"Siempre, siempre el viejo, el incansable afán."
Luis Landero es un Maestro, un Clásico ("instantáneo", desde su rotunda primera obra, de lo mejor y más entretenido que se ha escrito en nuestro país) con su lenguaje siempre certero que te lleva en volandas a través de historias palpitantes, arrebatadas, siempre verdaderas.
Entre Absolución y La vida negociable, a mi juicio las más oscuras y tal vez decepcionantes de sus novelas, el autor sufre un hastío de la ficción y decide sumergirse en su pasado, en sus ancestros, "dar la patada" en el fondo para salir a tomar aire después, con ansias nuevas, revitalizado. Nos ofrece aquí pues, en este Balcón, "ese espacio intermedio entre la calle y el hogar, la escritura y la vida, lo público y lo privado, lo que no está fuera ni dentro, ni a la intemperie ni a resguardo", un recuerdo de vida, de ilusiones, propias y de su familia, de lo que fue y de lo que pudo ser, o tan sólo fue historia.
Aun cuando sus orígenes sean distintos a los míos (esa vida de campo, de labradores) se me hace cercano, contado con ese estilo trabajado hasta la sencillez con su asombroso dominio de las descripciones de lugares situaciones y sentires, este escritor devanando sus nostalgias con su acostumbrado gusto por lo esencial, por encontrar la luz que va iluminando lo más recóndito de nuestro ser, sin fuegos artificiales, sin traqueteos extraños, hasta la médula que nos hace ser quienes somos, hincando nuestros quehaceres en nuestras querencias, nuestros anhelos.
"lo que nos gusta no es la acción sino las palabras, el hablar por hablar y hacer castillos en el aire."
"Que se sepa, y no solo con el pensamiento sino ante todo con la cercanía de los sentidos y del corazón, que se vivió, y se soñó, y que si en ese desear y afanarse ningún acto llegó a ser del todo provechoso, tampoco fue del todo en vano. [...] En cada instante, en cada frase, en cada suspiro, en cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales. Eso es todo, y no hay más que contar. Un grano de alegría, un mar de olvido."
"Es nostalgia y pesar de la juventud, de la belleza, de la acción, de todo cuanto sucumbió al tiempo, pero también de lo que no llegó a vivirse, de los alegres decires nunca dichos, de las correrías nunca emprendidas, de los amigos que no tuve, del amor apenas entrevisto, de la vida dilapidada en vano, y de lo breve e ilusorio de los ahoras, de los mañanas y de los entonces, y de todo este pobre negocio de años y de afanes de que está hecha la vida."
"Por un momento se me vinieron a la memoria los días de lluvia de mi infancia, cuando toda la familia se quedaba callada, sobrecogida por aquel misterioso acontecer que era la lluvia cayendo y sonando sobre el campo. Y como también los animales se quedaban callados, extáticos, ante ese acto primordial de la naturaleza, en todo el campo se hacía un gran silencio y una gran soledad,"
"Esconderte en un libro, en el cálido cubil de las palabras, eso es lo que has hecho tantas veces, como de niño en los desvanes."
"Y luego, un día, no sé de qué manera, dejé de creer en Dios y me encontré creyendo en Gustavo Adolfo Bécquer."
"Todo invitaba en aquellos antros mal iluminados y peor ventilados al devaneo y al sueño. Esa es la imagen, y la atmósfera, que mejor definen y esclarecen en mi memoria no solo a las academias nocturnas, sino también a la España de entonces."