Hace poco he vuelto a leer más, y la verdad es que cualquier lectura que me haga reflexionar y me saque una sonrisa la valoro muchísimo. Para quienes os encontréis en un momento parecido, aunque al principio este libro pueda resultar algo lento o incluso un poco confuso, os recomiendo que sigáis leyendo: vale la pena.
Es un libro donde el tiempo es el verdadero protagonista, y estoy segura de que, lamentablemente, más de uno sentirá que ya vivimos en una sociedad muy parecida a la que se encuentran encerrados los protagonistas. Me gusta cómo intenta mirar el tiempo más allá de la unidad de medida que los humanos hemos elegido —más allá de los segundos, los minutos y las horas. Es un bonito recordatorio de que la productividad no debe ser la finalidad, porque ahorrar tiempo no siempre es sinónimo de ganarlo; más bien, a veces ocurre lo contrario. También nos recuerda la importancia de no olvidar que hay cosas que debemos hacer simplemente porque nos divierten, nos entusiasman o nos permiten soñar.
Los personajes son entrañables, y con todas sus peculiaridades se les coge cariño rápidamente. A veces, las personas solo necesitan tiempo para contar sus cosas y que alguien simplemente las escuche. Al final, la felicidad termina siendo esos pequeños momentos cotidianos —aparentemente normales— y la gente con la que los compartimos.
Así que os animo a leerlo.
¿Vosotros creéis que habéis sido víctimas y/o clientes de los hombres grises? No lo podéis recordar, pero en el fondo, seguro que lo sabéis.