“No sabemos con certeza lo que se vive en las veredas por dónde pasan grupos armados que roban cultivos, matan animales, reclaman los nombres que llevan apuntados en un papel, les dicen que hagan una fila perfecta, que se junten hasta quedar hombro con hombro, que no miren a las mujeres de la casa, que se arrodillen en silencio. Los periódicos solo dicen cuántos caen, las historias de quienes los ven caer siguen ocultas.”
Este libro lo compré y empecé a leer porque el club de trote al que asisto lo recomendó. Siendo sincera, no he leído mucha literatura colombiana porque siento que no conectaba con la narrativa, o tal vez no era mi momento de empezar a leerlos. Siempre admiré la sensibilidad, la cercanía y el detalle con el que escriben los autores asiáticos, nunca imaginé encontrar ese mismo estilo en un autor antioqueño. Ahora Juan Diego y Piedad Bonnett me demuestran que esa sensibilidad que tanto me encanta también la puedo encontrar aquí, con historias cercanas, ambientadas en los sitios de la ciudad que habito, que recorro y que amo.
Siempre pienso que nada pasa por casualidad, este libro llegó a mí en este momento porque en este momento lo necesitaba.
La historia de Pablo, Aníbal, Estefania, Ligia, La Vecina, Los Pájaros Dormidos y el lanza Pereira me ha hecho vivir una realidad tan cruda y difícil como normalizada. La forma en la que el autor narra la historia hace que la sientas propia, como si fuera el lector quien entrevista a los personajes. A pesar de tener varias perspectivas, uno no se pierde en la narrativa. Aquí se habla de todo, de la violencia de los barrios, de la falta de oportunidades para los jóvenes, de los falsos positivos, de las desapariciones forzadas, de fosas comunes, de paramilitares, de las historias que todos guardamos en secreto.
Este libro es histórico. Recomendado para cualquiera que haya vivido el conflicto, de cerca o de lejos, o quién simplemente quiera entender la posición de las victimas.
Un libro para salir de la burbuja en la que vivimos muchos colombianos.