En Telepunga, la segunda colección de cuentos de Arelis Uribe, la autora vuelve a sumergirnos en su poética y en sus temas de cabecera: lo despiadado de la muerte, la violencia hacia las mujeres, la infancia degradada, los contextos educativos adversos, la ausencia de figura paterna, la amistad entre mujeres y, sobre todo, la precariedad laboral, donde los empleados de una pizzería luchan por su puesto de trabajo, alargan jornadas laborales, se traicionan entre ellos y buscan la forma de alimentarse a escondidas, situaciones que conforman su cuento insigne, que además da nombre al conjunto.
En las nueve historias de Telepunga, Uribe despliega toda la voz minimalista de Quiltras, pero en un lado B, más oscuro, más descarnado, más violento.
El más oscuro de mis libros, si en Quiltras los perros callejeros son rescatados o cuidados como mascotas, en Telepunga los matan a escopetazos o los atropellan en la carretera. Mucha violencia en este trocito de pizza, también mucho escenario punga: un niño campesino hijo de un improvisado zapatero, una niña que crece en un cité, un albañil flaco de hambre y desdentado de pobreza. Igualmente, este libro es más experimental: muchas de las historias de abuso están narradas desde la perspectiva del agresor, además hay un cuento escrito a dos manos con mi padre. Y bueno, también trae humor, como la historia de la chilena que migra a Buenos Aires para estudiar la universidad gratis y termina hablando como argentina; o la joven que trabaja en una pizzería chatarra y le suceden torpezas dignas de Papelucho. Tiene pequeñas erratas, para el próximo tiraje espero corregirlas. Gracias a Claudia Apablaza por su sesuda edición y a mí misma, por haber encontrado estos cuentos perdidos una noche de tristeza en mi computador.
I came to this collection of short stories with a bit of apprehension after a disappointing reading streak. I knew next to nothing about the author, had no idea what the stories were about, and, quite honestly, I wasn’t in the mood to read yet another mediocre book. And then, when I least expected it, I was blown away, swept off my feet, and couldn’t put the book down. The author has an incredible ability to evoke extremely vivid images of a gritty, unvarnished world with just a few precise words. In her stories, she conjures up scenes of the Chilean reality many prefer to sweep under the rug or simply shy away from. She depicts a world almost everyone longs to escape, yet few ever manage to. This is the dire reality of ingrained, systemic violence; poor education; male toxicity and complicity; a still-dominant patriarchy; abuse of minors; and a lack of prospects or hope. It’s a reality, however depressing and repulsive, that needs to be acknowledged and made visible. Bleak? Absolutely. Necessary? Even more so. Totally recommended.
Tengo reservadas las 5 estrellas para libros que sé que en algún momento volveré a leer, ya sea para buscar inspiración o recordar el momento en que los leí.
Telepunga es así. Son 9 cuentos que puedes leer en la micro y al terminar alguno de ellos mirarás por la ventana y sentirás ese sabor, ya sea amargo o alegre, dependiendo del cuento, que recordarás.
Telepunga es una especie de "Lados B" de "Quiltras" y siento que tendrá varias reediciones, fácil de leer y dinámico.
Todos tuvimos una "Miss Lola" en el colegio o pensado en el extremo de querer escapar como la única solución, como en "Trenes".
Spoiler:"Cuarto Medio" es una pesadilla.
El resto, descubre por ti misma/o hasta dónde te lleva la curiosidad.
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Cuentos breves, que te invitan a seguir leyendo y te envuelven en la historia en unas pocas líneas. Primera vez que leo a la autora, sus cuentos son crudos, reales y en su conjunto me dejan una sensación de oscuridad, de la oscuridad que hay en la humanidad.
Un reflejo de parte de lo nefasto de nuestra sociedad, lamentablemente muy honesto.
Cuando leí Quiltras en realidad llevaba no tanto tiempo metida en la lectura, y ahora veo mi puntuación y es muy buena, quizás demasiado, no se si es porque he crecido más y ahora entiendo más cosas cuando las leo, o quizás me he vuelto más exigente también. Le puse una estrellita menos que a Quiltras, pero creo que lo disfruté y me gustó mucho más. No sé si es porque Arelis Uribe ha crecido como escritora, muy probable. O porque me gusta como los relatos se entremezclan, le da más sentido y coherencia al libro.
Hay una oscuridad que atraviesa todos los cuentos, es difícil, amarga, incómoda. No hay muchas luces ni momentos felices, es crudo, el relato te expulsa. Qué curioso sentir que efectivamente se emparentan a los cuentos de Quiltras, como si hubieran quedado escondidos (algo así pasó), y fueron forzados a este presente. Pensé: qué tanto he cambiado, la literatura ha cambiado, Chile ha cambiado, como para sentir que siguen o no siendo vigentes estas temáticas. Pero la violencia siempre es transversal.
Me gustó, hace rato que no me encontraba con voces narrativas que me trajeran a la realidad más cruda de nuestro país, y Arelis eso lo hace muy bien. Tiene talento para retratar situaciones muy duras de pobreza, abuso, o precariedad sin que esto parezca forzado, además varía en las técnicas narrativas que utiliza en sus cuentos y eso hace que leer uno tras otro sea refrescante (dentro de lo que permite la densidad de lo que cuenta también). A veces me pasa que leer un libro de cuentos de un tirón no es lo mío, prefiero ir alternando con otra cosa entre cada relato, pero los cuentos que componen este libro, al igual que los que componen Quiltras, están unidos por un mismo eje, entonces se siente como si entre ellos se pertenecieran.
Telepunga de Arelis Uribe es una obra compleja, los relatos exponen sin anestesia situaciones de violencia, abuso, injusticia social y otras tantas realidades que suelen esconderse en Chile bajo la alfombra como si no existieran. En ese sentido el discurso y la denuncia es potente y valiente, porque no es una literatura cómoda, pero que a muchos identifica. Si bien no es mi estilo literario predilecto, rescato que cada uno de los relatos está muy bien narrado, el uso de los chilenismos no incomoda y se siente natural dentro de cada una de las historias, atendiendo a los contextos.
No me encantó tanto como Quiltras, encontré bien perturbados los cuentos. Los que más me gustaron fueron: Casa de Muñecas, que también era perturbado, pero dejaba las cosas más para la imaginación, y por tanto, resultaba más siniestro que la exposición bruta; y los cuentos más wholesome del conjunto, que serían Solo para argentinos y Telepunga, porque ambos ofrecen una perspectiva original sobre experiencias de vida marginales, y se sienten reales, como si uno mismo estuviera ahí
No decepciona, rápido, ágil, al hueso. Me recordó un poco a los cuentos de El buen mal de Samanta Schweblin, con un terror mucho más real y menos ficticio, terror cotidiano. Tampoco nos deja olvidar que desde siempre los onvres, machirulos hijos del patriarcado, han abusado y violado a diestra y siniestra. Me gusta que existan estos cuentos porque son la historia de alguien, de alguna mujer que no conocemos o quizás si.
Se nota que estos textos fueron esbozados años atrás. Me faltó mas desarrollo en algunos personajes. En muchos cuentos están construidos monodimensionalmente. Los padres son alcohólicos, violentos, abusadores y las madres víctimas, tristes y suicidas. Y no sé si me parece tan original acorralarlos a ese ethos biologicista. El final del cuento que lleva el título del libro me pareció un poco camp, y no sé si en el buen sentido (me recordó a Lana del Rey en el video de Ride pero sin la bandera gringa flameando en el aire). “Cuarto medio” y “casa de muñecas” son los cuentos más cortos y los más buenos a mi parecer. Ambos se los leí a mi hermana y a mi mamá en voz alta luego de una sobremesa familiar. Conversamos harto gracias a eso. 🍕🍕🍕
No me gustó lo forzado de algunas frases: creo que se buscó una marginalidad o precariedad artificial que juega más con el discurso que con lo literario.
Hay algunos cuentos que no pasan del argumento, donde lo más importante es el tema y se deja de lado todo el resto.
Hay partes que tocan fibras profundas, pero son por oraciones o acciones literales. No hay creación de ambientes o escenas bien construidas. Puedo provocar cosas si digo : murieron 100 pandas bebés en un incendio. Eso no implica que sea literatura.
A pesar de la crudeza en los cuentos y todas las pausas que tuve que hacer, me enganche con el libro y me gustó poder transportarme a distintas realidades con el libro
Es un libro que pega fuerte. Incomoda, pero también emociona y se queda dando vueltas en la cabeza. Disfruté de estos cuentos cortos escritos con una prosa sencilla pero que igual te deja sin aire.
un libro que leí en una mañana. Adictivo, crudo y profundo. Habla de lo que se calla, de lo que se esconde. De ser mujer en un país alojado en el culo del mundo 🇨🇱 @uribearelis 🙏🏽 gracias.
Cuentos macabros, especialmente por lo reales que son. Muestran historias que escuchamos en las noticias o se comentan en los diarios amarillos. Muy bien escrito, conciso y quirúrgico
No sabría decir si me gustó tanto, porque me encanta leer cuentos o porque es mujer y además chilena, pero que libro más bueno.
Aunque no se inscribe estrictamente en el género de terror, los cuentos abordan la violencia de género y la precariedad social con tal intensidad, que sí es terror, pero terror social.