Una de esas historias que te atrapan por lo que no dicen, por lo que se insinúa detrás de cada línea. Un relato que empieza con una escena simple, una comida entre un hombre, su exesposa y un abogado para cerrar formalmente un divorcio y que termina en un descenso a lo absurdo, a lo grotesco… y a lo aterrador. ¿Qué acabo de leer, King?
Lo que más me fascina es cómo King convierte lo cotidiano en una pesadilla. El café, que al principio parece elegante y exclusivo, se va transformando en una especie de escenario infernal, donde nada es lo que parece y todo se siente ligeramente fuera de lugar. El maître, Guy, se roba el show: cortés al principio, y luego completamente desquiciado, como salido de una pesadilla kafkiana servida con cubiertos de plata.
Este no es el King de monstruos o cementerios malditos, sino el que sabe que a veces el verdadero terror está en lo humano: en el control, la manipulación, el poder que se ejerce con una sonrisa. Hay algo perturbador en cómo se rompe la lógica del mundo en apenas unas páginas. Te hace sentir incómodo, casi cómplice de algo siniestro que no entiendes del todo.
Y como siempre, la pluma de King es brillante. Directa, ágil, sin perder ni un segundo. Cada palabra está puesta con precisión. No hay relleno. Solo tensión, extrañeza y ese “algo” que no puedes explicar pero sabes que te está poniendo los pelos de punta.
No es solo una historia corta: es una pequeña obra maestra sobre lo inquietante que puede ser lo normal… cuando se tuerce lo justo. Si amas a King, esta lectura es un regalo. Si no lo conoces aún, prepárate para una experiencia intensa y deliciosa.