Cuando José Carlos Becerra murió en Italia en la primavera de 1970, se creyó que su poesía iba a quedar limitada a dos títulos iniciales que lo rebelaron como un gran poeta: Oscura palabra (1965) y Relación de los hechos (Era, 1967). Sin embargo, José Emilio Pacheco y Gabriel Zaid dedicaron tres años al rescate y organización de los poemas que no pudo recoger en libro su autor. Fruto de este trabajo, El otoño recorre las islas presenta cuatro colecciones inéditas —Los muelles, La Venta, Fiestas de invierno, Cómo retrasar la aparición de las hormigas— para integrar con las anteriores la Obra poética 1961-1970; continuidad y cambio de esa lírica "admirable e inquietante" que Octavio Paz celebraba en su prólogo a Poesía en movimiento (1966).
Un ensayo del propio Paz, "Los dedos en la llama", redactado para presentar esta edición; Fotografía junto a un tulipán, el único (y casi desconocido) libro en prosa de Becerra; cartas, conversaciones, testimonios y notas, contribuyen a hacer de El otoño recorre las islas un volumen necesario para quienes admiran a José Carlos Becerra desde que publicó sus primeros poemas, y para los que en tiempos recientes se han acercado a una obra fundamental en la poesía del siglo veinte.
José Carlos Becerra no debería ser un descubrimiento. Antônio Vieira tiene un poema que dice: “Los nombres de los poetas populares / deberían estar en la boca del pueblo”. Becerra es el poeta mexicano más deslumbrante, pero sus libros apenas se consiguen y sólo incluyeron 3 poemas suyos en la famosa antología “Poesía en movimiento (1915-1966)”. No sé de poesía y no pretendo –ni podría o querría– hacer una crítica erudita, pero sí quiero hablar de lo lento que avancé con este libro por la frecuencia con la que me encontraba poemas que me cimbraban y tras los cuales era imposible seguir leyendo. Quiero decir cuántos versos me parecieron canciones oscuras, rítmicas y delirantes; cuántas veces se produjo en mí esa situación maravillosa donde cancelas el intento de inteligir un poema porque se alcanza el estado de trance donde las palabras dejan de serlo y se vuelven algo sensorial, espiritual; cómo no cabía de asombro al encontrar una y otra vez imágenes de una precisión hermosa y fundamental, la locura de que nunca nadie las hubiera pronunciado antes. Una parte de mí entiende que los poemas de Becerra no se reproduzcan hasta el hartazgo en todos los medios, que no se hable de él, que no se le dediquen textos ni coloquios (esto último es casi un halago porque no hay nada más soporífero que un coloquio de poesía): ¿cómo hacer pública una experiencia tan esencial? Fantaseo, en cambio, con que exista una cofradía secreta de lectores de Becerra que no nos atrevemos a compartir el asombro por miedo a romper el encanto y nos contentamos con leerlo íntimamente.
Llegué con muchas expectativas porque escuché a Silvana Estrada decir que es un libro que le gusta mucho y aunque si tiene algunos poemas o textos con frases lindas, en general siento que no logré conectar tanto con lo que leí.
Creo que buena parte de los textos reunidos en El otoño recorre las islas merece entrar por la puerta grande de la poesía en lengua castellana (quizás la única excepción son los que componen el apartado «La Venta» que, al menos a mí, no me parecieron los más afortunados entre todo ese desfile de insospechadas revelaciones). Sin embargo, las cinco estrellas que le doy a este libro son sobre todo por haber recuperado, en la medida de lo posible, lo mejor de un poeta (incluida la correspondencia y las charlas con gente de letras como Carlos Pellicer, José Lezama Lima, María Luisa Mendoza, entre otros) cuya vida quedó truncada en el momento en que parecía dirigirse hacia una cúspide que, me atrevo a aventurar, habría compartido con los más grandes.
Un poeta prácticamente desconocido. Todo su libro es un mágico despliegue de inteligencia e imágenes potentes que evocan a la imaginación. El mejor de todos los poemarios, a mi gusto, 'La Venta' Léanlo no se arrepentirán por nada
Becerra es parte de una generación de poetas mexicanos tan rica como prolífica. Sus imágenes recogen una larga tradición poética, mezclando lo cotidiano, lo universal y lo filosófico en muchos de sus poemas.
Me encanta, un gran poeta de mis favoritos una lastima que no sea tan conocido, y les recomiendo que lean su biografía. este libro llevo leyendo y releyendo desde los años 2008 me enorgullece
Es una lástima que José Carlos Becerra no sea un poeta tan conocido. Su poesía es tan fuerte, metafísica, oncológica; que lleva a una fascinación tan alta que incluso uno debe detener su lectura por los golpes recibidos por parte de un sentimentalismo y arte tan laberintico otoño. En cuanto más leía más me lamentaba su muerte; en la mayor etapa de su vida, a los 34 años, siendo joven y viajando para arreciar su labor poética, fallece rumbo al embarcadero que lo llevaría a Grecia, país que está demás decir, le causaba un entusiasmo infinito. Así como "El otoño recorre las islas" José Carlos Becerra recorre nuestra sangre.