He sido fanático de Los Prisioneros desde que tengo 8 años (ahora estoy próximo a cumplir 25). He escuchado todas las canciones, demos, proyectos paralelos, pódcast y entrevistas que existen. También he visto la película y las dos series que se hicieron sobre la banda, incluso realicé mi tesis de licenciatura sobre la base de estas dos últimas producciones. No sé por qué retrasé tanto la lectura de este libro (y de otros), tal vez prefería estar ciego y no adentrarme en la verdadera intimidad de quienes han sido ídolos durante toda mi vida.
Siempre supe que la lectura de este libro sería un antes y después en mi relación parasocial con el grupo, y así lo fue, pero tal vez no de la manera en que pensaba. Sabía de antemano de qué se iba a tratar. No es un misterio para nadie las múltiples entrevistas que ha dado Claudio Narea destripando todo lo que puso en estas páginas. Al leerlo solo puedo concluir que esto se escribió a base de dos sentimientos: nostalgia y dolor.
Nostalgia por una amistad de dos liceanos (si, dos, no tres) que se convirtieron en parte de la banda más importante de la historia de Chile, y dolor por el quiebre de esta misma relación y los oscuros pasajes que se vivieron tras ello. Narea tiene razón en algo, este libro cuenta la historia verdadera de Los Prisioneros y se nota. Se nota por como está escrito y por las situaciones que narra. Es posible que haya imprecisiones, incoherencias y exageraciones, pero al menos el 95% de la historia contada aquí debe ser cierta. Si bien Narea queda como el bueno y González como el malo en varios pasajes, creo que el guitarrista también tiene muchas cosas cuestionables con las que no logras empatizar en ningún momento y hasta te hacen pensar que es estúpido. Incluso a veces llegas a empatizar con Jorge y a decir: "Ya bueno esto tampoco es tan grave". Como ejemplo se puede mencionar la petición de González para realizar un trío sexual entre él, Narea y Claudia Carvajal, cosa que el guitarrista pone como lo más enfermo del mundo, pero que en realidad, y viéndolo desde la perspectiva de esta época, es algo que podría ser hasta normal en un grupo de amigos. A diferencia del acoso por correo que eso si es grave (aunque Narea nunca lo denunció a las autoridades). Viéndolo como libro biográfico tiene varios problemas.
La escritura no es la mejor siendo densa, poco precisa y yéndose por las ramas en varios momentos. Creo que le faltó una buena labor de edición porque el libro perfectamente podría tener 100 páginas menos y seguiría siendo igual. Además, si bien es Narea contando su historia, hubiera sido bueno tener párrafos con entrevistas tal vez a su familia o amigos que complementaran la historia, mostrando que faltó un poco más de trabajo periodístico de la persona que lo ayudó a escribir esto. De todos modos, si solo eres fan de Los Prisioneros, y todo esto te da lo mismo, es un libro muy disfrutable, lleno de datos que uno no maneja y que servirán para la memoria de cada fanático.
Lo que más me gustó fue el capítulo final (el que agregó en la reedición de 7 años después). Ese chat entre Narea y González en donde resuelven muchas cosas y recuerdan otras es bonito porque te demuestra que ambos maduraron y que las cosas se pueden arreglar hablando, por muy graves que sean. Además, es positivo que por fin Claudio haya mandado a la chucha alguna vez a Jorge y no le haya permitido seguir hablando bajo un anónimo. En fin, Los Prisioneros probablemente seguirá siendo mi banda favorita toda la vida, no solo por su música, sino también por su historia que gracias este libro pude conocer de primera fuente.
Pd: Miguel Tapia, te odio.