Este es un libro que, sin duda, moviliza y resuena profundamente. Desde la primera página, Juli nos sumerge en una historia que se siente tan íntima como hojear un viejo diario, dejando un sentimiento de nostalgia que nos acompaña mucho después de haberlo terminado.
Una de las cosas que más me resonó del libro fue lo dispares que pueden ser las reacciones ante una misma situación. Es increible cómo, frente a un evento compartido, las protagonistas experimentan emociones y pensamientos tan diferentes. Esto me hizo reflexionar sobre la subjetividad de nuestras vivencias.
Juli logra que nos identifiquemos, o al menos podamos entrever sus matices.
Este libro no solo se lee, se siente. Termine sintiendo sus alegrías, sus tristezas y sus conflictos como si fueran propios. Esta historia es una invitación a explorar, a sentir, a romper y reconstruir.