El libro reúne tres ensayos de Tsvietáieva, introducidos por unas respuestas a un cuestionario, y al final un texto más sobre su correspondencia con Rilke, y una nota biográfica de la poeta. La nueva edición también incluye una anécdota de la traductora Selma Ancira, recordando su primer encuentro con el editor Jorge Herralde, donde se convino la publicación de este libro. El libro lo leí en dos días, lo cual fue un error. Pero bueno, el primer texto, el cuestionario respondido, es un buen autorretrato al aire que hace Tsvietáieva, y ya desde aquí se reconoce su prosa directa, sin ornamentos, y la tenaz lucidez con la que se aproxima a sus temas.
El primer ensayo "Un poeta a propósito de la crítica" trata de manera ágil e inquisitiva diversos temas en torno al quehacer crítico y el trabajo poético, por ejemplo, la relación con el público, con el dinero, así como con las propias experiencias. Aunque Tsvietáieva ensaya algunas ideas que ya son conocidas, por ejemplo, que el buen crítico necesariamente tiene que ser también buen poeta, siempre se siente que es ella la que está reflexionando por sí misma estos asuntos y llegando a estas conclusiones por un camino que sólo ella ha abierto para sí misma, lo cual tampoco quiere decir que no mantenga un constante diálogo con la tradición rusa y alemana. Asimismo, hay otras cuestiones sobre las que da puntos de vista más heterodoxos que yo no había visto tan bien expuestos como aquí, sobre todo a propósito del dinero y la fama.
El segundo ensayo, "El poeta y el tiempo", sostiene que todo arte es siempre arte contemporáneo, que la temporalidad estética es distinta de aquella de la historia y las actualidades culturales, porque el arte se desenvuelve en tesituras de la experiencia donde el tiempo mismo también distinto.
Por último, "El arte a la luz de la conciencia" es una suma que concentra las reflexiones decisivas de Tsvietáieva sobre el arte en general, y que era el primer borrador de una obra mucho más extensa que ya no llegó a escribir, según relata en sus notas Selma Ancira. En este último ensayo, Tsvietáieva pone sobre la mesa sus experiencias estéticas definitivas, y sus reflexiones sobre la relación del arte con aspectos primarios de la existencia como los sentidos, la inteligencia, la verdad y el dolor.
Finalmente, la nota sobre su correspondencia con Rilke, en la que justifica su negativa a publicar sus cartas con el poeta, de una forma que se enlaza con muchos de los pensamientos desarrollados en los ensayos anteriores.
En general, la visión que tiene Tsvietáieva de la poesía se plantea ya desde el primer ensayo: "Alegrar al lector con hermosos artificios de la palabra no es el objetivo de la creación artística", porque el arte surge de una necesidad, que tampoco es una cosa puramente personal ni subjetiva, sino que el poeta es de alguna forma un medio a través del cual hablan siempre otras cosas, sobre todo la naturaleza, que para Tsvietáieva tampoco se reduce a una mera suma de fenómenos materiales y ecosistemas, sino que abarca a la historia y a la existencia misma.
En fin, ensayos relativamente breves en los que se despliega siempre un horizonte muy amplio.