¿Es posible el amor cuando todo cambia? ¿No es el amor un milagro, no es acaso un sinsentido? ¿Cuánto hay en él de fantasía, de obcecación, de espejismo, de misterio? Los siete relatos de «La cinta verde» plantean estas preguntas al tiempo que proponen un inventario de amores perdidos, recuperados y vueltos a perder.
Un hombre herido por la vida regresa una y otra vez al río de su adolescencia. Una mujer que vive en un remoto pueblo islandés está a punto de aceptar lo inevitable. Al imaginativo Valdoria le sorprende una revelación en París una noche de nieve, Dalia decide no hacerles caso a los hombres que se ilusionan demasiado y un tal Ramón Ginebre, para recobrar la felicidad, emprende una arriesgada misión en Nochevieja. El protagonista del último cuento, que da título al volumen, se obsesiona con el recuerdo de una novia de juventud…
Trenzando sus historias con prosa elegante y sugestiva, que aúna emoción, lirismo, humor y melancolía, Víctor Colden explora en «La cinta verde» los enigmas del deseo, la memoria y el amor.
Victor Colden siempre sabe escribir sobre lo que nos acontece como seres humanos que somos. En estos relatos compilados en La Cinta Verde, que asimismo da titulo también a uno de ellos, se nos muestran temas como el deseo, el amor y la amistad en su más tierno sentido. Y es que parece que Colden ha ensamblado todos estos objetivos como uno solo: el del amor en todas sus acepciones y consecuencias. Aunque unos de otros sean muy diferentes, se nos muestra aquí el amor y la amistad con una poderosa fuerza, poderosa atracción entre seres y habitantes de lo narrativo. Hay ciertos matices oníricos, ciertos matices nostálgicos, ciertas semblanzas hacia un devenir en el que los personajes denotan cierto carisma imparcial hacia nosotros. Sus personajes nos atrapan,nos hacen querer saber más de ellos. Tenemos a unos hombres que buscan el amor perdido, buscan el amor presente y buscan el amor futuro. Pero hay tantas clases de amor...
Quisiera decirle a estos personajes que no se obcequen, pero eso es precisamente lo que más me gusta de estos relatos que se convierten en salvavidas. Victor Colden se salva a través del amor, y es a través del amor que salva a sus personajes y nos salva a nosotros. Este elogio o simplemente,estos dramas que se sumergen en la vida de algunos personajes nos hacen ver las diferentes capas que lleva el ser humano consigo. La capa del recuerdo, tremendamente importante en estos relatos. Pues cada uno de ellos tiene algo de ello, algo que nos lleva por los límites y márgenes de la memoria. Tenemos la naturaleza, que se hace acto de presencia cuando lo humano deja de existir. Ah, ese rio.. Hay cierta búsqueda por lo inmanente de la vida, por lo que se entreteje en esta a través de las sensaciones y emociones. Porque son estos relatos al fin y al cabo sensaciones que se derraman como sol líquido por las calles, por los personajes, haciendo reflejarse la vida.
Me entusiasma como Víctor Colden ha llevado a cabo estos cuentos. Me ha enternecido mucho Azul Lorena, pues me ha recordado a esos amores intactos, que se quedan en la memoria, igual que en Lo inexplicable. Se sumerge la vida en cada historia aquí dada. Se sumergen, sobre todo, los sentimientos de los personajes. Dotando de emoción y pasión unas experiencias que pueden parecer extraordinarias. Porque al fin y al cabo esto va sobre lo extraordinario de la vida, sobre la ternura que desprendemos cuando amamos. Quiero tener este librito verde muy cerca mío, pues siento que en él se juntan las suficientes cosas para relatar lo pequeño y lo bello de la vida humana en su máxima amplitud. Me han sabido a poco estos relatos, y sin embargo me siento llena. Llena de vida.
Escribiendo esta reseña dos días después de haberla leído. Aún tengo presentes a los personajes, a los azules, a la cinta verde, al río, a los glaciares... Siempre hay elementos a los que Víctor Colden recurre para dar paso a otras sensaciones y vivencias. Y eso es justamente lo rico de este libro, la pura emoción del amor, la pura emoción de la vida que se cruza con elementos básicos y a la vez tan llenos de sentimiento y dulzura. Quisiera decirle a Victor que gracias. Quisiera yo darle las gracias por darme ese amor que tienen sus personajes a través de este librito de relatos, que pude leer de seguido, pero que igualmente si leemos de a poco también disfrutaremos. Me entusiasma la idea de ver el amor como el motor del mundo, y no solo, sino también de la literatura. Quien alcanza este amor latente, alcanza la vida en todo su esplendor, en toda su extraordinariedad. Y eso, a fin de cuentas, es lo que este libro nos demuestra.
«Quizá el amor sea posible» decido quedarme con esta cita y con ese río conductor que permanece ahí pero que ya no es el mismo. Historias de amor (o desamor) narradas desde prismas muy diferentes que emocionan y conmueven. El autor es capaz de cosquillear en lo más profundo del lector con cada relato. Un gusto de lectura.
Me deslumbró la prosa poética de estos cuentos, cada uno con la intensidad de una pequeña novela. Historias de amor que atraviesan y se quedan resonando, como ecos de algo vivido. Una preciosura de libro. Qué hallazgo Víctor Colden.
Excelente colección de relatos sobre el Amor —en mayúsculas—. Por partes:
«Queda el río»: el Amor como río de la infancia. Un relato que me ha gustado por muchas cosas. ¿Quién no posee un río feliz donde se sumergía de niño? ¿De qué manera olvidar esas primeras e inexpertas zambullidas? “El agua corre, el río queda”, escribe el autor. Que el objeto de amor, Nekane, sea de Sestao… simplemente es muy loco.
«Lo inexplicable»: el Amor como obsesión. Igual que una matrioshka, historia que encierra otra historia que encierra otra historia. Con un toque fantástico, el corolario que encierra —el amor como monomanía— está perfectamente hilado. Pintoresco que todas las amantes sin excepción empiecen por V (¡!).
«Camanances»: el no-Amor narcisista. Narración en primera persona donde una mujer superficial —frívola, veleidosa y profundamente vulgar— cuenta su último rollo. Estremecedora la indolencia con la que, literalmente, va dejando cadáveres por el camino. Funciona el recurso de narrar el episodio como un audio de whatsapp, dotando de banalidad su exposición de los hechos.
«Húsavík»: el fin del Amor. Un vistazo al desencanto final, al frío glacial de la indiferencia bajo los paisajes igualmente congelados de Islandia. Una postal entre las mesetas del abatimiento, una crónica desde los vidrios del desinterés. Una soledad en compañía. Un relato que deja helado.
«Año nuevo»: el Amor como rencor. Un viaje cargado de resentimiento, una venganza pueril sobre las cenizas de lo que una vez aconteció. Su conclusión me ha parecido un lugar común y un pelín forzada. Quizá el relato menos redondo de los siete.
«Azul Lorena»: el Amor inalcanzable. Como ya demostró en “Tu sonrisa sin temblar”, Víctor Colden se maneja como nadie en los territorios del amor platónico y contemplativo. Maravillosa descripción del enamoramiento imposible y del azul como color del tiempo. Un relato triste por desesperanzado.
«La cinta verde»: el Amor recordado. Aquellas pequeñas cosas, que cantaba Serrat. Lazos de color manzana, bibelots ridículos, pavesas frías olvidadas en un cajón. Una remembranza llena de ternura en torno a un objeto inanimado capaz de azotarnos en el presente.
En resumen, por todo, sobresaliente antología de historias que sientes cercanas y que hablan de tu propia vida. Ese es el sentido de la buena literatura. Ser universal.
Libro de relatos que giran en torno al amor (o al desamor). Destaco especialmente el primero porque me gusta cómo el río acompaña la historia que goza de algo de melancolía. Tiene otro relato que es un audio de WhatsApp, se capta perfectamente la voz de la narradora. No es sencillo hacerlo. También me gustó uno sobre un divorcio conflictivo y unos sellos. Me generó tensión pero no podía parar de leer. La edición es impecable. ¡Leeré más!
Excelente libro de relatos sobre amores perdidos que (de algún modo) siguen presentes. Una indagación sobre qué es el amor, las dificultades para reconocerlo y la imposibilidad absoluta de saber cuándo termina. Realidades (un río, unos sellos, una cinta verde, una canción, un color) que conectan tiempos y se convierten en «cofres del tesoro» de valiosos recuerdos, que regresan para aliviarnos o atormentarnos. Memoria. Reflexión sobre lo mutable de la vida. Variedad de tonos y ambientes. Escritura muy cuidada, precisa, profunda, lírica, simbólica, literaria en el sentido más noble.