En un mundo donde los muertos caminan y los vivos son peores que ellos, Branwen Dankworth ha aprendido a sobrevivir bajo la sombra de Cuervo, el hombre que lo moldeó a golpes y lo convirtió en un soldado. En E.L.L.O.S. no hay espacio para la debilidad, y él lo sabe mejor que nadie. Caza, obedece, mata. Y si se divierte un poco en el proceso, mejor.
Pero entonces llega Noah.
Un pobre diablo con demasiadas agallas y mucha suerte. Un prisionero más, uno que debería terminar como los demá roto o muerto. Y, sin embargo, no lo hace. No se quiebra ni se rinde. Noah le planta cara al infierno con el rostro ensangrentado y la mirada fría, y algo en Branwen cambia.
En el fin del mundo no existen las segundas oportunidades, ni héroes que lleguen al rescate. Solo presas y depredadores.