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Me resulta difícil calificar a este libro. Es disparejo. Es bochornoso. Es hilarante. Por momentos es también hermoso. Y la rima que conjuro sigue su estilo. En general me pareció absurdo y barroco en el mal sentido borgeano del término (aunque a Borges pareciera gustarle tanto el señor Lugones). El libro compone poemas breves, canciones, textos poéticos, paráfrasis de historias conocidas, puestas en escena (por no decir dramas teatrales). Varios de estos textos, casi todos, me produjeron irritación, sea por inentendibles (pese a que en su prólogo Lugones exige versos claros para toda poesía), sea por forzados, sea por inútiles; algunos me hicieron reír y otros me conmovieron, poética más que emocionalmente. Tardé mucho en leer este libro. Lo comencé en un hospital en La Plata, lo terminé en una pieza de tres por cinco en París. He aquí mis comentarios vagamente particularizados. El prólogo, un recuerdo de ciertos lineamientos poéticos, hoy ya absurdos y anacrónicos aunque todavía didácticos, dice una cosa que muchos llevan por cierta, y que cito:
"la justificación de todo ensayo de verso libre, está en el buen manejo de excelentes versos clásicos cuyo dominio comporte el derecho a efectuar innnovaciones. Este es un caso de honradez elemental"
Es decir que conocer lo que se hizo anteriormente nos da el derecho de violarlo. El que viola de entrada lo que otros han hecho, ignorándolo, es un mediocre y falto de honra. Quizá también es acertado eso de que la melodía va dirigiéndose hacia la armonía, históricamente hablando. No es cierto si se mira la historia de la música toda. La armonía del canto polifónico medieval era más compleja que el estilo monódico posterior, aunque ese estilo se enriqueciera luego del sostén instrumental. Pero de música todavía ignoro el territorio, y aventurarme en esos parajes sería perder mis aros, como diría un inglés. La otra gran idea que arroja Lugones es la siguiente, a la que no agregaré comentario:
"También constituye un error creer que el verso es poco práctico"
Ahora bien, "A mis cretinos" sólo posee dos cuartetas notables, que tienen el poder de la sinestesia que hace cantar lo visual (como Thoreau hace cantar el coro de la gramilla en Walden).
Largamente vibradas por sus rayos de estrellas, cantan mis noches bellas como liras sagradas.
Pero trae el encanto lunar que las dilata, un silencio de plata más lírico que el canto.
"A Rubén Darío" lleva el defecto que llevan muchos de los textos de esta colección: el solapamiento de términos discordantes, pertenecientes a diferentes ramas del conocimiento humano, esto es, como a diferentes y entre sí cacofónicas tonalidades. "Himno a la luna" peca también de ilegibilidad, de encriptamiento. Además, si bien algo me cierra la estructura metrada que elige Lugones, las rimas son, cuanto menos, forzadas. Rescato:
"Como la lenteja de un péndulo inmenso, regla su transcurso la dulce hora del amante indefenso que por fugaz la llora, implorando con flébiles querellas su impavidez monárquica de astro; o bien semeja ampolla de alabastro que cuenta el tiempo en arena de estrellas"
"Bajo su lene seda, duerme el paciente febrífugo sueño, cuando en grata penumbra, sobre la selva que el Otoño herrumbra surge la cara sin ceño"
"Inefable ausencia" es un texto en prosa poética (que Borges imita, dicho sea de paso, en un texto juvenil cuyo nombre ahora no alcanzo, recopilado en el primer tomo de sus obras recobradas). "Jaculatoria lunar" es un compendio hartante de metáforas ridículas de la luna. "Aria de media noche" es olvidable. "El pescador de sirenas" en cambio logra conmover, aunque siempre de manera estropeada y desprolija, a mi gusto. Pero lo logra. De la sección "Taburete para máscaras", "de la musa al académico" es olvidable, "al jorobado" logra una música y una imagen disfrutables, "Plegaria de carnaval" olvidable. La parte II de "A las máscaras" lleva una sensualidad lograda, pero también olvidable.
El soneto "La última careta" está muy bien logrado. Me resulta fuerte, sorpresivo y hasta ético.
De la "Quimera lunar" son rescatables las últimas 7 cuartetas, en especial la que reza:
"Tornándolo menos grave en aquel absurdo amor, el suspiro es al dolor lo que el vuelo para el ave"
"Divagación lunar" se me olvidó. "El pierrotillo" también. "Nocturno" me es opaco por su lenguaje, pero su final (excepto la ultimísima cuarteta) es admirable:
IV Tu albo circuito de disco griego, es reloj ciego del infinito.
Un solitario de tu prosapia desde una tapia sigue ese horario.
Sagaz cual lince su insomnio espera que por tu esfera pasen las quiince.
Y porque, lerda, fustras su arrobo, le llama bobo la gente cuerda.
En un compendio de fe sincera yo compartiera su vilipendio.
"Cantinela a Pierrot", "Odeleta a Colombina", "Los fuegos artificiales" y "Valse Noble" me son indiferentes. La historia de "Abuela Julieta" me parece cuanto menos divertida y trágica, aunque tarda mucho en llegar y se desvía en rincones innecesarios. Me recordó a Proust con sus observaciones psicológicas, sus lentos escaneos situacionales, sus símbolos poéticos (el ajedrez, la música), su emoción casi como llegando de imprevisto. Dejo estos riesgos de regalo:
"Aunque habíanse referido todo cuano les era de mutuo interés, conservaban, como gentes bien educadas, el secreto de su tristeza." "Los matrimonios de almas, mucho más frecuentes de lo que se cree, no están consumados mientras el secreto de amargura que hay en cada uno de los consortes espirituales, y que es como quien dice el pudor de la tristeza, no se rinde al encanto confidencial de las intimidades {...} Si aquella tristeza que se conocían, pero cuyo verdadero fundamento ignoraban, hubiéraseles revelado, habrían comprobado con asombro que ya no tenían nada que decirse. Reservaban, sin embargo, por ese egoísmo de la amargura que es el reasgo característico de los superiores..."
Sugiero leer este texto, sobre todo la última página... Es realmente precioso, poignant.
"Un trozo de Selenología" es interesante por los cambios bruscos de micro a macroscopía que conlleva. De la luna al baño de la amante, hay un cambio de foco visual tal que me recuerda a Being John Malkovich. Tiene asperezas, desajustes, rudezas y trámites, pero la idea es preciosa. "El taller de la cuna", "Claro de luna", "Luna marina", "El sol de media noche", "Luna maligna", "Luna ciudadana", "Luna campestre", "Luna de las tristezas", "Luna de los amores", "A la luna de verano", "A la muerte de la luna" no me dejaron registro en la memoria. De la pequeña historia romántica "Luna Bohemia" apenas rescato:
"La buena estación los junta. con una lánguida ebriedad de instinto. Ella tiene la cabeza hecha un laberinto El le ve a cada lápiz un soneto en la punta."
De "luna crepuscular" me queda la hermosa imagen del crepúsculo del poema:
"Sobre la armonía griega del paisaje, qeu casi nocturno ya reposa, el crepúsculo mezcla un vaho rosa a que débil oro de luna veraniega. En la onda cercana, pasea un cisne su fineza de duque; y parece que por la abierta ventana la tarde nos meciera como un tranquilo buque"
"La novia imposible" tiene algo de interesante porque es prosa y por tanto anécdota, y también porque es locura. Lugones, desde mi opinión, funciona mejor en la prosa. O mejor dicho, acierta menos en la poesía.
FInalmente, el "Teatro Quimérico" es lo que ha cambiado mi opinión de la obra. Realmente he disfrutado sus piezas. "Dos Ilustres Lunáticos", charla entre Hamlet y el Quijote, es muy divertida y poética y filosóficamente agradable. "La Copa Inhallable", una tragedia teñida de pastoral candor, resulta entretenida, sobre todo por ser metrada y cantada, aunque poéticamente sea, al final, plana. Finalmente, "El Pierrot Negro", la PANTOMIMA, es una historia muy entretenida contada en brevísimos apartados, fantástica e hilarante. Es hermoso dejarse llevar por la credulidad e indagar estos mundos alquímicos propios de Lugones. Finalmente, "Los tres besos", el CUENTO DE HADAS, es una comedia, a mi gusto, muy divertida, en la que se conjugan elementos que me recuerdan, por alguna razón que no explico, a la ópera o a la canción medieval (como el clásico "Le jeu de Robin & Marion" de Adam de la Halle), y en la que lo fantástico aflora por momentos cerca de Hawthorne.
Para terminar de comentar esta obra irregular y desprolija que me dejó, sin embargo, una memoria muy hermosa al terminarse, citaré dos pasajes de ésta última obra que realmente me gustaron mucho. El primero, utilizando el pañuelo como símbolo de amor (igualado aquí en llanto):
La otra noche, rendido ante su reja Como un amante en clásico infortunio, Dejé irse una vez más mi pena vieja Al lirismo triunfal del plenilunio. Ella, de codos en la -fiel baranda. Con signo vago que tomé por rico Lenguaje, discernía á mi demanda El sí de su pañuelo y su abanico. Trivialidad divina que era acaso La inicial confusión de su alma pura. Idealizada al fin en un fracaso De vanagloria y de literatura. Languideció de luna su cabeza ; Suspiró vagamente á lo le j ano ; Y al fundirse en la mía su tristeza, Se le cayó el pañuelo de la mano. Recogíalo ya con la premura De estamparle mi beso más ardiente, Cuando en un sobresalto de amargura Noté que estaba liso enteramente. La angustia del amor se estampa, amigo, En esa prenda, y defraudó tu anhelo. La que pudo charlar de amor contigo Sin haber arrugado su pañuelo.
El segundo, un lindo juego de rimas y circunlóqueos que remata con una sentencia filosófica: el lenguaje es sólo para los humanos, las divinidades no lo necesitan.
Calisto.— ] Mudo!
Dalinda. — Así es que tu homenaje No obtendrá contestación. Su reciente encarnación Aún carece de lenguaje.
Calisto. — Tal vez será que lo finge. (á Beinaldo) ¿Verdad, señor?...
Beinaldo. — Aunque todo Entiende, no halla acomodo La palabra en su laringe.
Dalinda. — No es para seres divinos Ese grosero aparato.