"Un motero en Croacia" ha sido una lectura que me ha enganchado de principio a fin. ¡Qué maravilla de historia! Si ya disfrutaste "La taxista de Edimburgo", esta novela no te defraudará: mantiene ese estilo cercano, emocional y tan humano que caracteriza a la autora, pero con un escenario completamente distinto y vibrante: la carretera.
Calvin es un protagonista que no deja indiferente. Puede que no compartas todas sus ideas, pero es imposible no seguir leyendo con curiosidad sus reflexiones, su visión sobre el amor (o más bien, su negación del mismo) y su forma impulsiva de enfrentarse al mundo. Su viaje a Croacia no es solo geográfico, ¡es un auténtico viaje interior!
Meribeth, por otro lado, es ese contrapunto necesario, sereno y firme, que poco a poco va ganando espacio en la historia… y también en el corazón del lector. Su reencuentro con Calvin, lleno de chispa, tensión y ese “algo” que no se puede nombrar, marca el inicio de una aventura que va mucho más allá de lo físico.
La narrativa es adictiva, con momentos de humor, nostalgia, deseo y mucho realismo. Me ha encantado la forma en que se presentan las relaciones humanas, tanto familiares como afectivas, sin idealizarlas, pero tampoco sin perder el encanto. Las escenas en moto por Croacia están descritas de una forma tan visual que casi puedes oler el mar, sentir el viento y escuchar el rugido del motor.
¡Una historia que se lee como si la estuvieras viviendo en primera persona! Me ha emocionado, me ha hecho reír, reflexionar y soñar con paisajes lejanos y conexiones inesperadas.
¿Recomendaría este libro? ¡Sin dudarlo! Prepárate para enamorarte de la ruta, de los personajes y, quizás, de una forma distinta de ver el amor.
¡Pon el casco, arranca la moto y disfruta del viaje! 🏍️