Buenos Aires, 1941. Lena, una joven de diecisiete años, hija de inmigrantes rusos de ideales revolucionarios, es la primera de su familia en cursar el bachillerato y dedicarse al estudio, en lugar de trabajar en la fábrica textil como lo hacen sus padres y hermanos. Como estudiante del último año en el Liceo para señoritas, es empleada como secretaria por una señora rusa cuya identidad al principio desconoce pero que pronto descubre: es la Gran Duquesa María Pavlovna. Esta mujer representa todo lo que su familia siempre ha odiado y trabajar para ella se siente como una traición a los suyos. Sin embargo, la dama no deja de sorprenderla y su pasado, oscuro como una tumba, es un misterio que Lena se propone resolver como un rompecabezas.
Basada en la fascinante vida de la Gran Duquesa María Pavlovna, que vivió sus últimos días en Buenos Aires, y ambientada en dos momentos históricos y geográficos -la Rusia prerrevolucionaria y la Argentina de los años cuarenta-, Las hijas de Rusia alterna las disímiles historias de dos mujeres fuertes e independientes, invitando al lector a adentrarse en un relato en el que no falta el esplendor imperial y el universo privado de la dinastía Romanov, el horror de la Primera Guerra Mundial, la furia de la Revolución bolchevique, la adrenalina de la fuga a través del inmenso territorio ruso, el brillo de la moda parisina -de la mano de Coco Chanel- durante los felices años veinte, el calor de la protesta obrera y el coraje de empezar de nuevo al otro lado del mundo.
Dos mujeres, dos historias que se cruzan en el fin del mundo para desde ahí relatar la caída del imperio Ruso. Un page-turner en el cual es imposible dejar de leer el libro. Alina Mazzaferro logra describir a los personajes en detalle, acercándolos al lector y de manera imparcial - nadie es perfecto, nadie es irreal, todos tienen una historia que merece ser contada y que Alina logra describir manera única.