribió Héctor Abad en El Espectador. Ese texto tan cargado de belleza, sensibilidad y tristeza lo encontré en la primera mitad del libro.
Después de eso la narración se fue volviendo un poco más lenta, redundante, melodramática porque la historia del autor se impuso más de la cuenta. Una oda al yo que hizo difuso si la víctima era él o Victoria Amélina.
Igual vale la pena leerlo, es un buen texto, pero le sobran páginas. La foto del final, fatal. No había necesidad.
Enganchador y entretenido desde la primera página.
No conocía la vena de Hector Abad como cronista, y creo que él no llamaría de esa manera a este nuevo libro suyo, pero así me pareció a mi y fue por esa misma razón, por creer que se trataba de algo así como una crónica, que lo busque y lo leí.
Si esto es lo que sale de la cabeza de un escritor de talento como Hector Abad cuando, según su propia confesión en el libro, tiene dificultades para escribir, no me imagino lo que podría salir en una situación sin ningún "bloqueo creativo".
¡Impresionante recuento de su experiencia en Ucrania! Una experiencia en la que casi muere él y otras dos personas muy queridas en Colombia, el ex comisionado de Paz, Sergio Jaramillo y la periodista Catalina Gómez, corresponsal de medios nacionales e internacionales en algunos de los más graves conflictos de las últimas décadas. Una experiencia en la que sí murió una talentosa escritora Ucraniana, Victoria Amelina a la que está dedicado casi por entero este libro y que, como Abad Faciolince, terminamos por conocer un poco al final del libro a pesar de no haber oído hablar nunca de ella.
Sobre lo sucedido en aquella pizzeria del Donbás Ucraniano, en la que una bomba hipersónica con más de 500 kg de explosivos mató a 13 civiles inocentes y dejo heridas (milagrosamente) a otro par de decenas, entre ellas Hector Abad, había escuchado un relato informal de otra de sus protagonistas, la periodista Catalina Gómez, quién lo narró hace unos meses en el videopodcast "Menopáusicas y Qué" de las periodistas Yolanda Ruiz y Maria Elvira Samper; ya en aquel entonces me había parecido un relato impresionante, entre otras razones por las casualidades que se produjeron y lo extraño de saber que estaban involucrados dos personajes Colombianos sin ninguna relación aparente con el conflicto en Ucrania. Fue precisamente la curiosidad que me produjo la narración espontánea de Catalina la que me movió a comprar este libro una vez fue publicado.
Debo confesar que no soy un lector asiduo de la obra de Hector Abad, ni siquiera de sus libros más conocidos. Me han alejado de él razones políticas, en particular conocer algunas de sus posiciones tibias respecto a ciertas problemáticas de nuestro país. A pesar de ello, y después de leer este libro, debo reconocer que Abad Faciolince es un escritor genial.
Muchas cosas me gustaron de esta "crónica". La manera como va alternando una descripción a veces muy pormenorizada de los protagonistas de la historia, con el relato de los eventos que antecedieron y sucedieron aquel día fatídico. Las excelentes y detalladas descripciones de los eventos, los paisajes, los sentimientos y pensamientos que van pasando por su cabeza. La abierta sinceridad de sus propias confesiones: sus problemas de salud, los sentimientos enfrentados (y muy humanos) frente a lo desconocido y el riesgo; incluso la relación conflictiva (por las situaciones propias de está historia) con sus amigos y con su familia. Me parece que Abad Faciolince se abre de una manera muy genuina a todas las personas que le admiran en este libro y por eso merece mi admiración también.
Como la muerte es, lamentablemente la protagonista de esta crónica (¿no lo es acaso de toda la buena literatura?) Abad Faciolince logra insertar en el texto algunas referencias literarias, históricas y otras muy personales acerca del tema que me han dejado muchas cosas para pensar. A diferencia de él, que solo ha sufrido teóricamente o por compasión con otros, yo sí soy un "deshijado", como atina a acuñar hacia el final del libro su autor: una persona que ha perdido a uno de sus hijos. Sin profundizar en algunos de los sentimientos que intuye Abad Faciolince, debo decir, aunque sea lo más superficial que se pueda decir, que no hay ninguna justificación para que en ningún a lengua se haya encontrado una palabra para esta condición. Comparto con Hector Abad que habría que encontrar un termino que sirviera sino para conjurar esa maldición, para sentir que, aparte de tu cónyuge, no estás tan solo en esa condición.
Sean admiradoras o admiradores de Hector Abad, sea que les guste o no la crónica periodística (insisto, la clasificación en este género es solo mía), este libro vale la pena ser leído.
Este libro se publicó el 1 de Mayo, es decir, ayer, y yo lo solté esta madrugada, es decir, hoy. Digamos que yo solté el libro, porque lo leí, claro, y toca dejar el kindle en el escritorio y seguir con la vida, dormir porque es de madrugada, despertarse a trabajar, a dar clases, a estudiar… pero es una fantasía que yo solté a este libro, porque lo cierto es que me quedará incrustado en el alma por bastante tiempo. Nada de lo que acá se dice es desconocido, las noticias en su momento volaron con su intensidad e inmediatez propias de este siglo y se dispersaron al mundo: un misil ruso destruye un restaurante en Kramastorsk, en la región de Donbas, en Ucrania, y adentro, con las más de 40 víctimas, se encontraban el escritor Héctor Abad y otros tres acompañantes más, entre ellos, Victoria Amélina, escritora ucraniana.
Tan solo Victoria no sobrevivió al ataque.
No es la primera vez que Héctor Abad escribe sobre los estragos de una guerra, porque ya en El olvido que seremos, y guardando las proporciones de los hechos respectivos, nos conmovió a todos con su relato. Pero no sé qué tanto de halago hay en decirle a un escritor cuánta brillantez tiene para narrar las desgracias de la violencia, tocando el alma del lector con fuerza y elegancia extremas. Todavía le doy vueltas a esto.
Lo que sí puedo decir, con convicción y honestidad, es que no soy la misma después de leer este libro.
Admito que me hubiese gustado encontrarle algún fallo a este libro, para distraerme con eso del dolor profundo que me provocó revivir esos momentos terribles del atentado, narrados con un detalle casi cinematográfico. Pero también es cierto que la mejor reseña que un escritor puede recibir es esa: saber que su libro provocó todo tipo de emoción en su lector. En mi opinión muy personal y muy poco experta en el tema, creo que un libro es bueno porque cumple ciertas características, la más importante de todas es que logra secuestrar al lector de su realidad para sumergirlo completamente en una historia paralela, la característica que le sigue es que, ademas de abstraer al lector cumpliendo esa función tan importante de suspender el tiempo, también logra dejarle un mensaje. El que sea. El que el lector quiera recibir o interpretar. Un libro, por qué no, puede ser una pequeña, ínfima, metamorfosis para cada lector.
Y así… podría seguir rescatando muchas cosas sobre lo que acá se cuenta, pero en función del especio limitado, quiero resaltar algo en particular: los retratos que escribe Abad de sus acompañantes: perfiles dedicados, detallados, amorosos. Por ejemplo, yo ignoraba completamente quién era Sergio Jaramillo, no tenía ni la más mínima idea, pero desde esta lectura para mí es un señor misterioso que me cae muy bien y a quien algún día en la vida, ojalá, me pueda encontrar; debe ser un lujo poder conversar con él. A Victoria Amélina no solo la conoceremos por su obra, sino por el homenaje que recibe acá, ante todo respetuoso y delicado. Ella fue una mujer extraordinaria y aunque las circunstancias trágicas de su muerte pugnan por ser las protagonistas, yo me quedo con los hechos heroicos de su vida, con los fragmentos de su obra que acá nos regala generosamente Héctor y con la imagen nítida de su tenacidad.
Solo una cosa me queda más por decir de este libro, parece una obviedad, claro, pero no la puedo dejar pasar: por favor, léanlo.
Entretenido e interesante leer sobre la guerra de Ucrania en primera persona. También te digo, increíble que un señor colombiano consiga hacer que la guerra de Ucrania vaya sobre él.
Leer a Hector Abad es un placer para mi. Escribe divino, desde el fondo de su alma. Este libro es diferente, no una novela, más una crónica con tintes de autobiografía de una experiencia (otra para el) muy perturbadora y traumática que vivió en Ucrania en un atentado.
No lo disfruté tanto como Angosta, La Oculta o El Olvido que Seremos, pero me conmovió bastante su visión de la vida, la paternidad y la vejez.
‘Cansa ya que se diga que la vida es un viaje o una escondida senda llena de caminos no trazados que sin pensar uno toma, errático y sin rumbo’.
Que duro 🥹 me lo tuve que leer pausadamente porque es demasiado desgarradora la crónica de los acontecimientos de lo vivido por el autor, no me imagino lo difícil que debió haber sido escribir este libro.
*Pronto les dejo la reseña que publicaré en Instagram.
Thirteen people died, during a missile strike in Kramatorsk, a city in Eastern Ukraine, in June 2023. Among them was the writer Victoria Amelina, who was guiding a group of Latino-American writers, to document war crimes committed by Russian aggressors in this country. The Columbian novelist Héctor Abad Faciolince was one of the survivors, and Now and at the Hour is his testimony. I recommend it to anyone interested in the human side of the war.
The book was recently translated into Romanian. Héctor Abad Faciolince retells the circumstances of his visit in Ukraine, the main events, and his impressive conclusions. In Now and at the Hour, he is very brave, not only for this decision, but also because he recounts all his doubts, the facts that he put his bravery under question, and that he emphasized that for the anonymous reader. I will focus this review on his way of portrayal and on his experience with cultural differences.
In Now and at the Hour, Héctor Abad Faciolince describes a moving image of Victoria Amelina. He narrates how she was educated in the respect for Russian culture and language, even after Ukraine became independent and how a Russian TV tried to use her for propaganda reasons, during an interview. After the aggressions started in 2014 and 2022, she decided to record the war crimes and the attempts of the invaders to erase Ukrainian literature. During the war, in a way words lost their usual meaning, yet writing remained a symbol of national identity, and a tool.
Now, the cultural difference experience remembered in Now and at the Hour. Using Google, Abad Faciolince asked one of his Ukrainian editors about why „mass” was translated as „job”, and the answer was that the online translator was actually wrong. The Ukrainian word, transliterated as „slujba” means both a religious service and work, thus the result of three languages interacting was to reveal that the internet still has flaws, while direct communication is difficult to replace, even today. As a side note, „slujba” has the same meaning in Romanian, which is a Romance language with Slavic influence.
Now and at the Hour covers a lot of ground. It includes the shocking experience of the war, and Héctor Abad Faciolince’s thoughts about death, and democracy, but these are for the reader to explore. His writing goes from the immediate encounters to his family, then to the political context, and returns to self-reflection. The result, this book tells the reader a story about frailty and endurance.
Escuché a mi querido Héctor Abad Faciolince hablando de su último libro y de las circunstancias que lo produjeron en el podcast de libros de El País. Su voz queberda en todo momento me emocionó y necesité leer el libro enseguida. Está lleno de unas reflexiones muy buenas sobre la muerte y también sobre Ucrania y su guerra, así que lo he disfrutado mucho.
Cómo es que Héctor Abad siempre logra llegar tan profundo en el alma del lector? En este libro no solo expone esa lamentable invasión de la que, lamentablemente, hemos tenido tan poca información; sino que nos desnuda sus propios monstruos, y creo que no hay nada con lo que nos podamos identificar más que con los propios monstruos de otro ser humano.
Héctor es escritor y necesita "recrear con palabras y comprender con narraciones la realidad y la experiencia". Ahora y en la hora es un relato de una experiencia muy dura. Ser testigo directo de las consecuencias de una guerra, donde tu vida ha estado al lado de la muerte, donde has sido testigo de tanto sufrimiento.
No olvidemos lo que dice Catalina "Hay que saber que incluso en la guerra la vida continúa, la vida sigue."
Ahora y en la hora" es un libro de doscientas veintidos páginas que se siente como uno de mil. Es una lectura dura que exige pausas constantes para que el lector pueda recuperar el aliento, pues relata una realidad que supera cualquier ficción. El texto explora una experiencia trágica y traumatizante, reflexionando sobre el valor de la vida y esa culpa punzante que queda al seguir existiendo cuando otros no pudieron. A través de la vivencia de Héctor Abad Faciolince en Ucrania, el autor nos contextualiza el origen de la invasión rusa y los motivos del conflicto. Pero, por encima de todo, el libro es un homenaje a la vida y muerte de la escritora Victoria Amelina, quien ocupó su lugar en la mesa de la pizzería solo minutos antes del impacto del misil ruso. Ella fue la única víctima fatal del grupo de Abad esa noche, en un ataque contra un objetivo civil que cobró la vida de trece personas en total. Es un libro doloroso pero necesario. Nos recuerda que cualquiera de nosotros podría encontrarse en una situación similar y que es imposible predecir nuestra reacción: si actuaremos con valentía o si el instinto nos hará huir para intentar salvaguardar la vida. Tras leer estas páginas, es imposible volver a mirar la cotidianidad con los mismos ojos; la obra nos obliga a reconocer nuestra propia fragilidad y a entender la incomprensible arbitrariedad con la que la muerte elige a sus víctimas.
Este libro ofrece una aproximación muy personal y emocional al tema central, combinando recuerdos, reflexiones y referencias históricas. Aunque en ocasiones se desvía del conflicto principal para explorar otras vivencias o pensamientos del autor, eso también le da un tono íntimo, casi terapéutico. Es una lectura que puede resultar densa por momentos, pero quienes disfrutan de textos introspectivos y con carga emocional encontrarán aquí una voz sincera y reflexiva.
No había leído a Abad a pesar de vivir hace 7 años en Antioquia. Me encontré atrapado en un increíble relato que me enseñó mucho sobre la Guerra qur aqueja a Ucrania y el dolor de la vida y la muerte.
Ahora y en la hora es un libro atravesado por la fragilidad de estar vivo. A partir del atentado que sufrió en Ucrania y de la muerte de Victoria Amélina, Héctor Abad reflexiona sobre la guerra, la memoria y la responsabilidad de contar.
Es una lectura dura y conmovedora, escrita desde la conciencia del sobreviviente y el deber ético de no callar. La figura de Amélina permanece como una presencia luminosa y dolorosa, recordándonos que la literatura también es resistencia.
Héctor escribe para sentirse mejor del horror que vivió; y por ahí derecho nos muestra un pedacito de una guerra de la cual muchos sabemos poco. No es lo que estoy acostumbrada a leer pero en las palabras de Héctor, es una lectura obligada.
Un momento aterrador. una historia que vale la pena ser contada, 5 personajes muy interesantes, una buena crónica pero me parece que le faltaron más hervores, se le siente afán y aunque hay reflexiones muy profundas, hay muchas que no se desarrollan.
Un gran libro. El autor transmite las emociones vividas en plena guerra de Ucrania, y logra narrar con rigor e inteligencia el episodio del bombardeo de Kramatorsk, que experimentó en primera persona y se cobró trece víctimas mortales, entre ellas la escritora Victoria Amelina.
Primera incursión en su narrativa. Pronto vendrá “El olvido que seremos”. Manuel ya hizo ayer unos aportes a este libro con los que coincido en líneas generales. A mí, vaya por delante, me ha conmovido lo cual ya es altamente significativo. Supongo que sabéis de qué trata. Abad Faciolince se embarca, en una de esas aventuras que todos, desde fuera, vemos innecesarias y temerarias. Un viaje a Kiev. Como la realidad supera a la ficción, la narrativa del libro le exige, además, acercarse al frente de guerra. Digo bien. Creo que es el poder de la ficción el que impone el trayecto y la necesidad de visibilizar la tragedia. Concepto muy en la línea de Schopenhauer. ¿Qué sucede? Lo que a priori toda persona externa teme. Se produce una explosión y muere, entre otros, una compañera de la expedición. Este acto deleznable supondrá la génesis de este libro.
A pesar de que literariamente hablando puede no ser la mejor propuesta, este libro tiene virtudes que contrapesan sus supuestas carencias. Me gusta creer que este texto permite reducir la distancia que hay entre Ucrania y tú. Entre mi ciudad y Kiev hay 3700 km y en esos casi 4000km se ha de atravesar por caminos de hipocresía, inhumanidad y demagogia. También hay, por otra parte, sendas de solidaridad y vías de apoyo. Si atendemos a la fórmula de la velocidad clásica que incluye las variables de espacio y tiempo es cierto que hay esos km; pero si sustituimos la velocidad por literatura, esta se contrae y, leyendo este libro, no podemos decir que padezcamos lo mismo que los ucranianos ni mucho menos, pero sí podemos sentirnos más cercanos. Se ha reducido mágicamente la distancia. Es por ello que la ecuación deja de ser física para ser emocional. ¿Y qué tenemos? Una nueva fórmula en la que la literatura se convierte en letanía partido por silencio; o también se me había ocurrido, herida partido por llanto. Lo curioso es que en una fórmula aparece la ausencia de sonido y en otra su contrario, el grito. Tanto una como otra son válidas. Aquí los físicos se tiran de los pelos al permitir uno y su contrario. ¿No es esto la física cuántica? Pues eso. Algo similar le sucedió a Héctor Abad Faciolince cuando avanza hacia ellos el misil Iskander, mudo y a su vez sibilante. Vuelvo al concepto de oración -letanía- porque es lo que su autor, del libro, pretende. Se confiesa con nosotros a través de la palabra escrita. En su soledad y dolor y nos llega a nosotros en forma de plegaria con la que él desea honrar a Victoria Amélina. Y lo consigue.
Además de este acto de contrición, quiero también creer que este libro es una pequeña victoria ante la barbarie. Putin podrá “colocar” su relato por un tiempo, pero no por el tiempo que a nosotros -y seguramente a él también- le interesa. Nosotros hemos eliminado de la ecuación el concepto de tiempo, por lo que convierte la equivalencia en imposible siendo la literatura la que sobrevive. Aquí radica su poder: en transformar lo efímero en duradero; en fijar una emoción dentro de una estructura que el lector pueda volver a habitar cuando quiera —o cuando lo necesite. Se trata, por tanto, de un desafío. Putin no será eterno. El recuerdo de Victoria Amélina, sí.
A book full of truth and sensibility, with an aura of mystery that plays at revealing everything from the very first page. It doesn’t hide: right from the start, you know what you’re reading, what’s going to happen—but you still want to hear the story. It draws you in, without tricks or gimmicks. It’s a powerful testimony about Russia’s invasion of Ukraine, told with the honesty and sensitivity that characterize Héctor Abad Faciolince.
The narrative is intertwined with the author’s firsthand experience visiting Ukraine during the invasion, as part of a literary event that also served as an act of cultural resistance and solidarity. Although it wasn’t planned for him to go near the war front, his visit was marked by an attack that nearly took his life—and that event lends the book enormous emotional weight. It becomes a narrative thread that carries you into deeper territory.
The book holds a constant tension: you want to know what happened, why he is there, what ties him to that distant country. Through that thread, Abad unfolds a torrent of information—about Ukraine, the war, democracy, the cost of defending it, and more. The storytelling shifts between styles: personal diary, chronicle, essay… all culminating in the brutal Russian attack on a pizzeria near the front line, in which Ukrainian writer Victoria Amelina, who was accompanying him, was killed.
One of the book’s greatest strengths is just that: giving voice to people, to stories, to Victoria’s memory. Her presence and her vividly detailed narration become the emotional core of the text. Something stuck with me—something you don’t expect, but that stole a piece of my heart: the story of the animals left behind when their owners were killed.
What I found a bit harder was the final part. Around 80–85% of the book is made up of this hybrid diary—experiences, reflections, encounters, portrayals of those accompanying him. The final 15% is a denser introspection: a reflection on the impact of what he lived, on war, democracy, freedom, oppression. It’s no less valuable, but it was harder for me to follow.
I don’t think it makes sense to compare this book to others by Héctor Abad. Each work is born of its own context, and this one is deeply singular. Very necessary—perhaps more than ever—especially when we think about the last thirty or forty years. Not better, not worse, but I find it essential to foster awareness of the value of democracy, of human life, and of literature as testimony. It’s a book full of empathy, one that expands your perspective. A book that should be read in schools. Simple, direct, and deeply moving.
And for me, that makes it essential. I recommend it without hesitation, like almost everything Héctor Abad writes: for his beautiful, delicate prose, his unfiltered honesty, his tenderness, his literary references, and above all, his truth. He doesn’t take sides—he attacks and gives voice like no one else.
I truly loved it.
Castellano
Un libro lleno de verdad y sensatez, con un aura de misterio que juega a revelarlo todo desde la primera página. No se esconde: desde el inicio sabes qué estás leyendo, que va a suceder, pero quieres escuchar la historia. Consigue atraparte, sin trampantojo. Es un testimonio poderoso sobre la invasión de Rusia a Ucrania, narrado con la honestidad y sensibilidad características de Héctor Abad Faciolince.
El texto se entrelaza con la experiencia que vivió el autor en primera persona al visitar Ucrania durante la invasión, como parte de una presentación literaria que funcionaba también como acto de resistencia y apoyo cultural a Ucrania por parte del autor. Esa visita, sin estar planeado ir al frente de la guerra, quedó marcada por un ataque que casi le cuesta la vida, y que le da al libro un peso emocional enorme. Sirve este suceso como hilo narrativo para luego poder llevarte a otras lindes.
La obra mantiene una tensión constante: uno quiere saber qué ocurrió, por qué está allí, cuál es su vínculo con ese país lejano. A través de ese hilo conductor, Abad va desplegando un torrente de información sobre Ucrania, sobre la guerra, sobre la democracia, el precio de defenderla, etc. La narración transita entre distintos estilos: diario personal, crónica, ensayo… todo culminando en el relato del brutal ataque ruso a una pizzería cercana al frente, en el que murió la escritora ucraniana Victoria Amelina, quien lo acompañaba.
Uno de los mayores aciertos del libro es precisamente eso: dar voz a las personas, a las historias, a la memoria de Victoria. Su presencia y su narración detallada se convierte en el corazón emocional del texto. Quedo dentro de mi algo, que quizás no lo piensas, pero que me robo un trozo de mi corazón – la historia de los animales sin hogar porque a sus dueños los asesinan –
Si algo me costó un poco más fue el cierre. Aproximadamente el 80-85% del libro está compuesto por ese diario híbrido que mezcla experiencias, reflexiones, encuentros, descripciones de los acompañantes, etc. El último 15% es una introspección más densa, una reflexión sobre el impacto que tuvo la experiencia en él, sobre la guerra, la democracia, la libertad, la opresión. No es menos valiosa, pero sí más difícil de seguir, al menos para mí.
No creo que tenga sentido comparar este libro con otros de Héctor Abad. Cada obra nace de un contexto, y este libro es profundamente singular. Muy necesario, probablemente más que nunca, si pensamos en los últimos treinta o cuarenta años. Sin ser ni mejor ni peor, me parece un texto obligatorio para tomar conciencia del valor de la democracia, de la vida humana, y del poder de la literatura como testimonio. Es un libro lleno de empatía, que amplía la mirada. Un libro que debería leerse en los colegios. Sencillo, directo y conmovedor.
Y eso, para mí, lo hace esencial. Lo recomiendo sin reservas, como casi todo lo que escribe Héctor Abad: por su prosa hermosa y delicada, su honestidad sin filtros, su ternura, sus referencias literarias, y sobre todo, su verdad. No se casa con nadie, ataca y da voz como nadie.