La guerra entre Galbora y Roderith esta un su punto álgido. En este clima de dolor y muerte, Jonás, un niño de 10 años, deberá abrirse paso por un camino que oculta un secreto que cambiará su forma de ver las cosas para siempre, obligado a vivir y sufrir las consecuencias de una decisión tomada largo tiempo atrás por Sofía, su cada día más enferma madre. Consecuencias que no sólo han afectado a su vida, sino la de todo su entorno familiar. El viaje será arduo y engañoso para el pequeño Jonás y desesperante para los que lo aman. Múltiples historias que conectan en una sola linea y que dejan ver a contra luz las ramificaciones de una decisión intransable, determinada por quien tuvo que, obligada por las circunstancias, dejar solo tantos años a su hijo por un sacrificio. El sacrificio de Sofía.
Escritor, profesor, y editor en Ignición editorial. Autor de El fin de las flores, El planeta de los botones, Pétalos para Darién, y El sacrificio de Sofía. Antologado en "Escritores en el Zaguán" (La Tregua, 2017) y "Entre Líneas" (Orlando, 2017). Premio Ceres a las Artes de la Región del Biobío 2016 por El planeta de los botones. Premio Ceres a las Artes de la Región del Biobío 2014 por Pétalos para Darién.
Es cierto que uno está acostumbrado a leer libros extranjeros, y en una proporción de preferencias respecto a uno nacional, siempre o casi siempre se prefiere lo extranjero. De alguna manera esta preferencia tiene sentido basado en el costo monetario/calidad dela obra en sí, pero en mi opinión, no es eso lo más relevante a la hora de elegir leer un libro nacional (sobre todo si el libro en cuestión te lo prestaron), sino que va de la mano de la recomendación de algún lector a quien respetes su opinión.
Yo soy muy crítico con las cosas que leo, sobre todo porque también escribo y algo sé del proceso. Por eso, y por la inversión de tiempo que significa arriesgarte con algo que puede no gustarte.
Este es el segundo libro que leo del autor chileno y regional M. L. Sandoval, el primero (El Planeta de los Botones, premio Ceres 2016) cumplió mis expectativas en la medida en que se trataba de un libro para niños y por lo tanto era sencillo y cumplía con el objetivo de entretener y hasta de dejar una moraleja con crítica social. Aun así, no me entusiasma la literatura infantil-juvenil, porque está esa idea errada de que mientras más joven es el público, más tonta tiene que ser la historia. Yo no estoy de acuerdo con eso, y por suerte, el autor de El Sacrificio de Sofía también.
Este libro, que forma parte de una saga (cuyo segundo, Pétalos para Darián, también ganó el Ceres) se aleja de esa premisa, y nos presenta una historia madura, con harto sentido y narrada de una manera bella, aunque un poco atolondrada en mi opinión.
Nos cuenta la historia de un niño, Jonás, que tiene que enfrentarse a sucesos que van más allá de su capacidad de acción. Insisto, la historia es súper buena y el libro es entretenido y dan ganas de llegar hasta el final, pero como esto pretende ser una reseña sincera (como todas las que hago) quiero dejar en claro también las cosas que no me gustaron.
Los personajes si bien están esbozados, no esperen una caracterización demasiado efectiva. Quizá se deba a la extensión del libro, pero aun así, los personajes mejor construidos son Galindo y Skeemer, que actúan como una suerte de antagonistas. La raja Skeemer, eso sí. Me dio la impresión de que el resto solo cumplía un rol instrumental, y para Jonás, que es el prota, eso no me parece muy acertado, si al final se supone que están contando su historia.
Los diálogos tampoco me gustaron porque no se sentían reales; un niño en peligro no dirá "no me hagas nada, ¿no ves que solo soy un niño?" a menos que sean un pequeño bastardo manipulador, cosa que Jonás no era, porque era bien dulce el cabrito. Se notaba que los diálogos igual eran instrumentales, y no obedecían mucho a la naturaleza de los personajes. Este es el punto que MENOS me gustó del libro y que me dejó a punto de abandonarlo, pero sinceramente, a pesar de eso la historia es buena por lo que es aceptable.
Las diferencias culturales entre las naciones apenas están especificadas, esbozadas o son siquiera intuibles. Punto aparte eso sí, la ambientación es la raja, escueta pero efectiva en cuanto a visualización; se aleja del clásico mundillo medieval europeo y nos presenta una era post-industrial sin caer en la ridiculización del steampunk. Bonito eso. Pero, sigue sin convencerme la nula o escasa información sobre los conflictos.
Por otro lado, los nombres de los lugares y personajes me parecieron un popurrí con no mucho sentido, y obedecen directamente al tropo de Aerith&Bob: podemos pillarnos un Jonás y un Skeemer, no sé, eso no me gustó, aunque no hace tanto ruido como podría.
En cuanto a los factores mágicos, siempre soy más partidario de un sistema de magia dura (en términos sandersonianos) pero Skeemer parece tener sus propios motivos, y espero que en las siguientes entregas este personaje sea mejor explicado y profundizado. Este punto no es de que no me gusta, sino de que lo encuentro bueno y útil a la historia.
Entre las cosas que sí me gustaron está la ambientación que ya mencioné, la crudeza en los puntos necesarios (sin abusar de ella para generar shock) y la actitud de los personajes que son militares, porque se comportan como militares y no caen en idealizaciones o estupidizaciones que uno puede encontrarse en obras orientadas a un público juvenil.
La obra tiene plot twist, y eso es bueno (aunque es bastante predecible), te confunde a ratos y creo que eso es algo a lo que no todos los autores se atreven por miedo a perder público.
La prosa de Maikel es muy bonita, y a pesar de que a veces está un poco llena de florituras, sus palabras se leen bellas y logran tocar una fibra sensible. Esto habría tenido mucho más efecto, creo yo, con diálogos efectivos y más depurados.
En resumen; me divertí leyendo la obra y creo que eso es lo que más importa. Mi amargura inicial con respecto a (casi) cualquier cosa fue desbaratada luego de meterme en la historia y darme cuenta que era capaz de disfrutarla. Mi calificación original es de 3 estrellas, pero le doy una más porque realmente creo que lo que hizo Maikel fue marcar un precedente con la Fantasía en la región del Biobío, atreviéndose con una propuesta que está más allá de animales que hablan o relatos de la dictadura: nos presenta un mundo primario de fantasía de lleno, y eso hace que por lo bajo, lo admire.
Así que a darle no más, ya leeré los demás libros de la saga, porque estoy seguro que la prosa, la historia y la caracterización mejoran notablemente con el pasar de los años.