Una fotografia tamano imperial que anda aun rodando por los cajones de la comoda y que data del ano de 1893, sirve para reconstruir mis primeros recuerdos. En ella aparezco sentado, con las piernas enlazadas como los moros, sobre una silla de bejuco; visto una bata que impide precisar cual es mi sexo y, encasquetada hasta las orejas, una gorra de terciopelo completa mi atavio...