Este es un libro poderoso por la forma de narrar las violencias estructurales del país con personajes cotidianos, de a pie. Algunos cuentos ya los había leído en otro de sus libros y me parece formidable que esta sea una recuperación de sus grandes hits. El tema en común, o en la mayoría, es la crueldad contra las infancias.
¿Qué hace un hombre con una chica apenas adolescente? Lo que se mal imaginen, y sin embargo, no es la romantización de estos hechos, sino el asomarse con crudeza a lo que mejor no volteamos a ver. O qué hace un padre cuando su hijo le llega con un problema grave, espeluznante pero muy cotidiano en México. Es ver desde esa otra perspectiva lo rancio, pero sin dejar de ser humano, que nos hace proteger lo que más amamos.
El hombre que busca a su hija, como muchas otras personas, y la encuentra en un lugar aséptico. Este, desde la primera vez que lo leí me conmovió. O nos restriega en la cara uno de muchísimos casos de homofobia. O el hombre que no tiene la capacidad de controlar sus emociones en la fiesta de su pequeño hijo.
Tenemos también a una pareja que comete un crimen y no saben qué hacer. Aunque parezca un libro denso y tenebroso, hay también destellos de humor. Un par de chiava clama venganza contra el esposo de una de ella. Nunca había leído una historia sobre los chicos que están dentro de los cárteles, aquí los presenta con desenfado, sin moralizar, pero dejándonos desesperanzados. O los inocentes, que es una especie de cruzada de los niños, pero en versión migrantes, chicos que aún creando lazos de solidaridad se ven obligados a la brutalidad.
Es un libro que cada cuento, cada hoja, es un golpe. Cada historia bien definida. Cada personaje un recordatorio de lo bajo que podemos caer. Desde que conocí la narrativa de Hiram he dicho que es nuestro mejor escritor, su capacidad de llevarnos al infierno es precisa y no pesimista. De alguna manera nos devuelve a la seguridad de lo conocido, pero ya atentos a lo que pasa. En sus cuentos estamos todos, hasta que decidamos escapar de ahí.