Señor Eduardo Sánchez Rugeles, es el cuarto libro que leo de usted y que de nuevo me encanta.
Aunque Liubliana y Blue Label son mis favoritos, este es el que me ha hecho llorar, y no solo es por decir "Hey que triste este libro vale" No... Lloré de verdad, es extraño, suele ser muy fácil que yo llore, hasta las comiquitas me hacen llorar (En el episodio del perro de Fry en Futurama no puedo ver la parte final sin hacerlo) pero no sé leyendo es muy dificil que llore, me puede gustar puedo reir a carcajadas o amargarme pero llorar no y este simplemente lo logró.
Es hermoso y devastador, ver todo de la manera que este lindo y muy inteligente pero ingenuo niño ve las cosas, la relaciones desatrosas de sus padres, su enfermedad, su novia, aunque debo decir, si hubo partes que se filtraba mas la voz del autor que del niño, vamos que no podía ser tan profundo con lo pequeño que era, pero luego se pasaba era de nuevo Julian y su mundo y sus deseos y su dudas.
En cuanto a los personajes, me parecen muy bien definidos, creo que amo y odio los libros de Eduardo porque sigo viendo a mi padre en los padres buenos para nada que el escribe (daddy issues que cliché), Caro dólida y humana, Marcelo roto e inmaduro, Ojo de Vaca el pequeño sabio y medio loco que siempre nos encontramos con Rugeles y que siempre amo, su dolor era tan entendible, yo quiero creer que la E era de esperanza pero son cosas mias, Vanessa que linda me veía en ella hasta por lo cegata y Julian un pequeño y travieso ser.
Para ser sincera el capitulo 24 me arruinó un poco la historia, sé que es el mas humano y el mas real ya que Julian entendió que sus deseos no se cumplirian y se rindió eso creo que me molestará mucho tiempo, quiere decir que hasta los angeles crecen.