3.5 stars
El último banquete es una novela voraz en todos los sentidos. Una historia de aventuras y vicisitudes de Jean-Marie d'Aumout en los finales de la decadente nobleza francesa del S.XVIII, impulsado por el apetito insaciable de su narrador.
La historia comienza con un niño, Jean-Marie d'Aumout, dándose un festín de escarabajos por un lado de la carretera. Es huérfano y pobre, pero tiene la fortuna de tener una 'd' en su nombre que lo distingue como noble, siendo enviado a una academia militar para su escolarización. A partir de ahí se desarrolla una serie de aventuras y vemos a Jean-Marie como muchas cosas: soldado, diplomático, amigo leal, espía, amante, científico y, sobre todo, un chef. Es la búsqueda de Jean-Marie por la perfección culinaria y la necesidad de probar todo lo que encuentra lo que sustenta cada giro y vuelta en esta novela.
Algunos autores de ficción histórica llegan a empantanarse en los detalles al intentar demostrar la minuciosidad de sus investigaciones. No es el caso aquí. La prosa de Grimwood es auténtica. Imaginaos las escenas de la película de Sofia Coppola -María Antonieta, el libertinaje de Sade de Maurice Lever o el crudo retrato de la película Das Parfum de las calles sucias de la Francia de 1700 y en esencia tendréis El Último Banquete. Las descripciones de la vida en la corte (el Palacio de Versalles) y la sensación de malestar social se reflejarán a lo largo del libro.
Hay personajes secundarios en esta historia, sobre todo su amigo Charlot, un aristócrata víctima de su propio linaje, y Emile, cuyas circunstancias burguesas lo diferencian de los demás niños de la escuela. Grimwood utiliza estos personajes muy bien para dar contexto a la revolución en marcha, sin embargo, son los temas del gusto y el hambre los que sobresalen de la historia.
La futilidad del exceso absurdo en las experiencias gastronómicas en d'Aumout rodean la extravagancia hasta llegar a los bordes de la incredulidad cuando son leídas. Muchas de las cuales se reproducen de manera básica y fría: hay recetas para salmuera, corazón de lobo y bouillabaisse de tres serpientes, la mayoría de ellas, con una conclusión de comparación con los alimentos que usualmente se comen: pollo, cordero, conejo, etc. Sin embargo, debo reconocer que no las disfruté leyendo. Algunas incluso no las leí porque me parecieron perturbadoras como la del gato. Sí, sentí repulsión en muchos momentos del libro. El divertimento y la perversidad básica del hambre y la búsqueda del gusto perfecto son lo que moldean la narración a través de las recetas y vivencias del personaje principal. No son agradables, sin embargo, una vez empezados a leer, ya no se puede parar.
A pesar de tal decadencia, el autor ha creado un personaje de gran credibilidad, ferozmente leal en relación a los tiempos. Uno no puede dejar de sentir cierta emoción en su última misión estrepitosa: en la parte final de la novela, es enviado por el rey a Córcega para intentar llegar a un acuerdo para que la isla quede bajo control francés. Por lo general, se entiende que la tarea no fuera de gran sentido del nacionalismo para Jean- Marie, sino por el deseo de probar un queso corso posiblemente mítico llamado Brocciu di Donna, a partir de la leche materna de las madres primerizas. Aquí ya tenemos una idea formada de quien es realmente Jean- Marie.
El final es inevitable y en cierta forma valiente a pesar del tono melancólico y de la última receta grotesca del personaje. Momento que detesté por todo lo alto, pero comprensible para un personaje como Jean- Marie.
El libro es una dura crítica de la nobleza de la Francia del siglo XVIII que pronto dejaría de existir, y un recordatorio de que la vida está mejor configurada por los placeres simples.
A pesar de tener la peor escena de sexo que haya leído, sin llegar a tener arcadas pero muy cerca, he disfrutado el libro a pesar de los peros y de haber odiado todas sus recetas.
Nota: Grimwood es el seudónimo de Jon Courtenay Grimwood, cuyas novelas de ciencia-ficción han ganado varios premios.