Sara Sefchovich, socióloga, historiadora, novelista, nos presenta la historia de las esposas de gobernantes de México desde la época de Cortés. Al final la autora nos dice que la obra fue recibida con indiferencia por la comunidad académica de México, lo cual es una lástima, porque Sefchovich hace una investigación sumamente minuciosa. Pero hay un problema: prácticamente no hay registros de la época virreinal y estos son escasos en los primeros años del México independiente. No se sabe en nombre de algunas de las consortes, y en algunos casos, incluso si el funcionario estuviera casado. Sí hay algunas anécdotas interesantes, como la virreina que escribió a la corte de Madrid quejándose, o la que gustaba de la poesía y por ello apoyó a Sor Juana. Ya enla época independiente, cuando menos conocemos sus nombres, pero muy poco más. Siguieron el papel que se esperaba de ellas, quedarse "en la dulce penumbra del hogar". La autora dedica como 200 páginas a relatarnos la historia del marido y decir que no se saba nada de la ñora. A mediados del siglo XIX surge desde luego la figura de Carlota, quien toma protagonismo, en ciertos momentos es efectivamente es la gobernante y ejerció una influencia definitiva en Maximiliano. Antes de ser fusilados, hubo este intercambio entre Miramón y Maximiliano. "Estoy aquí por no hacerle caso a mi esposa" dijo Miramón. Su esposa fue Concha Lombardo, otra figura que dejó registro con sus memorias. "Yo estoy aquí por hacerle caso a la mía" respondió Maximiliano. Está, por otro lado, la desfortunada Laura Mantecón, esposa de Manuel González, sucesor y compadre de Porfirio Díaz y un completo sinvergüenza. Don Porfirio lo hizo a un lado, pero no por malvado, sino porque no se quiso someter. La señora Mantecón le pidió el divorcio a don Manuel y lo demandó, cosa insólita en la época. Su demanda, no nos soprenderá, no Es con Carmen Romero Rubio de Díaz que el papel de la "primera dama" cambia. El término viene de los Estados Unidos (Sefchovich no lo menciona, pero tengo entendido que anteriormente se les decía "señora presidenta) y la idea de que las esposas tuvieran algún papel también. Se me hace curioso que la autora, socióloga, no ahonde en esta cuestión, pero también influyeron los medios de comunicación que surigieron a partir de mediados del siglo XIX: periódicos, cine, radio, televisión. La solución mexicana, mezcla de tradición y sentimentalismo, fue que las primeras damas hicieran labor social a favor de la niñez.
Pero el papel de la mujer cambia. Y salta a escena, en una forma, sí, desconcertante, Marta Sahagún. Rompe los moldes, pero para desconcierto de Sefchovich, lo hace desde la derecha y por lo tanto, le provoca cierto conflicto. Muchas de las críticas de la autora a Sahagún son válidas. Sus acciones en su momento fueron una mezcla de ocurrencias e improvisaciones. Tomó demasiado protagonismo pero Vicente Fox fue y sigue siendo el responsable de su gobierno. Felipe Calderón lo defendió así, durante la campaña política del 2006: "No dejó el gobierno quebrado", distanciándose de los antecerose priístas. Sefchovich considera que es obligación del Estado proteger a los más vulnerables. Coincido, pero su crítica al sexenio de Fox lleva una connotación: solo el Estado y solo un Estado de izquierda puede cumplir esa obligación. Descarta pues, de entrada, organizaciones como Vamos México. Ésta, al depender de donaciones particulares, no gasta el dinero que los contribuyentes ganamos con el sudor de la frente. Cierto, esto es en teoría y tales organizaciones pueden convertirse en un centro de tráfico de influencias. Igual critica se hizo en su tiempo de la Fundación Clinton.
¿Va desaparecer la figura de la primera dama? No, imposible. Tampoco me parece práctico legislar sobre su función, como en un momento sugiere Sefchovich. Quizás Jill Biden sea el nuevo estándar, mantener un perfil bajo pero no ausente, mientras se dedica a su propia carrera de académica. Es por otro lado inevitable que el cónyuge influya en uno, dígalo si no Sefchovich, que nos dice que "la idea de estudiar a las primeras damas se le ocurrió…al historiador y sociólogo Carlos Martínez Assad". Resulta que este caballero es esposo de la autora. Cuando eliges a un mandatario, eliges también la pareja de ese mandatario. No se puede escapar a ese hecho. No puedo considerar que a Margarita Zavala ni a Angélica Rivera, mucho menos a Marta Sahagún se les impusieron "convicciones" ni "obligaciones". Las tres sabían muy bien a lo que le tiraban. Y si la autora critica a Marta Sahagún por hacer demasiado, a Angélica Rivera por no hacer lo suficiente. Pos así, ¿cómo le hacemos?
Sefchovich gusta de rellenar los huecos en nuestro conocimiento de las primeras damas con preguntas retóricas. Me tomaré el mismo privilegio. ¿Cómo considera del papel de Beatriz Muller? ¿Piensa también que es un gran fracaso? ¿Cómo ve la violencia desatada en el país? En el fondo de su corazón, ¿siente que Calderón y el neoliberalismo son los culpables? Le pasará por la mente que ya han pasado los seis años del sexenio peñista y cuatro del de su marido. ¿Le habrá dicho en alguna ocasión, oye, mi vida, no crees que es tiempo de mostrar algún avance?
Quien ultimadamente tiene razón es Rosslyn Carter. Hay que aprovechar ese poder, dijo. Así, hubo las que aprovecharon sus circunstancias lo mejor que pudieron, como Eva Sámano, otras que abusaron descaradamente, como Carmen Romano (y hay que recordar que la escuela de música que lleva su nombre sigue funcionando en Monterrey). Pero si generalizamos sobre un fracaso, sería de un mandatario y un país, no sobre personas cuyo "trabajo, su papel y su función" estuvo limitado, precisamente por ser mujeres.