Mis primeros encuentros con Emilia Pardo Bazán fue con uno de los numerosos volúmenes de Cuentos que escribió. Me quedé absolutamente fascinada por la cantidad de sus tramas, cuando tantos escritores (de muchísimo renombre) viven toda una vida de estirar el chicle de unas pocas ideas.
Pero aún eso me impresionó menos que la calidad de su prosa, digámoslo ya: Emilia Pardo Bazán escribía maravillosamente, era una de los Grandes, así, con mayúsculas.
Reconozco que me daba un poco de miedo acercarme a una novela suya ¿me decepcionaría? ¿sería una escritora de cuentos y no de novelas? ¿fue Los Pazos de Ulloa su único texto reseñable?
Pues no, para nada, de hecho merecería haberse hecho un hueco en mi corazón gracias, únicamente, a un personaje memorable que nos ha regalado a todos: Feíta Neira.
Hasta el nombre tiene retranca, y es que Doña Emilia, al igual que el tan mencionado Galdós, gastaba un humor muy fino, tanto que a veces hasta cortaba y todo.
Feíta es un diminutivo, hipocorístico, o directamente insulto que le dirigen a una tal María de la Fe, sus familiares y vecinos. Una de las muchas hijas de una familia en franca decadencia, tiene el buen criterio de no sentarse a esperar a un buen pretendiente que la rescate de la ruina económica y moral en la que se está sumando su apellido, sino que decide salir a buscar su sustento y su destino.
Esta situación, a finales del siglo XIX, en España, y más aún en una pequeña ciudad de provincias en la que se sitúa la acción equivalía a ser tomada, en el mejor de los casos, por una loca, y en el peor, por una ... bueno, hay muchos sinónimos para insultar a una mujer, pero ni uno solo merece la pena que lo escriba yo aquí.
Pero ¿quién es el solterón del título? El narrador es Mauro Pareja (el apellido tampoco es causal) un treintañero, no rico pero bien situado económicamente, no guapo, pero sí agradable físicamente, y no brillante, pero sí educado y de trato fácil.
En definitiva, un auténtico partido para las "señoritas solteras" que esperan a que las saquen a bailar, a que las manden una notita de amor y a que algún día, por fin se puedan casar, máxima aspiración de la mujer de la época, y más aún, si su situación económica es tan apurada como las de las hermanas Neira.
Pareja se aprovecha de esta situación para establecer una serie de noviazgos que él considera inocentes, a sabiendas que ninguno va a terminar en matrimonio. Nuestro protagonista se siente liberado de cualquier culpa porque "respeta la virtud de las señoritas", ignorando deliberadamente que el nombre de una "señorita" se ensuciaba con una extraordinaria facilidad en aquellos tiempo, y que jugar con los sentimientos de otra personas, ni entonces, ni nunca, es del todo inocente.
Dejando esas aventuras supuestamente inocuas a un lado, la filosofía de nuestro "solterón" (qué palabra más diferente a "solterona") es que no debe casarse para evitar los muchos problemas que ello conlleva, a todos los niveles.
Como ejemplo de todo lo malo que puede acarrear a un hombre de vida resuelta, casarse y tener unos hijos, tiene Pareja a Don Benicio Neira, que se arruina cada día más y que ve poca esperanza en su futuro y el de su familia, al ser padre de tan solo un varón o -pésimo estudiante- y de muchas hijas casaderas que deben merendar, un día sí y otro también, con posibles pretendientes que las saquen de tan triste situación.
Feíta es la única que no resigna a este destino y consigue incluso que la permitan salir sola de su casa y hasta trabajar como profesora, y aunque a algunos esta actitud les haga hasta gracia - como una excentricidad, una pequeña locura - a nuestro protagonista le molesta sobremanera.
Porque si las señoritas se emancipan, y trabajan, y pueden salir solas a pasear ¿Para qué van a necesitar a un solterón como él? ¿Qué interés despertarán sus notitas de falso amor? Y sobre todo ¿Quién le va a invitar a merendar, canastos?
Si queréis saber cómo continúa la vida de Mauro Pareja, si la familia Neira conseguirá salir adelante gracias a algún pretendiente bien situado de "las niñas", y sobre todo si Feíta conseguirá su objetivo de ser libre (como si fuera un ser humano y todo) o si la sociedad le cortará las alas, no dejéis de leer "Memorias de un solterón".
Yo, por mi parte, lo que voy a leer en pocos días será "Doña Milagros", la primera parte de esta novela.