La Nueva Costa no está aquí, en nuestras playas y acantilados, sino que se extiende desde nuestros ojos hasta el fin del mundo; desde nuestros terrores hasta nuestras pasiones, aprovechando nuestra necesidad de entrelazarnos para generar nuevas criaturas, nuevos organismos que son capaces de comunicarse con nosotros usando nuestras propias relaciones como esa suma de voluntades y colores, de apetencias y visiones.
Daniel Cervantes (Cádiz, 1993) juega su primera partida de rol con trece años, abriendo así su apetito por el tránsito de mundos que no son este. Stephen King y H. P. Lovecraft invocan los terrores de su infancia a los que luego se suman otras literaturas, no necesariamente terroríficas, pero siempre raras e imaginativas. Con una vasta y experimental producción audiovisual y una novela corta ya publicada, Daniel destila esta, su segunda obra, a partir de tres ingredientes en las siguientes una parte de guasa, dos de romance, y tres de un intenso y profundo miedo al océano. La Nueva Costa confirma su apetito por la ficción rara y sublima la impronta que la crisis climática —la presente, no la especulada— deja en su imaginación.
5 estrellas como una catedral ⭐️ No sabía que necesitaba esta historia hasta que la he leído. Lo tiene todo: misterio en las profundidades, una nueva realidad de nuestro tiempo, dos protagonistas tan reales que podríamos ser cualquiera de nosotros, salseo, salseo por un tubo! Y miedos y criaturas abisales que acojonan bastante, como si explorar el fondo del mar no fuera suficientemente angustioso. Lo que ha hecho Daniel aquí, mezclando lo cotidiano, con ese humor español tan nuestro, una documentación impecable del fondo marino y cómo explorarlo… merece todo el reconocimiento. Eso sí, me ha dejado tiesa con el final… TIESA! Necesito más!
Qué maravilla de historia. Me la he bebido, necesitaba una historia así, sobre todo después de unos cuantos libros que se me han hecho bola. Quiero leer más de Daniel Cervantes 😁
Me llamó la atención por su cubierta, y una vez fui a la presentación, no pude evitar comprarla, parecía exactamente mi cup of tea. Y ha superado con creces mis expectativas: es una novela divertida, original, que trata, en menor o mayor profundidad (jeje) justo los temas que me obsesionan: el cambio climático, las criaturas abisales, el amor romántico, el erotismo, los distintos modelos de relación... Los diálogos son súper naturales y a través de ellos conocemos mucho a los protagonistas, Diana y Alejandro, dos personas muy bonitas, que muestran ser cariñosas, amorosas, abiertas. La novela tiene un lenguaje sencillo pero muy hermoso, cada palabra parece escogida para que la lectura fluya de manera armoniosa. Tiene misterio, tensión, amor y ternura a raudales. Me parece semillita de esperanza en este mundo en llamas.
Fue un regalo sorpresa de dos personas maravillosas... Y sé que el escritor es otra de esas personas. Lo cogí con muchas ganas, a pesar de que la ciencia ficción no sea mi género de preferencia cuando elijo mis lecturas. Y me ha gustado mucho. Es delicado y profundo (hehe, pun intended). Y deja sobre la mesa temas sobre los que pensar... Cosa que siempre me atrae en un libro. Espero seguir leyendo mucho tuyo, Dani.
¿Es el amor el único refugio ante lo aterrador, ante lo incomprensible y lo inexplicable? ¿Puede medrar en medio del pánico y la desesperación, o es solo una vía de escape, fruto de la tensión?
Daniel Cervantes nos plantea estas cuestiones sin ofrecernos una respuesta. Nos sumerge en una relación sentimental que intenta (y casi consigue) robarle el protagonismo a lo extraordinario. Nos obliga a descender, con la engañosa lentitud de las corrientes más profundas, por una grieta abisal donde se mezclan el amor y el miedo. El autor gaditano genera la atmósfera (misteriosa, opresiva) en las primeras páginas y nos presenta a Diana y Alejandro: una pareja inevitable, preprogramada y confirmada por esa necesidad que tenemos de encontrar algo a lo que aferrarnos cuando todo tiembla. Ellos son los únicos tripulantes de una nave que parece tan vulnerable como la gestación de su relación. Van hacia la estación Kappa, en el fondo de un mar alterado por una Nueva Costa que no atiende a la ciencia ni a la razón.
El escenario recuerda a Solaris y a Aniquilación. Como Lem, plantea un misterio indescifrable. Como VanderMeer, extrae belleza de lo grotesco. El terror proviene de lo inexplicable y lo claustrofóbico. El romance se gesta a través de diálogos casi adolescentes que, para algunos, pueden restar peso a la obra, pero para los más aprensivos, pueden resultar un salvavidas frente a la oscuridad del abismo. Y el cierre deja más preguntas que respuestas, aunque nos deja una certeza: la de haber estado en un lugar del que no se sale indemne.
La nueva costa es una criatura rara y hermosa, mutante como el océano que retrata. Tal vez habría sido más redonda y equilibrada acortando un poco la primera parte, esa en la que los protagonistas intentan escapar de la atracción que ejercen sus cuerpos. O, mejor aún, alargando la segunda, regalándonos más sucesos asombrosos y sosteniendo la tensión un puñado de páginas más. En todo caso, se lee con fascinación y ganas; las mismas que se tienen por una amante al comienzo de una relación. Y, tras cerrar el libro, queda una incomodidad sutil, como la que deja la sal al secarse sobre la piel.
Daniel Cervantes ha abierto una brecha con su literatura para mostrarnos un océano desnudo donde todo es posible: colosos abisales que retornan tras millones de años, piscinas erguidas (sí, piscinas erguidas, y cuando lo leáis os vais a cagar encima), algas inmortales, y quizás lo mas increíble pero importante de todo, el amor que nace en la oscuridad.
A través de un viaje submarino, nos adentramos en las aguas de los mares de la Nueva costa, el nuevo paradigma formado tras la crisis climática de nuestro mundo. Hacemos este viaje hacia las profundidades abisales a través de Alejandro y Diana, los cuales conoceremos como si fueran amigos íntimos nuestros gracias a esas voces que se sienten vivas durante todo el relato. Humanas, por encima de todo, con toda su belleza, crueldad, cachondeo y por supuesto calenturas.
La novela tiene un ritmo imparable desde que abres las primeras páginas. Se teje una atmosfera opresiva mientras se desciende que sin embargo alterna muy bien con las interacciones entre los personajes que aportan calor humano y que no tiene miedo de pasar del llanto a la risa en unas pocas líneas. Esto, que podría considerarse una debilidad en la historia, la considero exactamente la fortaleza de esta novela, pues nos muestra la condición humana en todo su complejo esplendor.
¿Es posible o incluso necesario el amor en tiempos de crisis? Esta es, para mi, la pregunta esencial de la novela. Y estoy agradecido de haberme sumergido en sus páginas en busca de respuestas.
Os la recomiendo encarecidamente. No tengáis miedo a adentraros en sus aguas, pues saldréis transformados de ellas. Más acuáticos. Más abisales. Más humanos.
La nueva costa nos sumerge en un mundo de oscuridad perpetua, un océano basto y profundo donde nos quedamos a solas con nuestros miedos y pensamientos más primitivos. A medida que se sumergen, Diana y Alejandro dejan atrás la calidez de la luz del sol para adentrarse de lleno en las profundidades de la nueva costa, un lugar donde las criaturas más sorprendentes cobran vida y donde solo se tienen mutuamente. Los diálogos están tremendamente bien escogidos, y te ayudan a conocer a nuestros protagonistas al mismo tiempo que te sacan una sonrisa que ayudan a liberar la tensión acumulada en ciertos momentos. A medida que se acercan a la estación Kappa aumentan los peligros que acechan en las profundidades y también aumentan los sentimientos y pasiones que crecen entre ellos. Nos encontramos una novela de manta y sillón perfecta para una tarde de otoño o una noche de verano, personalmente le hubiera añadido más terror o la hubiera alargado más porque se me hizo corta pero desde luego Daniel Cervantes ha captado mi atención y estaré pendiente de sus nuevas publicaciones.
Es genial el tono, la atmósfera y como en un espacio tan reducido consigue tanto. Descripciones fabulosas "caminos flemosos", "ruidos carnosos y húmedos"