A ver, que tiene sus cosas interesantes las tiene...
Pero qué necesidad tienen 200 autores de debatir si la traducción tiene que ser literal o no, cuando todos llegan a la misma conclusión.
Hay que estar al pedo para seguir debatiendo algo que se preguntan los filósofos desde la primera traducción oficial de la biblia. Además, a este punto, me parece ridículo seguir creando modelos para analizar la equivalencia, cuando la conclusión siempre es: funciona en teoría, pero no es aplicable a la práctica. ¡¿Cuál es tu punto entonces, Nida?!
Lo único que comprueba este libro es que los seres humanos tenemos una necesidad casi física de darle explicación a todo, pero que es imposible obtenerla (repito: desde la tradu de la biblia que debatimos si es sense-for-sense o word-for-word). Pero como opinar es gratis y les gusta criticarse entre sí, vamos a leer el libro como el chismecito del lunes.
En mi cabeza, Newman y Arnold se odian a muerte y se batieron a duelo para comprobar quién tenía razón (pues, época del romanticismo): si convenía traducir a Homero tal cual en su forma arcaica o modernizar el texto. Llegó Bassnet y les dijo: "Muchachos, detengan la pelea, vengo del futuro y esto lo único que va a causar es una actitud elitista que va a repercutir en la devaluación de la traducción y la decadencia de la educación británica; además de que Camila va a tener que dar una presentación oral sobre esto y les va a querer pegar un tiro entre ceja y ceja."
O algo así pasó, detalles más, detalles menos. Wish me good luck para el final del miércoles.