Daniel Cervantes ha abierto una brecha con su literatura para mostrarnos un océano desnudo donde todo es posible: colosos abisales que retornan tras millones de años, piscinas erguidas (sí, piscinas erguidas, y cuando lo leáis os vais a cagar encima), algas inmortales, y quizás lo mas increíble pero importante de todo, el amor que nace en la oscuridad.
A través de un viaje submarino, nos adentramos en las aguas de los mares de la Nueva costa, el nuevo paradigma formado tras la crisis climática de nuestro mundo. Hacemos este viaje hacia las profundidades abisales a través de Alejandro y Diana, los cuales conoceremos como si fueran amigos íntimos nuestros gracias a esas voces que se sienten vivas durante todo el relato. Humanas, por encima de todo, con toda su belleza, crueldad, cachondeo y por supuesto calenturas.
La novela tiene un ritmo imparable desde que abres las primeras páginas. Se teje una atmosfera opresiva mientras se desciende que sin embargo alterna muy bien con las interacciones entre los personajes que aportan calor humano y que no tiene miedo de pasar del llanto a la risa en unas pocas líneas. Esto, que podría considerarse una debilidad en la historia, la considero exactamente la fortaleza de esta novela, pues nos muestra la condición humana en todo su complejo esplendor.
¿Es posible o incluso necesario el amor en tiempos de crisis? Esta es, para mi, la pregunta esencial de la novela. Y estoy agradecido de haberme sumergido en sus páginas en busca de respuestas.
Os la recomiendo encarecidamente. No tengáis miedo a adentraros en sus aguas, pues saldréis transformados de ellas. Más acuáticos. Más abisales. Más humanos.