El viaje de un niño de nueve años a través de la estepa ucraniana, rumbo al instituto en que habrá de cursar sus primeros estudios, dibuja la línea argumental de La estepa (1888), la novela corta que proporcionó a Chéjov reconocimiento y que le convirtió en un escritor de éxito. En "El barranco" (1900), donde el adulterio alterna con el asesinato y los más variados delitos, una impresión de fluidez conseguida sin forzar en ningún momento el estilo caracteriza el relato de principio a fin. Estas dos narraciones son un magnífico ejemplo del arte de Chéjov, cuya influencia se dejó notar inmediatamente en sus contemporáneos y que aún hoy sigue vigente en modernas tendencias como el minimalismo y el realismo sucio.
Dramas, such as The Seagull (1896, revised 1898), and including "A Dreary Story" (1889) of Russian writer Anton Pavlovich Chekhov, also Chekov, concern the inability of humans to communicate.
Born (Антон Павлович Чехов) in the small southern seaport of Taganrog, the son of a grocer. His grandfather, a serf, bought his own freedom and that of his three sons in 1841. He also taught to read. A cloth merchant fathered Yevgenia Morozova, his mother.
"When I think back on my childhood," Chekhov recalled, "it all seems quite gloomy to me." Tyranny of his father, religious fanaticism, and long nights in the store, open from five in the morning till midnight, shadowed his early years. He attended a school for Greek boys in Taganrog from 1867 to 1868 and then Taganrog grammar school. Bankruptcy of his father compelled the family to move to Moscow. At the age of 16 years in 1876, independent Chekhov for some time alone in his native town supported through private tutoring.
In 1879, Chekhov left grammar school and entered the university medical school at Moscow. In the school, he began to publish hundreds of short comics to support his mother, sisters and brothers. Nicholas Leikin published him at this period and owned Oskolki (splinters), the journal of Saint Petersburg. His subjected silly social situations, marital problems, and farcical encounters among husbands, wives, mistresses, and lust; even after his marriage, Chekhov, the shy author, knew not much of whims of young women.
Nenunzhaya pobeda, first novel of Chekhov, set in 1882 in Hungary, parodied the novels of the popular Mór Jókai. People also mocked ideological optimism of Jókai as a politician.
Chekhov graduated in 1884 and practiced medicine. He worked from 1885 in Peterburskaia gazeta.
In 1886, Chekhov met H.S. Suvorin, who invited him, a regular contributor, to work for Novoe vremya, the daily paper of Saint Petersburg. He gained a wide fame before 1886. He authored The Shooting Party, his second full-length novel, later translated into English. Agatha Christie used its characters and atmosphere in later her mystery novel The Murder of Roger Ackroyd. First book of Chekhov in 1886 succeeded, and he gradually committed full time. The refusal of the author to join the ranks of social critics arose the wrath of liberal and radical intelligentsia, who criticized him for dealing with serious social and moral questions but avoiding giving answers. Such leaders as Leo Tolstoy and Nikolai Leskov, however, defended him. "I'm not a liberal, or a conservative, or a gradualist, or a monk, or an indifferentist. I should like to be a free artist and that's all..." Chekhov said in 1888.
The failure of The Wood Demon, play in 1889, and problems with novel made Chekhov to withdraw from literature for a period. In 1890, he traveled across Siberia to Sakhalin, remote prison island. He conducted a detailed census of ten thousand convicts and settlers, condemned to live on that harsh island. Chekhov expected to use the results of his research for his doctoral dissertation. Hard conditions on the island probably also weakened his own physical condition. From this journey came his famous travel book.
Chekhov practiced medicine until 1892. During these years, Chechov developed his concept of the dispassionate, non-judgmental author. He outlined his program in a letter to his brother Aleksandr: "1. Absence of lengthy verbiage of political-social-economic nature; 2. total objectivity; 3. truthful descriptions of persons and objects; 4. extreme brevity; 5. audacity and originality; flee the stereotype; 6. compassion." Because he objected that the paper conducted against [a:Alfred Dreyfu
Voy a hablaros sobre uno de mis cuentos favoritos de mi amado cuentista Chejov: el relato largo La Estepa. De hecho, os invito a que hagamos un viaje con el niño protagonista del relato. Así, nos situamos como por arte de magia en la puerta de un hogar de la Rusia de finales del siglo XIX (Os preguntaréis ¿Cómo he podido llegar aquí?... no os preocupéis, no estáis muertos ni nada que se le parezca, son cosas de la fantasía). Estamos ahora en el hogar de Yegorusha (No me he traído ningún abrigo, ¿Hace frío en Rusia? Se pregunta otro. Por favor, dejadme continuar). Bueno, a lo que iba, esta es la historia de La Estepa. La historia es sencilla: un niño es obligado a abandonar su hogar y se marcha con sus tíos a la ciudad para ponerse bajo la protección de un familiar. No hay drama, no hay tragedia... sólo una tela de vida que se resquebraja, una minúscula vida que se quiebra. Ahora acompañamos al niño en su viaje por la estepa, que ocupa todo el relato. ¿Y ya está, pregunta otro lector suspicaz? Pues sí, no hay aventuras, ni persecuciones con cosacos o tártaros, ni nada parecido. Sólo un niño perdido en la enormidad de la estepa: seca, silenciosa, solitaria. Una minúscula vida ante la inmensidad de un viaje que avanza lentamente. No hay descubrimiento, no hay aprendizaje, pero el mundo parece mudar con la estepa, y frente a ella, nosotros, siguiendo al niño Yegorusha, a quienes se nos va revelando otra naturaleza, que no nos juzga, que no nos interroga, sólo aumenta su presencia, mágica, extraña, casi indiferente, como una luz mudando en una habitación, mostrándonos esa grieta en nuestra máscara, en nuestra minúscula vida. Ese podría ser el tema de los cuentos de Chejov, si quisierais: el desencanto, en el sentido de pérdida del encantamiento o ilusión que nos mantiene unidos a nuestra vida conocida, segura, previsible. Pero no os desaniméis, porque nuestro escritor (como el médico que era Chejov) no va a querer que ese viaje al desencanto lo hagamos de forma violenta, sino que sabrá protegernos, cuidarnos, con ese cariño con el que trata a los personajes, sin juzgarlos, mostrándoles simplemente su naturaleza, escenificando de una manera tan digna nuestros conflictos, enseñándonos que a pesar de todas nuestras convenciones y rutinas, no somos unos miserables, porque tenemos el don de descubrirnos, de romper el hechizo que nos ata al mundo que nos rodea, el don de desilusionarnos. Es por eso tan triste y hermoso el efecto que nos queda tras ver tanta humanidad despertándose de sus vidas en estos cuentos.
Llegamos a lo que para mí tal vez sea la principal maestría de Chejov, lo que le pone todavía más por encima de otros escritores: la acción interior de los personajes. Gracias al magistral dominio del estilo indirecto se logra una gran inspección psicológica. Las variaciones anímicas suspenden o renuevan el contacto con el mundo, la mágica ilusión a la que llamamos vida: pueden ser sensaciones tan humanas como la fatiga del viaje, el sueño, la atracción o curiosidad, la indiferencia, las que logran ese efecto, creando una suspensión entre la conciencia y lo exterior. En un nivel más profundo, esta rigurosa observación psicológica apuesta por una reflexión ética y un cariño hacia todos los personajes, especialmente por los más miserables. Ésa es la belleza de los cuentos de Chejov. En La estepa la conciencia frágil de Yegorusha y el uso del estilo indirecto permiten afianzar esa inspección psicológica volátil de los personajes, abren esa pequeña grieta en el pequeño mundo del propio Yegorusha, de los personajes y del lector. ¿No es algo mágico? así llegamos al final del relato, dejamos a Yegorusha en casa del familiar, cerramos cuidadosamente el libro, lo sostenemos con cuidado, lo colocamos suavemente en la estantería, cuidando de no agitar todavía más esa pequeña vida, la frágil existencia de Yegorusha, su mágica renovación.
Si los cuentos de Antón Chéjov son breves y luminosos como estrellas fugaces, entonces sus novelas cortas serán constelaciones que a mitad de la noche recitan poesía.
En el caso de Antón Chéjov, resulta complicado señalar cuales son sus obras “mayores” y cuales son sus obras “menores”. Da la impresión de que todo lo que se ha publicado de su autoría puede ser muy bueno. Este volumen comprende dos novelas cortas de alto nivel literario; en ambas, la forma de narrar es sencilla y agradable, manejando un humor lúcido, crítico y a menudo alegre, siendo capaz de provocar la risa. Lo más importante es que Chéjov sabe dotar a sus personajes de una indiscutible dignidad humana. Por eso es inmortal.
Comentemos las dos obras por separado:
La estepa:
En esta novela corta encontré algunas de las más hermosas descripciones de paisajes que haya leído jamás. En estos tiempos de inanimados entornos urbanos, resulta gratificante saber que hubo épocas en las que el ser humano se encontraba realmente en contacto con la tierra y su majestuosa naturaleza.
Chejov nos relata la travesía de un niño llamado Igor, huérfano de padre, quién es llevado a una ciudad lejana para ingresar a la escuela. Para ello tiene que atravesar la inhóspita estepa ucraniana enfrentando sus más obscuros secretos a bordo de una humilde carreta. Igor se enfrenta a la vida a una edad muy temprana, con todas las sensaciones, penurias, alegrías y placeres que irremediablemente le acompañan.
Los niños suelen ser invalidados, ya que los mayores siempre decidimos por ellos y muy poco tomamos en cuenta sus sentimientos y opiniones (Esto ya lo habá notado Dickens en varias de sus novelas más célebres). A los infantes se les “cuida” mucho, pero no se les concede empatía. No damos cuenta de que, para un adulto resultaría enriquecedor ver la vida a través de los ojos de un niño. He aquí el gran valor de “La estepa”, una enriquecedora metáfora del transcurrir de la vida, desde el punto de vista de un alma inocente.
En el barranco:
Chéjov además de ingenioso, sabe ser impredecible. Es difícil saber hacia donde se dirigen sus historias. “En el barranco” es una narración fascinante y de gran riqueza argumental, en la que cada capítulo inquieta y engancha .
Se trata de un relato costumbrista, ubicado en un pequeño pueblo ucraniano que se esconde tras un despeñadero. Sin embargo, lo que pareciera una comedia folclórica termina siendo la crónica de una atrocidad en toda la dimensión de la palabra. Aquí encontraremos a uno de los personajes chejovianos más ruines, y esa innoble figura no será tan fácil de identificar. Dependerá de la destreza e intuición del lector anticiparse a su descubrimiento.
En la Rusia de Chéjov apareció una nueva clase social: la de los comerciantes, quienes se enriquecieron con suma facilidad gracias a los vacíos legales y las ventajosas iniquidades de la revolución industrial. El escritor supo retratar con fidelidad a este gremio, logrando advertir las consecuencias de su forma de actuar. Esta obra se plantea la interrogante: ¿Toda persona que logra acumular una riqueza exorbitante, por fuerza tiene que ser maligna y tramposa? ¿Tendrá irremediablemente que valerse de actos viles y despreciables?
Conclusión:
En nuestra formación como lectores, hay ocasiones en que se abraza la sensación de haberse topado con el mejor libro leído hasta el momento; cuando tuve en mis manos “En el barranco” ese sentimiento volvió a aparecer. Por su parte "La estepa" es una novela deliciosa, dotada de una magnífica prosa poetica y un punto de vista revelador. Ambas historias conforman un libro literariamente poderoso, recomendable por donde quiera que se le vea.
"Yegorushka sintió que con esas personas se desvanecía para siempre, como humo, toda su existencia anterior; se dejó caer, agotado, sobre un banco y acogió con lágrimas esa vida nueva y desconocida que empezaba para él..." AC
“La estepa” es un relato lento, que se va desplegando entre las páginas con harta parsimonia, tal y como la destartalada carreta que lleva a los viajantes por la estepa, enorme, inacabable, sobre todo para el pequeño Yegorushka, quien entre ensueños y modorra se las tiene que arreglar para aguantar la monotonía. Huérfano de padre, privado de recursos, lo llevan a estudiar a la ciudad, y si algo le va quedando claro a lo largo del recorrido, expuesto por vez primera a la vida ruda y cruda de ese mundo tan lejos de su hogar, es que es un viaje sin retorno, el fin temprano de su infancia.
Como es usual, Chéjov se las arregla para pintarnos a un montón de personajes vivos (y sufrientes) con apenas unos trazos, la complejidad e inmisericordia de la existencia en aquel ambiente, que sin embargo, ante los ojos a veces aburridos, a veces inquietos de Yegorushka, está también lleno de encantos, la belleza de la naturaleza casi prístina en que apenas algunos cuantos hombres merodean.
No obstante, en este último aspecto, Chéjov no alcanza las alturas de un Turguiénev, y difícilmente las descripciones del paisaje consiguen mantener por mucho tiempo la atención, el cuento a veces marcha muy pero que muy lento y, aunque ése haya sido tal vez el propósito del autor, acaba resultando algo pesado. Aún con eso, si no se tiene mucha prisa, se deja leer muy bien.
El segundo relato, “El barranco”, es una pequeña obra maestra, la vida simple, áspera, mezcla de miseria y de pequeñas alegrías cotidianas de un poblado metido en un barranco, centrado en una familia de comerciantes y su taimado patriarca, que ha hecho su fortuna engañando y esquilmando todo lo que ha podido al pueblo entero. De nuevo, Chéjov consigue crear una atmósfera objetiva y personajes entrañables con unas leves descripciones y un diálogo casual, atrapa el fluir del tiempo, las pequeñas maravillas y las miles de tristezas que trae consigo cada día, y, de pronto, despiadado, sin tocarse el corazón, como la vida misma, ocurre un desastre, algo horrible que sorprende y sobrecoge, y que con todo, es sólo otra cosa que sucede en el mundo, que sigue dando vueltas como siempre.
Es esa mezcla de esperanza y pesimismo, de alegría y de tragedia que, según decía Vallejo, constituye el alma de la auténtica poesía, y que no es más que la vida misma.
Leer a Chéjov es siempre una experiencia algo inquietante, atrapante, nunca simple, que estremece por momentos, que incluso te golpea y aún así, aún así, consigue ver la luz en las tinieblas.
Con perdón de Tolstói y Dostoyevski, Antón Chéjov se ha convertido con los años en mi escritor ruso más querido, no digo que sea el mejor, no digo que sea el más grande o que su obra esté por encima de toda otra… sólo que es mi escritor ruso más querido, y eso es todo.
Curiosamente, comencé este libro el 31 de diciembre, alcanzando la mitad, y lo terminé el 1 de enero. Fue un buen fin y comienzo de año.
La Estepa se desarrolla como una novela corta donde, literalmente, no pasa nada. No hay adulterio, no hay asesinos, no hay engaños. Solamente hay un niño que va en camino a la ciudad donde cursará sus estudios, en compañía de su tío comerciante y un sacerdote. Llevaba la idea en la cabeza de que las buenas novelas debían ser exageradas, explosivas, sentimentales. Con la Estepa pude darme cuenta de que un escrito bucólico y escueto puede hacer sentir cosas igualmente maravillosas. Las descripciones tan profundas y humanas que Chéjov da para los paisajes gélidos de la estepa me transportaban de lleno a la soledad y el desasosiego que el narrador expresa. Y para la muestra, un botón:
«Una tumba solitaria encierra siempre un componente de melancolía, tristeza e intensa poesía... se oye su silencio, y en ese mutismo se intuye la presencia del alma del desconocido que reposa bajo la cruz. ¿Se encontrará a gusto esa alma en la estepa? ¿No sentirá tristeza en las noches con luna? En torno a la tumba el campo parece abatido, lánguido y pensativo; la hierba, más triste; el canto de los grillos, más apagado... no hay ningún caminante que no diga una oración por esa alma solitaria y que no se vuelva para ver la tumba hasta que esta desaparece en la lejanía y de pierde entre la bruma.»
Ahora, con el segundo "cuento" incluido en la edición que tengo entre manos, En El Barranco, se hace justicia con los lectores en busca de tramas más mundanas. Con adulterio, asesinato, avaricia, y un alto contraste entre calidad humana, se tiene la historia de una familia adinerada que gira entorno a la riqueza del anciano y las mujeres que la habitan. Ambos relatos, a pesar de tener tramas, argumentos y artilugios completamente diferentes, se manejan con una simpleza y un laconismo únicos.
La estepa contiene no solamente algunos de los pasajes descriptivos más hermosos y expresivos de la naturaleza, sino que también está escrita con una de la prosas impresionistas más evocativas que existen; a la par de To The Lighthouse de Virginia Woolf. En alredor de 100 páginas, o quizá un poco más, Chéjov pinta con una prosa exquista las distantas vivencias, opiniones, y estados de ánimos de una miríada de personajes que hacen de este viaje por la estepa ucraniana una experiencia inolvidable. El protagonista, el adorable Yogorushka, es un enternecedor niño de nueve años que, en este viaje por la estepa, se ve enfrentado por primera vez al mundo más allá del seno familiar; atrás va quedando la protección del hogar y la vida inocente donde, claramente, estaba rodeado de personas que le quieren enormemente. El final es uno de los más conmovedores que he leído, y como buen relato chejoviano, queda totalmente abierto. Es realmente una belleza de novela corta que nos hace apreciar al buen doctor ruso en todo su esplendor.
En el barranco es otro gran relato chejoviano donde se aprecia en personajes como Lipa y su madre, mujeres enormemente pobres y profundamente cristianas, la influencia de su admirado Tolstói. Es una historia que muestra con un crudo realismo esas miserias humanas tan bien representadas en la literatura rusa.
La estepa La estepa supuso su salto literario. 1888. Apareció inicialmente en la revista literaria Severny Vestnik (Mensajero del Norte), marcando el debut de Chéjov en un medio prestigioso más allá de los periódicos humorísticos. Tenía 28 años.
“La estepa” narra el viaje de un niño huérfano de padre, Yegorushka, por la inmensa llanura rusa, junto a una caravana de comerciantes de lana cuando se dirige a iniciar sus estudios en una ciudad que resulta muy lejana.
En el barranco
“En el barranco” de Antón Chéjov es una novela corta fundamental del realismo ruso que explora la vida, las relaciones humanas y la degradación moral en la Rusia rural de finales del siglo XIX.
Argumento La obra narra la tragedia de la familia Tsibukin, la familia más acomodada de la aldea de Ukléievo. Son todos una panda de indeseables que se va a cocinar en su propio caldo. Muy buena y muy breve.
El libro contiene dos relatos cortos de Chejov. La estepa es el viaje que hace un chico de 9 años acompañado de su tío y un sacerdote a una localidad donde podrá estudiar. En el barranco es un drama familiar. Aunque me gusta la prosa del autor las historias las encuentro bastante insulsas. Tal vez esté influido porque todo el mundo me hablaba muy bien de este autor, puede que no haya entendido la ironía del autor o quizás no sean sus mejores obras. En todo caso, un aprobado justo, el libro se puede leer
4 estrellas para la Estepa que me ha encantado , me lo pasé genial leyéndola... Esos viajes por un camino me fascinan. Me hacen recordar el Quijote. A el barranco le doy 2 estrellas, demasiada historia como para ser un cuento corto, no se logra disfrutar de la historia. A parte de todo debo decir que me encantó la pluma de Chéjov, muy realista.
Dos muy buenos relatos de esa Rusia desconocida de tierra adentro. , me gusto mucho el primer relato La estepa, bellos parajes, y situaciones que solo un paraje como la Rusia natural te puede ofrecer.
No recuerdo mucho el contenido, pues creo que no sucedía mucho, pero sí recuerdo con claridad que su prosa, particularmente en las descripciones de esa estepa, me parecieron auténtica poesía.