¿Todo el mundo aspira a ser moderno? ¿En qué consiste lograrlo? Hace tiempo que expresiones como indie, hipster, cultureta, moderno y gafapasta son de uso corriente en nuestras conversaciones. Sus límites resultan borrosos, pero remiten a una realidad social que la industria cultural y las agencias de publicidad utilizan para designar un amplio segmento del mercado. Los hipsters son la primera subcultura que, bajo la apariencia de rebeldía, defiende los valores impuestos por el capitalismo contemporáneo. Palabras como independencia, creatividad o innovación son la cara amable del espíritu individualista y competitivo que propone el sistema, y la presunta exquisitez de criterio de los hipsters ha creado un consumismo que no avergüenza, sino que genera orgullo.
¿Estamos ante la cultura favorita de la clase dominante? Cada vez quedan menos dudas. La Reina Letizia se escapa de la Zarzuela para acudir a conciertos de grupos indie como Eels, Los Planetas y Supersubmarina. El magnate derechista Rupert Murdoch invierte cincuenta millones de euros en Vice, grupo mediático de referencia para los hipsters de todo el mundo. Pero la cultura indie, hipster y gafapasta promociona valores incompatibles con las aspiraciones igualitarias de la contracultura y de movimientos sociales masivos como el 15M.
La crítica de lo hipster se está convirtiendo en la industria hipster por excelencia.
Víctor Lenore, al que recordarán por sus muchas colaboraciones con revistas de tendencias, ha leído Chavs, de Owen Jones y, como a muchos, le ha sentado mal. Le ha dado por pensar, incluso, que el ensimismamiento esteticista en el que llevamos viviendo un sector de nosotros durante las últimas dos décadas es en realidad el responsable de todas las desgracias que nos afectan. Agárrate a eso: la aparición de una generación de artistas despolitizada y que cantaba en un inglés macarrónico ahora es la causa y no el efecto del desmantelamiento de las estructuras comunitarias; no está mal para un autor que no deja de decirnos que él todo eso del ombliguismo ya lo tiene superado.
Por lo demás, Lenore se despacha durante 150 páginas a base de referencias de todos conocidas (Bordieu, Owen, Thomas Frank...) y anécdotas personales para descubrir la sopa de ajo y denunciar MUY CLARITO HOYGA la connivencia entre el mundillo de las culturas juveniles (?) alternativas y el capitalismo turbo. No pasa nada, dice, lo único que tenemos que hacer es renunciar a la educación sentimental que nos proporcionaron él y otros como él y abrazar con convicción las manifestaciones más populares de la cultura popular, que es donde residen la autenticidad y el auténtico sentido de la comunidad. Claro ¿qué mejor antídoto contra el repetidamente denunciado sexismo de los cantautores indies que sumergirnos en el ambiente sudoroso de un antro de bachata y reaggeton, donde todos estos conflictos están felizmente superados? ¿Para qué atesora usted esas ediciones en BluRay carísimas de pelis francesas subtituladas si en el fondo son lo mismo que la última comedieta romántica de Meg Ryan con la salvedad de que ésta le permitirá tener auténticas conversaciones con su cuñado?
Si en algo destaca el discurso de Lenore es en hacer ciencia de casos particulares, de vez en cuando, la caracterización satírica de algún tipo humano de todos conocido que incluso puede ser uno mismo provoca una sonrisa involuntaria en el lector, claro que también hace que recordemos que esta misma crítica despiadada de la cultura modernilla ya la lleva haciendo Grace Morales desde las páginas de Mondo Brutto desde hace 20 años, sin tanta tontería y con mucho menos aprovechamiento económico, me atrevería a afirmar.
No entiendo las ampollas tan grandes que ha levantado este libro.
Recoge de manera simplificada las posturas de autores como Bourdiue en "La distinción" o Thomas Frank en "La conquista de lo cool" y pone ejemplos del entorno estatal.
El intento de analizar como lo harían las ciencias sociales algo que está pasando en este momento y utilizando su experiencia en primera persona me ha resultado entre torpe y pretencioso.
Después de los chorros de tinta que se han vertido sobre el libro la verdad es que me ha parecido una lectura más de autofirmación que revolucionaria. El problema más grande que tengo con el libro es que tengo la sensación de que llega algo así como 7 años tarde. Escribir este libro no ya después de Owen Jones, sino después del 15M y en plena repolitización de la juventud es tan obvio como necesario hubiera sido antes de que todo estallara. Así parece que Lenore está ajustando cuentas con su yo del pasado más que ofreciendo una panorámica certera de lo que sucede hoy en día. De hecho parece estar constantemente pasando facturas a sus amigos y conocidos. Porque ciertas actitudes me hacen gracia. Yo siempre he sido "anti-indie" de los que describe Lenore, pero no he visto tanta diferencia entre esa tribu urbana y la de los heavies o los raperos como Lenore da a entender. Todas a su manera cayeron en el vicio del consumismo y el elitismo y aunque no hayan sido tan asimiladas por las élites económicas todas tienen los mismos vicios y pecados que Lenore atribuye a los hipsters. Al fin y al cabo todos sabemos que el que tiene menos de diez contradicciones se está mintiendo a sí mismo. Quizá lo más reseñable sea el "autoelitismo" y la superioridad intelectual que sienten los indies, claro que la izquierda militante no es (no somos) precisamente inocentes en el campo de sentirse por encima de la masa ignorante. No es que sea tan malo, pero tampoco le va a cambiar la vida a nadie. O al menos a nadie que no supiera todo lo que dice Lenore desde hace 10 años, que algunos ya éramos conscientes de que las tribus urbanas de los 90 en adelante tenían mucho más de hedonismo individualista y mentalidad de rebaño que otra cosa.
El principal problema del libro de Víctor Lenore es que incurre justamente en aquello que critica: el consumo cultural como medio de distinción social. Como bien dice otra crítica, parece que la intención del autor ha sido ajustar cuentas con su yo del pasado en una especie de «yo era modernito como tú, pero ahora me he curado» en un libro en el que, estereotipo tras estereotipo, parece que si perteneces al mundo cultural y artístico, pero no montas barricadas en la Puerta del Sol ya eres hipster y de derechas. Excesivas generalizaciones, contradicciones y sobresimplificaciones.
Como anecdotario está bien. Como análisis serio deja mucho que desear. Bastante mejor «La distinción. Criterios y bases sociales del gusto» de Pierre Bourdieu.
Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien leyendo un ensayo. Básicamente es una crítica a la cultura indie de los últimos 20 años, y de como esta ha convertido en la preferida del poder, por su falta de compromiso y aceptación del capitalismo.
Le falta un poco de estructura, y a veces no deja de ser una serie de anécdotas y mordiscos ocurrentes con rencor, pero ayuda a dar un poco de perspectiva y, por lo menos, se compromete con una opción y actitud diferentes.
Lo he tenido que leer por un ensayo que estoy haciendo en la universidad y me ha parecido muy interesante. Quizás en algunas partes repetitivo, pero en general me ha hecho reflexionar mucho sobre el concepto actual de cultura y como este está estrechamente relacionado con el consumo. Cuestiona la tendencia 'indie' y todo lo que eso engloba, y muestra como siempre está presente el capitalismo detrás de cada subcultura.
Empieza de manera interesante con preguntas y auto reflexión acerca de lo hipster o moderno. Sin embargo hay dos problemas grandes con este libro. 1) El autor no utiliza referencias, no es que se necesiten pies de páginas pero por una lista de la bibliografía a la que se refiere no caería mal. 2) El autor pretende arrasar con todo lo que se haya usado por cualquier industria o toda la música que no haya sido creada sin un mensaje social. Él mismo dice que no se puede pedir que todo el arte tenga significado social pero al final su solución no da de otra. Al parecer el libro es una colección de columnas de periódico, quizás un poco mas de trabajo editorial para obligarlo a pulir mas sus argumentos no hubiese quedado de mas. Su libro podrá tener significado social pero eso no lo hace un buen libro, véase el problema de exigir que toda la producción cultural tenga consciencia social.
Advertencia: si alguien cree que este es un estudio sobre el fenómeno hipster, no lo es. Está demasiado centrado en casos muy específicos de grupos de música españoles.
Un llibre que fa pensar, que trenca tòpics i que té dos parts desiguals. Una primera (pròleg inclòs) excepcional, a la qual es fa una crítica demolidora dels "modernos" i tot l'ecosistema associat. L'altra, però -una a la qual pareix obsessionat a infravalorar determinats estils de música-, patina a sovint, amb episodis lamentables, fal·làcies de pati d'escola i judicis de valor incomprensibles. S'intueix certa revanja o inquina, la veritat, també això de voler ser més papista que el Papa. En qualsevol cas, un text que ens deixarà replantejant-nos moltes coses (per què un disc és "millor" que un altre?) i vore amb ulls diferents certs moviments culturals. Recomanable.
Por supuesto que no cuenta nada nuevo, pero sí me parece distinto desde dónde y para quién lo cuenta. Me parece un ejercicio de autocrítica muy poco frecuente, sin acritud y muy constructivo. Si lo leemos desde la sociología puede que sea redundante, superficial o intrascendente, pero visto el revuelo que ha levantado parece que era un libro necesario. Eso sí, tiene erratas como para hacer llorar al niño dios, y es una pena.
Despues de tanto escandalo y polemica pensaba que iba a indignarme, pero encuentro que Victor Lenore tiene razón en el 99% de las cosas que comenta en el libro. Y no, no he encontrado ninguna apasionada defensa del reggaeton ni nada de eso, solo un libro donde nos (me incluyo) sacan los colores a los listillos que nos creemos mejores que los demas por escuchar/leer/ver determinadas cosas. Recomendado.
El prologo genial. La idea queda clara, pero quizá demasiadas vueltas para una misma conclusión. Lleno de estereotipos (sin embargo algunos se cumplen a rajatabla) "la cultura debería ser un derecho, un recurso para hacer la vida mas sencilla, intensa y divertida, no una especie medalla q colgarse en la solapa" "La revolución no será emitida por radio 3"
"¿Todo el mundo aspira a ser moderno? ¿En qué consiste lograrlo? Hace tiempo que expresiones como indie, hipster, cultureta, moderno y gafapasta son de uso corriente en nuestras conversaciones. Sus límites resultan borrosos, pero remiten a una realidad social que la industria cultural y las agencias de publicidad utilizan para designar un amplio segmento del mercado. Los hipsters son la primera subcultura que, bajo la apariencia de rebeldía, defiende los valores impuestos por el capitalismo contemporáneo. Palabras como independencia, creatividad o innovación son la cara amable del espíritu individualista y competitivo que propone el sistema, y la presunta exquisitez de criterio de los hipsters ha creado un consumismo que no avergüenza, sino que genera orgullo.
¿Estamos ante la cultura favorita de la clase dominante? Cada vez quedan menos dudas. La Reina Letizia se escapa de la Zarzuela para acudir a conciertos de grupos indie como Eels, Los Planetas y Supersubmarina. El magnate derechista Rupert Murdoch invierte cincuenta millones de euros en Vice, grupo mediático de referencia para los hipsters de todo el mundo. Pero la cultura indie, hipster y gafapasta promociona valores incompatibles con las aspiraciones igualitarias de la contracultura y de movimientos sociales masivos como el 15M."
Demoledor el libro es un rato, la verdad. Previsible, también.
Me ha servido para confirmar lo que ya sabía, pero con datos, lo que se agradece. Es cierto que el autor peca de condescendencia frecuentemente, pero tiene un estilo arrollador.
No me sirve que me alargues amarga y tediosamente 150 páginas una tesis que podrías expresar en un ensayo de 20 de forma mucho más estructurada y efectiva. Un análisis contradictorio en su totalidad, desde alabar y criticar a partes iguales a Damon Albarn en un espacio de 10 páginas y atacar a publicaciones como Rockdelux entre columnas que se han escrito para ella a quejarse del esnobismo cultural desde una posición totalmente absolutista. Para alguien que reniega tanto de los objetos narrativos individualistas, Lenore emplea demasiados ejemplos personales y aislados.
No digo que no sea urgente hablar de la mercantilización de la cultura (o que en el texto no haya elementos interesantes para entender la aceleración absurda de este fenómeno históricamente intrínseco a la producción artística), pero sí que no se puede ser así de catastrofista sin parecer un poco cabezón y cerrado de mente. Qué quieres que te diga, en cuanto me comentas que dos raperos de Madrid de los ochenta tienen más conciencia de clase y son más auténticos que Kendrick Lamar solo porque este último ha actuado en el Primavera Sound, pierdes toda legitimidad... no menciono To Pimp a Butterfly porque es un libro de 2014, pero Good Kid m.A.A.d City llevaba 3 años causando furor, es un poco imperdonable. A ver si lo que pasa es que estamos tan interesados en defendernos que los argumentos que usamos para sostener nuestro discurso se quedan vacíos...
Más interesante en cuanto a referencias y el marco que él considera hipster, que en cuanto a conclusiones.
El ensayo rompe el motivo por el que se escriben estas piezas (que es entender mejor algo y llegar a conclusiones, el parecía tenerlo claro desde la página 1).
La mayoría del tiempo habla de lo malo de tomarse demasiado en serio la cultura pop y a uno mismo. Pero no se acaba de dar cuenta, y lo mete todo en una tribu que en realidad sólo es una parte de la juventud inventándose realizar con los recursos que tienen. En realidad él habla de la tribu de una persona que solía escribir para revistas de moda, música y cultura... y un día entendió que no vivía fuera del sistema, pero igual de dentro que la mayoría. Y que sus ideas plasmadas en los medios podían extender un legado de pensamiento y nuevos seguidores.
Parece que el viaje con el hipsterismo es el suyo y que es de vuelta. Y de eso nos quiere convencer. Espero que haya purgado y sea feliz.
Es un libro de lectura muy fácil y entretenido que sirve para abrirnos los ojos y comprobar que a todos, en distinta medida, nos gusta parecer alternativos, guays, cultos... es decir, hacernos pasar por hípsters en algún momento con el fin de aparentar ser anti-sistemas y contraculturales, cuando en realidad este grupo es conformista y pasivo socialmente. A base de ejemplos, algunos de ellos muy instructivos que pueden llegar a echar abajo a un ídolo juvenil que pudiste tener, el autor va esgrimiendo sus argumentos en contra de este colectivo, dentro del cual incluye a los modernos, a los indies y a los gafapastas. A mí la idea que se me queda es que un hípster es como ese tipo de persona que entra en el McDonalds para pedirse una ensalada.
Lúcida y elocuente crítica a la sociedad hipster post moderna basada en cambios únicamente estéticos sin detenerse en ninguna forma de conciencia social y política. Una maquinaria cultural perfecta al servicio del capitalismo.
Víctor Lenore es un crítico musical que estaba adherido a lo hipster. Años después ha escrito este librito desmontando sin piedad la movida hipster. Que retrata: su esnobismo, su poco calado, su vacío disfrazado de transcendencia. Habla de la apropiación intelectual encarnada en el dj Diplo. Como un hipster no tiene amigos, no tiene bares de reunión, la tribu indie se mueve por eventos. Compuesta por gentes hiperindividualistas, hiperconsumistas que han de verter sus mierdas con una aura cool para no sentirse culpables. Su escaso compromiso político hace que lo hipster sea la cultura del poder. Si usted siempre sospechó de lo hispter y no sabia el porqué; aquí tiene las claves para entenderlos y despreciarlos un poquitín más.
Interesante y muy entretenida reflexión sobre el movimiento Hipster de la primera década del siglo XXI, analizándolo no desde el punto artístico sino del sociológico y político, demostrando que fue una estética individualista y apolítica.
El libro sigue la senda de Podemos de reescritura de las décadas desde la transición a la actualidad, pero desde el punto de vista de lo artístico (música, cine, moda y revistas). Disparo contra la Movida, fundamentalmente porque fue un invento del PSOE, con la idea de conseguir el sorpasso y arrebatarle su hegemonía. Da igual que la Movida no tenga mucho que ver con el rollo indie, hipster ni gafapasta que surgió a partir de los años 90, pero para el Lenore todo es lo mismo, la excusa para tirar aquí y allá, pero qué se puede esperar de alguien que se siente culpable de pasar su infancia en un chalet adosado y haber vivido un tiempo en Londres para aprender inglés. Una vez leídos los dos primeros capítulos, se vuelve repetitivo y tedioso.
Tiene su valor porque es, que yo sepa, el primer ensayo escrito en España con intención de llegar a un público lo más amplio posible que pone sobre la mesa la vinculación entre cultura y lucha de clases denunciando el nulo compromiso social de la llamada cultura indie o hipster, su vinculación con las clases más acomodadas, y su complacencia y complicidad con el neoliberalismo, así como el racismo y el clasismo presentes en las críticas hacia el trap o el reggaeton.
Su gran error es caer en lo que denuncia: dar una importancia excesiva a la cultura que consumimos. Lenore demuestra ser carne de secta sin remedio posible; una vez liberado de su sectarismo hipster ahora se dedica con una pasión igualmente sectaria a despellejar la música que antes escuchaba, en lugar de relativizarla, y quiere conseguir ser más auténtico, comprometido y proletario a base de autoconvencerse de que el rap y el reggaeton sí son geniales, revolucionarios y la auténtica música del pueblo.
El autor ha pasado de sentirse superior por escuchar música indie y hipster a sentirse superior por no hacerlo, no ha conseguido salir de la mentalidad adolescente de juzgar a alguien por la música que escucha. Su evidente inmadurez y su profundo vacío personal, que intenta llenar con los gustos culturales "correctos", no dejan de ser también muy representativos del grupo social al que pertenece. Al final su libro, que se puede calificar de mediocre como ensayo sobre política o sobre música de las últimas décadas, acaba funcionando muy bien como autorretrato psicosociológico de la tribu urbana de los culturetas, gafapastas, indies, hipster o como queramos llamarla.
Toda la tesis queda clara hacia la mitad del libro que creo yo es donde se ocupa de las ideas más interesantes, luego demasiados cotilleos y mala leche algo gratuita y sin el mismo fundamento. Es interesante y está divertido si te gusta la música y quieres echar unas risas con lo más rico del panorama snob nacional. Sin embargo a veces peca de llorón, repetitivo y la conexión entre temas no es nada natural.
Certera revisión de la situación de la cultura del ocio en el mundo del neoliberalismo. Una escena cultural que ni se nota ni traspasa. El poder la alienta porque es patéticamente inofensiva. En España la escena hipster devendría de la llamada Cultura de la Transición, que tan leales servicios ha prestado a nuestro peculiar sistema "democrático".
3,5 muy interesante, aunque en algunas partes un tanto simplificados los argumentos. Hay cosas que al generalizar puede endemoniar más de la cuenta, aunque es un punto de vista muy a tener en cuenta, porque el moderneo "de postal" crece y es muy peligroso