La vida de Óscar quedó marcada por las pésimas decisiones de su padre. Desde entonces, ha tenido que trabajar para el narcotraficante más poderoso de las Rías Baixas, con el que su familia tiene una gran deuda económica. La monotonía y el vacío se han apoderado de su día a día. La furia y el terror se adueñan de él cada vez que intenta pintar, cada vez que se permite recordar. El dolor ocupa todo su ser... hasta que conoce a Gabriela.
Gabriela está decidida a ser policía y acabar con todos los traficantes de Galicia. Por eso, en cuanto conoce a Óscar, le recrimina ser un peón en el negocio del narcotráfico. En cambio, para Óscar, Gabriela se convierte en un soplo de aire fresco, en la esperanza de algo mejor. Es el toque de atención que necesita.
Por sus seres queridos, Óscar intentará dejar su antigua vida atrás, pero pronto descubrirá que el mundo en el que se ha metido no deja ir con facilidad.
Hacía tiempo que no leía un romance con adolescentes y pensaba que esas historias ya no eran para mí, pero este libro me rompió esos esquemas: un protagonista maduro y sensible con pasión por el dibujo, una protagonista fuerte y decidida, un amor adolescente tierno, un amigo leal y divertido, una adorable hermana pequeña y el narcotráfico como telón de fondo hicieron que me sintiera hechizada por la novela desde la primera página.