No elegimos a nuestros padres, ni lo que nos gusta, ni aquello para lo que somos buenos. No elegimos de quién nos enamoramos… ni a nuestros enemigos. Ni elegimos nuestros talentos, ni nuestras debilidades. Por no elegir, no elegimos ni nuestros pecados. Ni el país en el que nacemos, ni el nombre por el que nos llamarán todos esos a los que queremos y a los que tampoco elegimos. La vida nos elige. Y a veces, ni eso. Esta es la historia de un hombre que tendrá que inventarse un mundo para conjurar su dolor. Y de otro que ofrecerá su dolor a cambio de inventar un mundo nuevo. De un padre huérfano y de un hijo perdido.
Si llegue a este libro fue de casualidad, buscaba una historia de sentimientos y acabé encontrando una prosa deliciosa y una historia que empieza siendo una cosa y termina siendo algo muy diferente. Para amantes de lo inexplicable.
Sorprendente final. He tenido la sensación de que la autora me ha tomado el pelo durante toda la lectura, porque no sospeché nada de nada. Al principio no me gustó mucho, pero al final la trama consiguió engancharme de lleno. Pero me resultó bastante largo de leer.
Escribe muy bien, tal vez le sobran páginas pero merece la pena por la segunda parte de la novela, aunque pegue un giro, a mi gusto, demasiado inesperado.
El título no le hace justicia porque es una gran novela. Me gustó por cómo está escrito, por cómo se terminan entrelazando las dos historias que discurren ambientadas en siglos distintos -siglo XVIII y la actualidad-, por sus personajes, por las dudas que plantea a partir de una historia que plantea el tema de construcción de la propia identidad, y el papel de la inteligencia para conocer y traspasar o no nuestros límites. Fue mi libro favorito en 2015.
Tardé tanto en leer este libro... al principio una tortura. La trama muyyyy lenta. Ya casi a la mitad, te engancha y nada es como parece. Se me hizo eterno, aunque no estuvo tan mal la lectura.