En esta novela nos encontramos con una abogada que se enfrenta a la defensa de un acusado de asesinato, quien no se lo va a poner fácil desde el primer momento al negarse a colaborar con ella ni explicarle sus actos de ese día. La investigación para aclarar lo ocurrido es más de detective que de abogada, aunque sus actuaciones desde el punto de vista jurídico aportan un aspecto muy interesante a la trama. Se refleja el mundo judicial tanto por el caso que centra el libro como por otros secundarios, el policiaco mostrando los detalles de la investigación y los impedimentos que llegan a suponer los protocolos de actuación, el científico a través de las investigaciones y las carreras de la víctima y su esposo, todos con la necesaria profundidad haciendo muy creíble la historia.
Para mí la gran protagonista es la ciudad de Sevilla, que se recorre en toda su geografía acompañándola de muchas referencias a su historia, a su arquitectura o a su gastronomía. Porque se podría hacer una ruta solo con los restaurantes y bares que se citan, acompañados de los platos que toman los protagonistas en cada sitio. Realmente es mejor no leer este libro con hambre. También hay apariciones del fútbol, con la clásica rivalidad Betis-Sevilla, o de la Semana Santa, entre otras muchas cosas.
Se agradece especialmente que los personajes sean inteligentes, que hagan las cosas de forma correcta (con las equivocaciones que todos podemos cometer) y que la trama transcurra de forma lógica. Los planteamientos científicos que acompañan la acción resultan muy atractivos y plausibles, dan ganas de que se pudieran convertir en investigaciones de verdad. También refleja muy bien nuestra sociedad con la forma de actuar de los despachos de abogados, la prensa sensacionalista, la policía o los intríngulis de la Universidad y sus luchas internas.
Un libro bien escrito, ameno e interesante. ¿Qué más se puede pedir? Solo una cosa: que no sea el último.